sábado, 16 de julio de 2022







ALREDEDOR DEL PUENTE ROMANO DE CÓRDOBA

  

01.-El Origen del Puente Romano

02.-El Río Guadalquivir y sus crecidas

03.-Los orígenes del Molino Martos

04.-Los arrendadores del Molino

05.-Ocurrió en el Puente Romano

06.-Los Otros Puentes. Los baños en Córdoba

07.-La Ermita de los Mártires. El Quiosco de la Ribera

08.-El "Rey" de la Arena




M. Estévez. mayo 2022

   

     





                                                El puente romano. su origen, su discusión
 

1.-EL PUENTE ROMANO. SU ORIGEN. SU DISCUSIÓN

Los estudiosos no se ponen de acuerdo sobre la autoría, y mucho menos sobre la fecha de construcción, del “Puente Romano”; desde quienes dudan de que incluso fuese construido por los romanos, hasta los que insisten en que en el término de Córdoba debió de haber al menos tres puentes: uno a la altura de Majanaque, otro el que ahora se llama “Romano”, junto a la Calahorra, y un último en Alcolea.

A esta última tesis de los tres puentes llegó el académico Ángel Delgado después de haber observado cerca de Majaneque una plataforma desconocida con una anchura de al menos treinta metros que podía ser parte de un puente, si bien no llegó a una conclusión definitiva sobre cuál de los tres podría ser de origen romano. Llegó incluso a plantear la duda sobre si el que hoy conocemos como “romano” era tal, analizando de forma crítica las fuentes latinas que describen la batalla entre Julio César y los Pompeyos: el relato atribuido a Hircio viene a decir que Julio César acampó entre las murallas de la ciudad y el puente, y se le hacía muy incomprensible a este erudito que en una ribera pudiesen acampar quince mil soldados como se relata (hay que tener en cuenta que aún hoy se duda de por dónde iba la muralla sur de la antigua fundación de Claudio Marcelo). Todas estas opiniones fueron publicadas en el Diario de Córdoba, de octubre de 1913, con el título de "Árabe ó Romano".

 A esta investigación de don Ángel Delgado se sumaron, de una forma u otra, don Francisco Cabrera y don José Rey Díaz, que indicaron que este historiador e investigador había resuelto un problema antiguo. No pensaba así, sin embargo, Henri Masser, que se apresuró a salir al paso, también por la prensa, con su opinión contraria. Igualmente se añadió al debate el académico don Antonio Blázquez y Aguilera Delgado (1859-1950), que en el boletín de la Real Academia nº 65, de 1914 citaba la reciente entonces restauración del “Puente de la Calahorra” realizada por don Luis Sáinz en 1877, para indicar que éste encontró en sus cimientos "elementos romanos" que servían a modo de cimiento, lo que demostraba que fue en su día de origen romano, si bien posiblemente había sido destruido por las grandes e incontroladas avenidas del río. Por ello, con motivo de la invasión árabe fue reconstruido por Hisen y Athan Azza, según relatan las crónicas árabes, y no tuvieron inconveniente en conseguir la piedra de las antiguas murallas romanas de la ciudad.

 En toda esta refriega salieron a relucir opiniones de Ambrosio de Morales, Sánchez de Feria y el Padre Ruano, unos en un sentido y otros en el contrario.

 Posteriormente a este episodio entre académicos surge el importante trabajo sobre el “Puente de la Calahorra” que don José de la Torre y del Cerro leyó en la Real Academia de Ciencias, Bellas Letras, y Nobles Artes de Córdoba en mayo de 1922. Proclamaba que aquí en Córdoba no llegó a haber en la época de las guerras civiles romanas ningún puente de piedra romano, y que el río Guadalquivir fue atravesado por Julio César con un puente prefabricado de tablones y vigas a la altura de la presa del Molino de Martos.

 Hablaba de que Córdoba en aquellos tiempos no tenía necesidad de puente alguno, pues su comercio estaba muy bien atendido por el río Guadalquivir, e indicaba que según la traducción de don Manuel Valbuena (que en su opinión era la mejor), de todo el relato de la guerra entre Julio César y la familia Pompeyo no se desprendía la existencia de ese puente. Luego confirmaba que el puente debió de ser construido en época de Augusto, que fue destruido por el río y reconstruido en época árabe por el emir Athan Azza. Mencionaba una serie de reparaciones que sufrió el puente a lo largo de la historia, por las cuales quedó totalmente "reformado" muy lejos de su primitivo origen romano. También comentaba que en la famosa batalla del Campo de la Verdad contra Pedro I, Alonso Fernández de Montemayor, al cruzar el puente para disputar la batalla, mandaría "romper varios arcos" para que los disidentes no pudieran regresar a Córdoba huyendo.

