El amigo plácido y su letra
AQUELLAS LETRAS....
En la película del director Luis García Berlanga
"Plácido" (1961), se monta una trama en la que la devolución de una
letra, trae en jaque al pobre Plácido, pero que lo que a él le ocurrió ha
pasado multitud de veces a cualquiera al que le giran una letra y no tiene para
pagarla. No hay que decir que el pobre "Plácido" que colaboraba con
su carromato en aquella campaña de buena voluntad por "Navidad"
acabaría el pobre siendo víctima de una dichosa "Letra" que le
amargaría la noche.
Con toda seguridad ninguna "Letra" habrá
sido tan famosa como la letra que le prestó el financiero Juan Abelló a Mario
Conde para que pudiera conseguir con ella la presidencia del Banco Español de
Crédito "Banesto", en 1980. Fueron más de tres mil millones de
pesetas, y lo curioso es que el préstamo no se hizo en un talón o en efectivo,
sino en una letra que hasta estaba un tanto arrugada y lógicamente rellenada a
mano, pero no cabe duda de que ese papel "era bueno"..
Quizás el talón fuera más fácil de devolver al menos
como le pasó al Sportíng de Gijón con el talón de 63 millones de pesetas que le
entregó el CF. Barcelona por el fichaje del desaparecido Enrique Castro
González "Quini" (1949-2018), que cuando fue a cobrarlo lo
devolvieron. Los directivos del Gijón creyeron que eran los
"Plácidos" de aquél talón. Luego se aclararía todo y se resolvió el
asunto
Las altas finanzas también tendrán sus curiosidades,
lo cierto y verdad es que con una de estas "Letras" Mario Conde
accedió a la Presidencia del Banco Español de Crédito, aunque luego de su época
de presidente lo más destacable además de su ingreso en prisión, fueran los
"Tour de Francia" que ganara Miguel Indurain, de forma reiterada con
el equipo "Banesto", Dicho equipo lo gestionaba por parte del Banco
un consejero de nombre Arturo Romani, y que sin duda llegaría a hacer la época
más dorada en el ciclismo español.
En los años 1960-1980, los bancos se inflaron de ganar
dineros con el descuento de papel, e incluso con los gastos de devolución.
Aunque el Banco de España exigía un cierto control y seguimiento de estas
letras porque así lo exigía el Código de Comercio, la verdad es que fue una época en donde
también las letras de "Peloteo" abundaban por todas partes, y muchas
veces con algún conocimiento del propio banco, que sabía que tarde o temprano
el cobraba todo y además con gastos, que también era interesante para ellos.
Hablando de letras devueltas. por los años de 1970-80
en Córdoba, la empresa más rápida en reaccionar cuando se le devolvía una
"Letra" era la razón social, "Viuda de Victoriano Gómez".
Esta empresa dedicada a comercializar los hierros y ferretería, era una razón
social bastante sólida por aquellos tiempos, por lo que era de las pocas
empresas de Córdoba, que no negociaba el papel que para el cobro de sus
facturas le giraba a sus clientes. Esas "letras" ellos las "aguantaban en el cajón"
como se solía decir y solo las llevaban al Banco para que este mediante el
cobro de una pequeña comisión, las pusieran al cobro. Pero esta empresa de la
"Viuda" era llegar el día del vencimiento de la "letra" y
no ser atendida. y al otro día un procurador con domicilio en la Calle Ramírez de Arellano, te enviaba una
notificación escrita con una letra hasta elegante y de color morada, en la que
te aclaraban todo lo que te podía pasar si no pagabas. En ese aspecto la
“Viuda”, como se le llamaba familiarmente, era inapelable. Además llegabas a
sus oficinas en Ronda de los Tejares y te causaba sensación el contemplar a
principios de los años 1970, como sus empleados, utilizaban todavía “manguitos
de protección y los clásicos tinteros" para su escribanía. Pero eso sí,
mientras no pagaras no había más suministro de material alguno.
En ese aspecto, mucho más despreocupados en todos los
sentidos nos parecía "Almacenes Roses", un gran almacén de hierros
que ocupó un puesto muy importante en Córdoba, siendo su labor muy estimable
para la mayoría de los talleres de hierros que solían acudir a ellos. Quiero
recordar aquí a Antonio Blanco, el que fuera responsable de la sección de
ferretería, un profesional como la copa de un pino, y además un cordobés de
mucha categoría, hasta el punto de que sería uno de los fundadores de la
"Peña de los 14 Pollitos" que se fundaría en la calle Montañas
(Esquina con Montero) en donde existía una pequeña taberna de nombre
"Montañas" regentada por un hombre muy agradable que vivía en la
calle María Auxiliadora, y era vecino de "Carmela la Piconera",
familia del célebre "Ojitos" piconero muy famoso de Córdoba.
