martes, 1 de marzo de 2016

LOS HERREROS





El trabajo del  Herrero, es una profesión muy antigua y que tiene al martillo, el fuego y la habilidad del hombre, como elementos fundamentales. Un país que siempre destacó por sus buenos herreros fue el Japón, que llegaron a considerar este oficio como un auténtico arte sobre todo si los relacionamos con sus famosa espada SAMURAI. 

Este trabajo se desarrolló fundamentalmente en los medios rurales, en donde se tenían que arreglar todos los aperos y herramientas del campo que eran prácticamente la base de la subsistencia de la población. Quizás por ello en el Japón tuvieron su Edad Media que duró hasta cuando ya algunos países como Argentina estrenaban su constitución.

Ellos fueron prácticamente los que aprendieron toda la gama de  los tratamientos térmicos, pues por su necesidad de dar dureza a sus herramientas,  en especial a sus espadas y escudos, aprendieron del "hierro al rojo vivo" en la fragua, los distintos colores para templar, revenir y recocer. Obtener una "KATANA" por su forma y su temple, era cosa poco menos que de un arte.

El dominio del color del hierro introducido en la fragua, era importantísimo, de esta forma, el paso del color rojo, al anaranjado  y de este al amarillo. El color ideal para el forjado es el  blanco-anaranjado, ya que el hierro se somete fácilmente a los golpes de un hábil martillo, y en aquellos tiempos en Córdoba los había.

En los países civilizados las máquinas han relevado al hombre de los trabajos más duros de esta profesión, pero aún en muchos países de África y Asia, todavía se realizan estos trabajos en modo totalmente manual.  

Nosotros en nuestra juventud el primer contacto que tuvimos con una Herrería, fue en aquella  que había, casi pared con pared, con la popular Bodeguita de los Arbolitos,  al final de la Calle Álvaro Paulo, y era un taller que estaba al principio de aquella AVENIDA DE LA VIÑUELA, cuando esta estaba aún terriza y con algunos chozos a la derecha por toda vivienda. El taller era de Enrique Puentes, y allí íbamos a por escorias para simular las montañas del tradicional nacimiento. Muchas veces nos indicaban que las habían arrojado a una especie de muladar que había enfrente, justo al lado de un recinto cercado era el "tentadero de caballos" que hubo antes que se hiciera el  Mercado del Marrubial, al que como primer y único nombre, se le adjudicó el de la "Plaza de la Mosca", en atención a las moscas que había en aquel lugar.

EL SÁBADO DE GLORIA

Los primeros recuerdos que nosotros tuvimos con lo metálico, con los hierros, y con la siderurgia, era en aquellos tiempos de dificultades económicas y necesidades, la chiquillería tenía por tradición el sábado de Gloria, ARRASTRAR LATAS Y ELEMENTOS METALICOS, para hacer ruido de alegría por la Resurrección del Señor, que en aquellos tiempos la Iglesia celebraba a partir de las DOCE DE LA MAÑANA del sábado. Llegada esa hora todas las madres le procuraban a sus hijos, la posibilidad de arrastrar amarradas a una cuerda las latas y los cacharros viejos que se encontrara. Era una cosa habitual sobre todo en los barrios populares y solía durar ese arrastre un par de horas. Nadie protestaba ante los ruidos, pues se consideraba como un rito heredado de padres a hijos. Eran muchas las latas que aquel año 1953, teníamos los nenes de mi calle. Cuando querías descansar del arrastre, las dejabas simplemente en la calle y la volvías a coger al rato. Pero aquel año fue distinto, porque José Montero Cívico, el “Pillo”, fue fiel a su apodo y fue un auténtico pillo, sorprendiéndonos a todos de forma que mientras descansábamos dejando lógicamente las latas abandonadas en la calle, él no tuvo nada más que “arrastrarlas todas”, y se las llevó a la Chatarrería del Huerto del Peral, (Calle la Banda), en donde trabajaba el “Morito”, el tío de Paquito Espino, y allí le dieron un par de pesetas  y se quedó con todo. A pesar de nuestras quejas, las latas y elementos metálicos se quedaron en la chatarrería, y él lógicamente se encontró con dos o tres pesetas que debieron de venirle muy bien. A raíz de aquel día, la chatarra tomó una importancia para todos nosotros y estábamos locos por ir a vender allí cualquier cosa.