 Y ya a modo de final quiero mencionar aquí el libro de las Actas del Simposio sobre Julio César que organizó la Facultad de Filosofía y Letras y el Departamento de Antigüedad y de la Edad Media de la Universidad de Córdoba entre los días 21 al 25 de abril del 2003. En este libro, editado por Enrique Melchor Gil, Joaquín Mellado Rodríguez y Juan Francisco Rodríguez-Neila en el 2005, se habla de la (esquiva) localización de Munda, su batalla, y de que el puente romano ya existía cuando llegó Julio César para pelearse con Sexto Pompeyo que acampaba en Córdoba. Lo mismo que con el puente, también con la propia Munda hay diversidad de opiniones, desde que se situaba por la actual Montilla a que se hallaba en las proximidades de Osuna, ya en la provincia de Sevilla.

 Yo, como lego en esta materia, me permito añadir que sobre el firme de treinta metros de ancho encontrado por don Ángel Delgado a la altura de Majaneque, y que él consideraba como parte de un tercer puente sobre el río Guadalquivir, puedo añadir que en el Archivo de la Catedral, en el Cajón O, documento nº 222, del catálogo de Diego Ramírez de Xerez, se trata de esa zona. donde estaba el Cortijo la Reina:

 

Cortijo de la Reina “so los barcos”.

 

Este cortijo, que todavía hoy conserva su nombre se halla en la margen izquierda del Guadalquivir pasada la desembocadura del Guadajoz, no muy lejos, según nuestro texto, del lugar de amarre de las barcas que prestaban servicio entre Córdoba y Sevilla.

 

Documento 222. Cajón O, Catálogo Diego Ramírez de Xerez.

 

Este texto nos viene a hablar de lo que en aquellos tiempos era el "Puerto de las Barcas", adonde llegaban los barcos que traían y se llevaban las mercancías aprovechando lo navegable que todavía era el río hasta esas orillas. Hay que decir que para facilitar el paso de los barcos por las "azudas", la documentación medieval muestra que la anchura de éstas estaba regulada en función de la medida del Arco de las Bendiciones de la Catedral de Córdoba. Por tanto, lo más seguro es que en lugar de los restos de un puente lo que viese el señor Delgado fuera los de un complejo portuario.

 En cuanto a don José de la Torre y del Cerro podemos decir que a pesar de la enorme categoría que tuvo este señor como académico, archivista e investigador, da la impresión de que fueron pocas las veces que se debió bañar en el río, y menos aún en la zona del Molino de Martos, pues con diferencia es una de las que tiene un mayor desnivel en relación con la ciudad, con bastante profundidad en el agua por el meandro del río. Por lo que si se trataba de cruzar o vadearlo con tropa y material, no cabe duda que la zona más factible y sencilla, y que no escaparía al conocimiento de un general como César, era la denominada paradójicamente "Las Corrientes", trayecto comprendido entre lo que hoy es el Puente del Arenal y los antiguos Peñones de San Julián, incluso admitiendo que el río discurriese entonces por otra madre más próxima a la Fuensanta.

 Esto sobre el puente. Por otro lado, nosotros sí que no sabemos por donde podría caer la antigua ciudad de Munda, pero bien que conocimos lo que era la calle Munda, en la que a pesar de su configuración tan estrecha siempre existió mucha vida. Allí estuvo uno de los primeros centros farmacéuticos de Córdoba, al que todo el mundo llamaba "El Sevillano". Hay que recordar que en aquellas épocas las farmacias “tenían lo puesto”, por lo que la mayoría de los medicamentos estaban en los centros, e iban y venían a recogerlos los chavales en las bicicletas. Al aparcarlas en la plaza de la Compañía aquello daba sensación de ser un pequeño garaje donde cada chaval aprovechaba y mostraba sus habilidades, incluso subiendo y bajando la pendiente de la iglesia. También en esa calle existía la pequeña imprenta de Miguel, un gran encuadernador que terminaría trabajando en Westinghouse, después de aquellos cursos preparatorios del PPO de 1975, que superó satisfactoriamente junto a otro grupo de cursillistas, entre los que también iba el entonces cura Laureano Mohedano Aguilar, que luego se convertiría en un gran líder de Comisiones Obreras. Abandonó los hábitos, se casaría y marcharía con su pareja a Oviedo.