El equipo de administración de esta empresa de
"Almacenes Roses", estaba encabezado por Paco Serrano Rodríguez,
hermano del famoso guitarrista Juan Serrano Rodríguez "Juanito
Serrano". el que grabara los acordes del famoso reloj de las Tendillas.
ambos eran hijos del guitarrista Antonio "El del Lunar". Paco
Serrano, un hombre de aspecto elegante, y que se puede decir que podía presumir
de pelo, era más tolerante y comprensivo con los clientes. y se puede decir que
Almacenes Roses, lo último que te negaba era el suministro, pues ellos eran de
la filosofía, de que si no podías trabajar, menos podrías pagar. Además solo te
bastaba ir a la oficina que estaba en la Calle Reyes Católicos, y hablar con
aquel señor bajito y un poco gordito que respondía al nombre de don Manuel
Roses, para que te dieran otra posibilidad o se hiciera cualquier renovación.
Por la mano de este Paco Serrano, se puede decir que pasaron más letras que si
de un Banco se tratara, y el sabía de las que estaban firmadas para pagarlas y
las de que la firma era simplemente para ganar tiempo. Se puede decir que
tiraba las letras a lo que se decía echarlas por alto "arrú" y las
pocas que se pagaban solían caer de canto. .
En esto de las letras y sus vencimientos ha habido
empresas con formalidad para todos los gustos. Quiero destacar aquí a
Construcciones San Martín, de la Calle Orense nº 11. Madrid 20. que fue formal
en todo y siempre consideró a cualquier empresa que trabajara con ellos, como
una parte más de su empresa. Pero luego había empresas que se puede decir que
era de pena como trataban al pobre taller o pequeño empresario, que tenía que
ir muchos viernes a que le diera a cuenta "Una Letra" para pagar los
sueldos de los sábados, y tenemos que decir que eran bastantes los que jugaban
de esta forma con los pequeños talleres. Recuerdo que la obra del Gran Teatro,
realizada a principios de los años ochenta, la empresa constructora que realizó
aquella remodelación que tendría un volumen final muy superior a los 400
millones de pesetas que de forma inicial se presupuestaron por el arquitecto
Gómez Luengo, nunca pagaba ninguna factura completa a los herreros, ya que
siempre solía darte dinero a cuenta en una letra y menos mal que era
"papel bueno", según decían en el Banco.
Todavía recordamos aquellas oficinas ubicadas detrás
de la Gasolinera de Cañero, en la que una empresa Constructora de aquellas que
para hacer pisos, se “organizaba” de un día para otro, y comprando un terreno
cualquiera, se dedicaban a hacer un par de bloques de pisos que por aquellos
tiempos se los quitaban de la mano. En esta empresa estaba involucrado un hijo
de "Hernández Fonta" y recuerdo que en aquella oficina se formaba
hasta cola en los viernes de subcontratados que iban a por la
"letra" a cuenta para pagar
los sueldos.
Fue la época dorada de constructores como: de
"Ramón de Francisco" con su gran Oficina cerca de los Mártires. de
Coinde, de Provasol, de Alfonso Mocholi, de Hernández Fonta, de Silva y Silva,
de Pablo Romero, de Construcciones San Martín, de Andrés Moriana, de Paco
Mancebo, de Gaudioso Barrera, de Rafael Hiedra, de Construcciones Ava, etc.
etc. A estas empresas les sucedió otra moda de empresas que poniendo al frente
a destacados profesionales de oficio, (albañiles, ferrallistas, etc. etc.), y
la aportación del capital, que desde el dueño de una gasolinera, a un platero
cualquiera, un panadero, un farmacéutico, o incluso uno que se hiciera rico
vendiendo arropías. Estas empresas solían comprar un solar y le pagaban al
dueño con algunos pisos y locales comerciales que les compensaba el importe de
valoración del solar. Luego más tarde, aparecieron en el panorama de Córdoba
otras empresas dedicadas a la constructoras como: Noriega S..A,, Pablo Romero
Alamillo, Herzog Galiot, Marín Helinger, Arenal 2000, Ángel Tirado, Nicolás Aparicio,
etc. etc. Estas empresas ya encontraron cierta facilidad en la banca para
obtener los créditos necesarios para su espectacular expansión, y algunos
llegaron muy lejos, tan lejos que luego no supieron volver , sobre todo cuando
surgió el caso de la "Burbuja" inmobiliaria, que se llevaría por
delante tanto a las empresas como a alguna que otra entidad financiera. ,
Pero entre todo este mundo de "letras y
facturas" quiero recordar aquí la figura de Paco Losada, una persona entrañable y muy humana, y
que intentó con un grupo de profesionales abrirse camino en este mundo de la
cerrajería, la letras y los créditos. Al "Madriles" como le llamaban
ya cuando trabajaba en la época de Perfecto Sillero, le tocaría ponerse al
frente del taller "Unión Cerrajera Cordobesa" por muerte de un buen
gestor como era "Manolo el Gordo" que así le llamaban ellos, Paco se
fue superando poco a poco, y conoció mejor nadie, la gente que había en
aquellas empresas constructoras, que en la mayoría de los casos, siempre te
cogían en desventaja, al tener la necesidad de "La letra" como fuera,
para pagar sueldos o proveedores. Durante años, me comentaba, en estos talleres
se puede decir que se trabajaba para los Bancos. Muchas veces se llegaba a
pagar hasta un 24% en gastos de negociación si tenías que unir el posible
"protesto" y los gastos de devolución, ya digo me decía él, salvo
Construcciones San Martín, las demás empresas para echárselas a los leones.