 También estuvo en esa calle el Colegio de árbitros de fútbol de Córdoba, por donde muchas veces se pudo ver a los Torrico, Mora, Carlos Espejo, Lozano Amaro, Cruz Carrascosa, José Bodoque y el amigo Oñoro, vecino de la calle Roelas en el "Picadero". También había una taberna muy clásica, que se llamaba "Casa Pastor", llena de cordobeses castizos. El vino lo bebían en unos vasos de culo gordo a los que se llamaba “cubetas”. Más de una vez, algunos grupos de estos amigos, sobre todo en las noches de verano, solían pararse junto al Triunfo de San Rafael y dedicarle un turno de poesía por cabeza. Esto nos lo contaba Rafael Quirós Luna, que conoció perfectamente a muchos de estos personajes eternos. También estaba la taberna "La Barrera", que regentaba el activo Isidro, empeñado en que todo el mundo comiera boquerones en adobo.

Es decir, lo mismo que del relato de Hircio se desprende que la batalla de Munda tuvo lugar en un espacio reducido con gran cantidad de personas allí congregadas, así parece que lo mismo ocurría en la calle que se renombró para conmemorarla.



2.-LAS CRECIDAS DEL RÍO 


                                                             Crecidas del Guadalquivir

No hace falta decir que el río Guadalquivir ha sido muy importante en la historia de Córdoba. Regulado ya por pantanos y presas desde los años sesenta del siglo XX, arroja de media un caudal mínimo de 39 metros cúbicos por segundo en el periodo estival y un máximo de 482 en pleno mes de marzo, para conformar un respetable caudal medio anual de 198 metros cúbicos por segundo.

 Pero en la antigüedad esta regulación no existía, quedando todo muy dependiente del periodo meteorológico que se diera, por lo que las avenidas o riadas eran muy frecuentes. Así el Cronista Maraver nos proporciona puntuales ejemplos casi desde la misma Reconquista de la ciudad en 1236:

1246.-Fue un año de una temperatura gélida, además de que llovió de forma abundante y el río Guadalquivir registró unas grandes avenidas, con sus desbordamientos en una Córdoba aún por delimitar y repoblar de forma definitiva.

 1293.-De las primeras noticias que tenemos sobre los efectos de las grandes inundaciones del río. El Obispo don Pascual fue enterrado en el lugar donde se ubicaba el Hospital de los Ahogados (donde hoy está el poema de Góngora a Córdoba) y a causa de estas inundaciones tuvo que ser trasladado a un enterramiento en la Catedral, donde está la tumba de los cinco Obispos. Un periodo de intensas lluvias desbordó el río por toda la zona de la Fuensanta e incluso la Ribera.

1308.-Cuando se preparaba el ejército de don Fernando para la conquista de Algeciras se tuvieron que suspender los preparativos por lo inundados que estaban los caminos a consecuencia de las intensas lluvias y el desborde del río.

1434-35.-Otro año de continuadas lluvias por Córdoba y prácticamente por toda España, que dieron lugar a grandes inundaciones y crecidas. El Padre Mariana refleja estas inundaciones generalizadas del año de 1435 en su libro de historia:

"Fue este un invierno muy áspero en España, por las muchas lluvias, atolladeros y pantanos que se formaron. Los caminos tan destrozados que apenas se podía caminar de una parte a otra. Con las crecientes muchas casas y edificios se derribaron. En Valladolid y Medina del Campo fue en donde se notó el mayor estrago. Durante cuarenta días no pudo haber moliendas por la excesiva agua en los molinos, tanto fue esto así, que la gente se sustentaba con trigo cocido a falta de pan. El Río Guadalquivir a su paso por Sevilla faltó un par de codos para que llegara a los Adarves. Los moradores, parte se embarcaban para no ser anegados, y otros día y noche andaban velando y calafateando los muros y las puertas para que el agua no entrase en sus casas. El 28 de octubre comenzaron estas tempestades y torbellinos y continuaron sin cesar hasta el día 25 de marzo. La carestía y escasez fue tremenda, y hubo muchas dificultades económicas y de abastecimiento para que las personas pudieran conseguir las vituallas mínimas para sus necesidades".