Era una lástima un taller compuesto por unos 10 padres
de familia, que durante unos diez y siete años, no pudieron hacer nada más que
cambiar el dinero de su esforzado trabajo, pues lo que es rendimiento, el
taller tenía bastante, lo que era muchas veces una lástima, a los precios en
que tenías que coger los trabajos, y la forma de pago que te imponían. Por todo
este "tránsito de letras", mi
amigo Paco Losada quedaría marcado para toda su vida.
El primer golpe de frustración que recordará Paco para
siempre, fue casi al principio de hacerse cargo de la gestión del taller. Les surgió
la posibilidad de hacer la carpintería de aluminio de una urbanización de
Chalets que en las afueras de Madrid, que iba a realizar una empresa de nombre
Construcciones Sabariego, muy conocida de la mayoría de los que componían el
taller. Se hicieron los presupuestos e
incluso se marchó a Jaén (Hierros Serrano Gámez) al por el aluminio para poder
obtener alguna ventaja económica. Se empezaron a hacer cierres y ventanas de
aluminio a buen ritmo, y cuando ya se tenía casi todo el material entregado, esta
gente de la empresa Construcciones Sabariego empezó a devolver letras y letras.
Recuerdo que me contaba Paco, que fueron a la sede de la empresa aquí en
Córdoba, y en aquella Oficina, ya estaban el fontanero y el electricista
formando cola para reclamar, pero todo fue un intento en balde, pues en la
Oficina no había nadie, ni tan siquiera la amable secretaria que te solía
llamar por teléfono siempre que querían cualquier cosa. Solo habían dejado
posiblemente a cosa hecha, la puerta abierta, un botijo medio de agua y un gato
negro que maullaba posiblemente de hambre.
Ya digo que este bueno de Paco, tuvo que adquirir una
experiencia en el tema de las "letras" porque nadie como el, pudo
sufrir tanto, primero para que te pagaran y en la forma que lo hacían el
trabajo que les entregaba, segundo cuando llegabas al Banco y allí muchas veces
cuando entregabas las "Letras" para que te las abonaran, te trataban
como si de una limosna que te fueran a dar se tratara. Por lo que ni el Banco
Hispano, ni el Banco Bilbao, nunca, ningún Banco te daría facilidades en nada.
Pero puestos a recordar tenemos que hacerlo con Rafael
el del "Cebadero de Barea", que se metía la mano en su chaleco o
chaquetilla, y se sacaba incluso "arrugada" una letra rellenada a
mano, lógicamente de "peloteo" que giraba a cualquier conocido, para
ir tirando lo que quedaba del mes. Pero no cabe duda de que la sorpresa sobre
una de estas "letras de peloteo" me la llevaría yo, un día que
colaboraba con Paco Losada en su taller y me pidió que llamara a la empresa que
se le había suministrado la carpintería para una serie de bloques que había
construido cerca de la conocida Avenida de Carlos III, el objetivo era que nos
indicaran el domicilio para domiciliar la letra que se iba a hacer por la
factura final. Recuerdo que llamé a la citada empresa cuyas Oficinas estaba en
los antiguos villares de la calle Cruz Conde y al ponerme con el financiero
este me preguntó: "De cuanto sería el importe? y yo le contesté de
2.810.000 pesetas, y entonces este hombre me dijo:"Hagan ustedes las letra
por cinco millones". Yo le diría que no estaba autorizado para hacer
aquello y entonces lo puse con el dueño, y Paco después de hablar un rato con
aquella persona, me dijo: "Haz la letra por cinco millones". Aquello
evidentemente era una letra que tenía una "parte de peloteo", al
parecer el citado empresario había hecho algo parecido con determinados
proveedores, pues tenía necesidad de efectivo rápidamente ya que había comprado
una determinada finca en su pueblo natal.
Y hablando de empresas constructoras diremos que luego
empezaron a bajar por Córdoba empresas de Madrid, que incluso cotizaban en
bolsa, y que con toda la cara del mundo te pagaban en el plazo que querían. De
entrada te hablaban de 180 días, pero para ellos este periodo de tiempo
empezaba cuando la factura estaba "conformada" por el encargado de la
obra. Esta operación de "conformar" tan sencilla aparentemente, solía
tardar bastante tiempo con lo que en la practica se alargaba el tiempo de pago.
Pero las letras, no solamente era la dificultad de
pagarlas. Tenías también un gran sufrimiento tipo “Plácido” hasta que bastantes
de aquellos empresarios, que por todas partes abundaban, se dignaban a darte
una dichosa "Letra" a cuenta de una mayor facturación para poder
pagar los jornales de la semana.
Vuelvo a repetir que una empresa que te daba gusto
poder trabajar con ella, era una que se llamaba Construcciones San Martín, de
la cual todavía recuerdo su dirección de la Calle Orense, nº 11. Madrid 20, y
eran comprensivos y rápidos a la hora de pagar sus obligaciones. Pero en
Córdoba se le negó suelo para construir.
Otra empresa que trataba a los cerrajeros como si
fueran sufridos “Plácidos" era la empresa Fomento de Obras y
Construcciones, que fue la que realizó toda la obra de Merca- Córdoba, y allí después de que el pago
era contratado a 180 días, a la hora de autorizar y verificar la factura, era
todo un sufrimiento al estilo del sufrido "Plácido". Y es que entregabas
la factura a origen y a la vista de que tardaban para que fueras a recoger la
"Letra" llamabas y te contestaban que el encargado no estaba.
Preguntabas por la "Letra" y te contestaban: “Todo está pendiente de
que sea revisada”. Tontería que llamaras antes de una semana, entonces a lo
mejor te decían: “Se ha apreciado un error numérico”, tienen que venir a por la
factura para corregirla. Ibas y a la carrera la recogías, y de seguida la
volvías a entregarla. Entonces y a las tres semanas de la fecha de la factura,
te avisaban de que la "Letra" estaba allí. La fecha de vencimiento la
ponían a 180 días desde el día que te aceptaban la factura, casi siempre a los
20 días de haber presentado la factura para su aceptación.
En esta tesitura y si todo el taller estaba volcado
con este cliente, necesitabas financiarte para pagar sueldos y proveedores, y
para ello, era frecuente que se recurriera a un cliente imaginario y girarle
una "Letra de Peloteo". Esta política de desastre económico, con
tantos sufrimientos como los de "Plácido", fue lo que llevó a la ruina
la mayoría de los talleres de carpintería y cerrajería que había en Córdoba por
aquellas fechas. 1970-80 y 90.
Pero de las "Letras" se podría escribir un
libro y aún sobrarían anécdotas y datos para contar. Sí el mismísimo Gran
Capitán, pudiera hablar de la cantidad de "Letras" que incluso se le
llegaron a girar, se caería de su pedestal. Me refiero claro está, a las
llamadas “Letras de Peloteo" con las que se financiaba todo el que lo
necesitaba, ya fueran grandes o pequeños.
Los bancos de alguna forma lo sabían y las aceptaban, pues era una línea
bastante rentable, por gastos, comisiones, y todo lo que suponían estas letras.
Hablando de este tipo de “Letras" hay que traer
aquí el recuerdo a un simpático “Manolo el de las cabras”, personaje que sin
apenas tener conocimientos contables, manejaba las letras como si fueran
cromos. El las rellenaba a mano, y cualquier sitio era bueno para realizar esta
operación. Aunque mentalmente (era algo mayor), cuadraba perfectamente los
números. En una ocasión en el Banco Hispano que había en el Gran Capitán (Local
ocupado hoy por el Cortes Inglés), negoció en mi presencia una "Letra de
peloteo" a su nombre, y el banco se la aceptó. Posiblemente no se dieran
cuenta, pero si podemos decir que este hombre entre gastos y números rojos,
perdió un buen capital inmobiliario que tenía en locales y naves por la antigua
zona de la calle Platero de Bares. A este Manolo el de "Las Cabras"
como familiarmente se le conocía, alguien le debió indicar que las "Letras
de Peloteo", era algo así como manejar una piara de cabras, y lógicamente
se equivocó, pues se puede decir que le llegaron a quitar todo lo que tenía. .