 1481-1485.-Se registraron en Córdoba enormes crecidas del río, desbordando por los "Peñones de San Julián, e inundando el Campo de la Verdad y parte de lo que luego se le llamaría zona de la Ribera. Fue quizás corto el periodo de lluvias (11 de noviembre a 25 de diciembre), pero con una fuerza inusitada. Con razón los ejércitos de la Edad Media “celebraban” sus enfrentamientos y guerras en periodos de verano cuando podían cruzar perfectamente los ríos, ya que en otoños-inviernos como éste les era imposible. Recoge un documento del Archivo de Protocolos, que en la crecida de 1481, se paseó por el Río en la zona de la Ribera un hombre totalmente desnudo.

 1544-45.-A consecuencia de las abundantes lluvias en todo el Valle del Río Guadalquivir, el río a su paso por Córdoba se desbordó de nuevo, como siempre, por los "Peñones de San Julián", inundando, como siempre, el Campo de la Verdad, e igualmente por lo que se denominaba la calle la Feria, el Potro y las Cinco Calles, por donde circularon barcas como medio para desplazarse. El hecho de que hubiese barcas disponibles para este fin es que mucha gente de esos barrios vivía de la pesca del río y tenían en sus casas este útil elemento. 

 Ya por estos tiempos era muy habitual que en tiempos de necesidades y carestía se trajese para las rogativas a la Virgen de Villaviciosa, cuyos cofrades y devotos de la Hermandad cordobesa solían celebrar sus reuniones en el Hospital y Ermita de San Juan de Letrán. Cuando la imagen original era traída a Córdoba con motivo de los cultos y rogativas que se celebraban en la Catedral, durante todo su recorrido era acompañada por los pueblos de la sierra, por las distintas cofradías de Obejo, Villanueva y Espiel, y la primera parada era San Juan de Letrán y de allí era llevada a la Catedral.

 1554.-Sólo unos diez años después de lo anterior, el 8 de enero de este año, a consecuencia de las abundantes lluvias, trajo el río Guadalquivir unas crecidas históricas, rompiendo los muros de protección junto a la Ermita de San Julián (que en tiempo de los moros llegó a ser el Monasterio de San Cristóbal) y después de arrasar y atravesar el Campo de la Verdad volvió a su cauce por el Molino de Santa Catalina, cerca de lo que hoy es el Puente Nuevo o de San Rafael. No hace falta decir que los vecinos del Campo de la Verdad tuvieron que refugiarse en una especie de "cerrillo" en donde hoy se ubica la iglesia del Espíritu Santo. En el Santuario de la Fuensanta quedó señalado el nivel hasta donde llegó el agua, que circuló como si tal cosa por la Carrera de la Fuensanta. Las barcas andaban por la Ribera, la calle del Potro, y la calle Mucho Trigo, y en una de ellas se sacó el Santísimo de la Parroquia de San Nicolás de la Ajerquía y se llevó al Hospital de la Caridad. A esta Parroquia aún le quedarían muchos padecimientos por el río.

1568-69.-Era tal el destrozo que causaron los desbordamientos del río que el famoso corregidor Francisco Zapata intentó trasladar el "Rastro", el mercadillo con tenderetes de todas clases que se formaba en la zona en donde estuvo la cruz del mismo nombre, hacia detrás de la Calahorra. 

1589.- Empezó el año agrícola bastante seco, pero empezó a llover por el mes de septiembre y las lluvias continuaron durante bastante tiempo, llegando a producirse en algunos momentos unas auténticas tempestades de agua y viento, lo que provocó hundimientos y algunos desbordes de los arroyos que pasaban por la ciudad. En este año se ve una relación de precios de lo que costaba el trigo, la cebada, el pan, el aceite y otros alimentos básicos, y se puede apreciar claramente que su cotización estaba en función del agua e incluso de los desbordes del río. Para no faltar de nada, empezó a levantarse un fuerte viento que degeneró en una autentica lluvia de granizos tan grandes como nueces. Y para rematar, también tembló la tierra, y se derrumbaron partes sólidas de edificios y fachadas. Entre ellos tenemos que señalar que se caería de la torre de San Lorenzo la imagen del titular que la corona… que no pudo ser repuesta hasta 1640. Todos estos episodios los relata el Padre Maestro Chirino, trinitario calzado, en su libro "Las persecuciones religiosas". Paradójicamente, ese año, al principio, por la sequedad del campo, se hicieron rogativas conjuntas entre el Consejo de la ciudad y el Cabildo, por lo que se trajo a la Virgen de Villaviciosa, en un principio al Convento de Merced, y posteriormente a la Catedral… Y se pasó de un extremo a otro.

1590.-El "Puente Mayor" como se denominaba entonces al "Puente Romano", el único que existía de material construido en todo el Guadalquivir, seguía resistiendo las acometidas, pero cada vez le costaba más. Por eso en este año quedaría prohibido el tránsito de carros y vehículos más pesados, con fuerte sanción para los que lo hicieran, e incluso se sancionaba a los guardias que lo permitiesen.

1626.-Fue un año de viento y aguaceros, impidiendo la mucha agua acumulada en el río que los molinos de trigo pan pudiesen funcionar, y el agua llegaría a tapar casi todos los ojos del puente. Además de la “habitual” inundación del Campo de la Verdad, el agua inundó las calles próximas a la Ribera, como las "Cinco Calles", también llamada "Vences-guerra". Para intentar paliar estas copiosas lluvias se hizo una procesión con la Virgen de Villaviciosa por el interior de la Catedral, acompañada de la urna de los Santos Mártires. Y cesaron las lluvias al finalizar el mes de marzo.  

1663.-Fue un año de muchos aspavientos, pues se produjeron en la ciudad muchas muertes por enfermedades e incluso bastantes que se consideraron repentinas. Y para colmo la primavera se presentó tan lluviosa que se produjeron grandes avenidas del río, con desbordamientos del Campo de la Verdad y de la zona de la Ribera. Por ello el pueblo apeló a lo de siempre, es decir, las rogativas a los santos para recuperar la serenidad.

1671.-Fue un año de abundantes lluvias por lo que el río otra vez se desbordó y en el verano se invirtió la cantidad de 50.000 ducados en reparaciones. 

1677-78.-Fueron dos años de abundante lluvia, más bien diríamos que incluso llegó a llover de forma continuada en un periodo de tiempo muy largo aunque no en avalanchas, por lo que afortunadamente al menos no se produjeron desbordes. Pero al llover hasta en tiempos que no debía se perjudicó a los árboles frutales y algunos sembrados de sementera, por lo que, paradójicamente, la abundancia de agua produjo una carestía en el precio de los productos. Otro problema que se planteó es que los molinos con cierto nivel de agua no podían moler el trigo.

1683-84.-Empezó el año agrícola tremendamente seco, pero empezó a llover en diciembre de 1683 y duró la lluvia durante un periodo largo, provocando grandes crecidas del río, al que se le cuentan hasta catorce grandes avenidas, lo que originó desbordes que afectaron a casas de vecinos y al propio puente en los ojos 8º y 9º. Era tal el agua que los molinos no podían moler el grano, por lo que la gente tuvo que buscar medios domésticos para la molienda e incluso se llegaron a utilizar molinos que no dependían del río, como fue el caso del molino que había en la Puerta de Sevilla. Hubo gente que a falta de harina incluyó en el menú diario "trigo cocido". El Molino de Martos y el Monasterio de los Santos Mártires, que se encontraba ubicado muy cerca, también las pasaron "canutas". Fue un bienio desastroso. 

1698.-Fue un año enorme de lluvias y se desbordaron cuantos arroyos pasaban por Córdoba, así como, lógicamente, el Guadalquivir. Concretamente, al este de la Ajerquía, los arroyos de las Piedras y Camello, que pasaban junto al Hospital de San Lázaro (cerca de Puerta Nueva), inundarían el propio hospital y todo el barrio de San Lorenzo, por el cual pasaba, además ,el crecido arroyo urbano que entraba en la ciudad por el Colodro.

1702-1703.-En estos años se hicieron grandes reparos del “Puente Mayor” que había sido muy afectado por las avenidas de los años anteriores. Se labraron los dos últimos arcos del lado de la Calahorra, y se reforzó el suelo de tres ojos de la zona media, para lo cual hubo que sortear muchas dificultades. Los maestros encargados de la obra fueron Tomás Ortega, vecino de Córdoba, con título de maestro, y Francisco Martín, maestro de albañil del barrio de San Lorenzo. El Corregidor, don Francisco Antonio Salcedo y Aguirre, señor del Badillo, estuvo en contacto directo con las obras. 

1750.-De un extremo a otro: éste fue un año tremendo por la escasez de lluvias, y llegaría a quedar tan seco el río Guadalquivir que en el célebre Molino de Lope García aparecieron unos sillares de piedra perfectamente labrados en calidad de jaspe y alabastro. Parte de esas piedras labradas se trasladaron a Córdoba por orden de la señora propietaria del terreno, doña María Gutiérrez de los Ríos Cabrera y Cárdenas, marquesa de las Escalonias, que supo guardar algunas de ellas en sus casas cerca de la Puerta de Baeza. Estas piezas se supone que debieron de pertenecer a alguna suntuosa fachada de un templo o edificio romano.    

1751.-Sólo un año después de la sequía se dio otro de abundantes lluvias con grandes crecidas del río, que se desbordó por las defensas de San Julián, anegándose totalmente el Campo de la Verdad y dejando al descubierto muchos cimientos de lo que debió ser una azuda y molino de pan, pues por escrituras muy antiguas se sabía que ambas cosas habían existido por allí, además de los restos de una gran alberca que servía para regar las huertas.

1762.-Otro año de lluvias mal avenidas, que dificultaron las sementeras al no poderse sembrar en su tiempo. Grandes avenidas del río y desborde por los Peñones de San Julián. Como siempre el Campo de la Verdad inundado y con los vecinos padeciendo e incomunicados con el resto de Córdoba.

1769.-Otro año de grandes lluvias, volviendo a provocar el Guadalquivir un desborde por los Peñones de San Julián inundando todo el Campo de la Verdad y algunas zonas de la Ribera. No cabía ya duda de que el río, siempre que adquiría una determinada fuerza, tendía a salirse por lo que decían los historiadores antiguos era su "cauce natural de siempre".

1776.-Después de tantos desbordamientos por la zona de los Peñones de San Julián, los técnicos consultados determinaron, al fin, que era muy urgente su reparación. Por ello el Consejo de Castilla se trajo a Córdoba al arquitecto Pedro Fiol para que emitiera su dictamen.

1779.-En este año, en el mes de marzo, se concluyó el muro de contención que en 1776 se había acordado construir en la zona de los Peñones de San Julián, del lado de allá del Campo de la Verdad. Y en mayo se aseó todo el sitio, demoliéndose un pilón de piedra al cual llegaba el sobrante de la fuente del Potro con agua del venero de Hoja Maimón.

1783.-En el mes de diciembre empezó a llover de forma constante hasta el mes de marzo, lo que, para variar, provocó una gran avenida del río Guadalquivir que se desbordó por los Peñones de San Julián… rompiendo los muros de protección que se habían levantado en 1779, Se inundó otra vez el Campo de la Verdad, y el río, después de dejar al barrio como un islote, discurrió por lo que luego sería la calle Pio XII hasta salir a la llamada Carretera de Castro y de allí, por el emboque del Arroyo de la Miel, volver a su cauce.

1792.-En este año, previa supervisión de la Academia de San Fernando, se aprobó el proyecto presentado por el arquitecto don Ignacio Tomás para la reparación del muro de contención del Río Guadalquivir por su ribera derecha, que se había tropezado con grandes dificultades desde que se presentó al Consejo de Castilla en 1770, a pesar de que éste informaría de que este trabajo era “urgente”, planteando la necesidad de fortificar con una muralla la zona de los Peñones de San Julián puesto que todos los desbordamientos ocurrían por allí. Los trabajos del muro se tasaron en 500.000 reales, y ya de paso unos arreglos en el puente por 411.608 reales. Y ello sin perjuicio de que delante de dicho muro se hiciera una estacada (piedras enjauladas), presupuestadas en 153.600 reales. No se sabía aún que el desarrollo de este proyecto quedaría para siempre en el imaginario cordobés con aquello de “tardar más que las obras del murallón”.   

1793.-Se acometieron los muros de protección de la Ribera hasta la Cruz del Rastro, siendo el arquitecto Ignacio Tomás e importando la obra 2.953.000 reales. Esta obra contó con la autorización de la Academia de San Fernando. En los libros antiguos se cita como zona del “embarcadero”, que no era otro que el lugar de las "escalerillas" por donde pasaba la habitual "barca" que podía pasar a unos doce cordobeses desde la Ribera al Campo de la Verdad. 

1794.-En este año seguían las obras de murallón de protección, pero debieron de suspenderse por la invasión de los franceses.

1796.- A principio del mes de marzo cayó una gran nevada, pero antes en el mes de diciembre cayeron abundantes lluvias que provocaron unas avenidas del Guadalquivir, que se volvió a desbordar por donde lo hacía siempre: la zona de los Peñones de San Julián inundando todo el Campo de la Verdad.

1816.-En este año se hizo la obra del murallón próximo a las "pelambreras". Bastantes años después se construyó el trozo frontero con la expuesta iglesia de San Nicolás de la Ajerquía, completando todo lo hecho en este sitio a 1288 pies.

1821.- Este año experimentó el río a su paso por Córdoba una crecida impresionante, que como era de prever inundó la zona de los Peñones de San Julián y todo el Campo de la Verdad. También la Ribera sufrió aquella inundación.

1838.-Desde el principio de año llovió de forma muy abundante y continuada hasta el mes de marzo por lo que el río, además de por los Peñones de San Julián, también se desbordó por la Ribera llegando el agua hasta los mismos pies de la Cruz del Rastro. Desde los barandales prácticamente se decía que se podía tocar el agua. Por la Ribera y calles próximas se circulaba con barcas. Al menos, todas estas grandes subidas del río ocasionaban que al retirarse se dejara "alagunados" centenares de peces que la gente cogía para consumir. Quizás fuese coincidencia, pero en el Campo de la Verdad, ya en el siglo XX hubo una serie de tabernas antiguas famosas en Córdoba por sus tapas de frituras de pescado.

1856-57-58.-En 1856, dada la sequía que se venía acumulando en el año agrícola, se llegaron a realizar rogativas para que aparecieran las deseadas lluvias. Y en enero empezó a llover de forma continuada y constante… provocando una de las crecidas más importantes que se le recordaban al Guadalquivir, como siempre desbordándose por los Peñones de San Julián y con el agua llegando a los barandales de la Ribera. Durante este episodio estuvieron cortadas las comunicaciones durante cinco días. Cuando ya parecía que estaba el asunto calmado y el río “tranquilo” en su cauce, quizás por el agua acumulada aguas arriba empezó otra vez a crecer arrastrando troncos de árboles e incluso animales ahogados. Aquello asustó a la población que incluso llegó a manifestarse pidiendo de una vez medidas de protección en relación con el río. La ribereña iglesia de San Nicolás de la Ajerquía apenas pudo resistir ya un poco más tantas desdichas, y la Parroquia se trasladaría al poco al Convento de San Francisco.


(Continuará)




1 comentario:

Carlos Serrano dijo...

Hola Manuel! Se me había pasado esta actualización de tu blog y es que me había confudido con el de Puente Mayor de Laurentino, qué despiste el mío. UNa alegría verte escribir de nuevo y espero que ocntinues el artículo. De hecho, hace poco leía que cada dos por tres se caía al río una de las agujas del puente romano y como decía un profesor mío del instituto "del puente romano apenas queda una piedra original"...jeje. No sé si será cierto. Bueno, supongo que Paco Muñoz te habló de mí y del "arroyo de las Quemadas". Me alegró mucho saber a través de Paco que sigues en plena forma y desde aquí decir que guardo tus textos como oro en paño. Mara villoso el de la Alameda del Tiritar donde como ya le ocmenté a Paco y creo que te hizo saber, eché de menos una referencia al afluente oriental del Rabanales ya ue hablabas del Ahoganiños. En fin, me gustaría preguntarte tantas cosas y aprovecharme de tu sabiduría popular! Un abrazo lleno de admiración y un deseo egoísta por mi parte: que sigas escribiendo mucho y tan bien como hasta ahora!