De arrastrar latas solamente el sábado de Gloria, muchos pasamos a recolectar todo aquello metálico que se podía vender. Quizás los más atrevidos, arrancaban y cortaban incluso elementos metálicos en uso. El objetivo era que un tal Fernández, que era el que estaba en la báscula, te diera cuanto más mejor.

Por cierto el tal Fernández, tuvo un pequeño papel en la película "HOLA MUCHACHO", rodada en la Universidad Laboral en 1958,  bajo la dirección de Ana Mariscal y Valentín Javier su marido. Pero en aquél Chatarrero, pudimos ver por primera vez lo que era un potente MARTILLO PILÓN neumático, que utilizaban en el taller de cerrajería que allí había, y que Moreno, lo manejaba con total habilidad.

EL OFICIO DE HERRERO EN LA ACTUALIDAD

El oficio de herrero en la actualidad está prácticamente en desaparición y sólo en algunas zonas rurales todavía arden las fraguas. Efectivamente el moldeado de balaustradas y adornos para toda clase de cancelas y cerrajería,  ha acabado con buena parte de esta profesión. Hoy en día una cancela o reja “hecha a forja” son pocas personas las que son capaces de hacerla, y es que este tipo de trabajos ya no hay dineros para pagarlos.

Todo el mundo se conforma con la “pletina perforada”, la balaustrada y las macollas de fundición, o incluso todavía peor, hierros “emparchados”. En los años 1970 -1980 y parte de los noventa del pasado siglo, coincidí yo con dos hermanos llamados ANTONIO y FLORENCIO RUZ CASTILLERO, de Montalbán, pero que llevaban muchos años trabajando en Córdoba, y esos aún eran unos grandes profesionales de la fragua, de la que eran unos artistas. Vaya aquí el recuerdo para estos dos grandes profesionales y uno de los últimos trabajos que hicieron en Córdoba, fue el cerramiento del Campo de Golf de los Villares de Córdoba, a base de balaustrada formando lanzas, que ellos hicieron todo a golpe de martillo. Estas dos buenas personas y excelentes profesionales, trabajaron desde los 14 años y se han jubilado a los 65 después de trabajar a una media de 10 a 12 horas diarias, y no os digo la pensión que con toda seguridad le habrá quedado, seguramente que no llegará a los mil euros. Mientras, los “políticos y los liberados” incluso de tercera fila, sin quizás haber pegado un “palo al agua”, les quedará por lo menos el doble o más que a ellos.

EL HERRERO DE LA TORRE MALMUERTA

En la Calle Roelas nº 12, vivió un herrero que según él, era de los “antiguos”. Yo  no le vi mucho en su habitual trabajo, pero si conocí por vecindad algunas de sus costumbres. Se llamaba Mariano Páez, y tenía el taller en la TORRE DE LA MALMUERTA, en donde hoy está la Farmacia. Era cojo de la pierna derecha y era gran aficionado al vino y al cante jondo. Los que le conocieron decían de él, que entre mal genio y las broncas que echaba a los nenes que le daban al fuelle, era un gran profesional. De costumbres muy tradicionales, siempre que se iba a casa de cualquier familiar echaba de menos su silla de anea, y era la razón que daba él, para no ir a apenas a casa de nadie.

En su última etapa tuvo un socio, que luego continuaría con su hijo que se llamó José Urbano, un gran profesional que vivía en la “casa grande” de la Calle Santa Inés, (Magdalena), en donde era vecino de Vicente Gordillo el fontanero  y Antonio Benítez el tabernero. Un nieto de José Urbano, es el que tiene actualmente el puesto de arropías que hay en San Cayetano, muy cerca de la CUESTA DEL COLODRO. Este  puesto es famoso en este lugar porque en su día, ahí montaba sus tertulias taurino-deportivas el amigo Peña, que fuera por un corto espacio de tiempo profesor de la Universidad Laboral, y más tarde volviera a su trabajo habitual en el Parque de Automovilismo. En la citada "tertulia" era conocido como "Peñita", y estaba en el fútbol de portero, y vivía en la Calle Marroquíes, cerca de la carbonería.   

En la Exposición Iberoamericana de Sevilla de 1929, que organizó el cordobés JOSÉ CRUZ CONDE FUSTEGUERAS, que había sido alcalde de Córdoba y gobernador de Sevilla, colocaron   en su famosa Plaza de Sevilla, azulejos de todos los rincones simpáticos de España,  y en uno de ellos se representa a la TORRE DE LA MALMUERTA,  y la herrería de Mariano El "Cojo".

Con el tiempo desapareció esta Herrería en la que habían trabajado de aprendices y dándole al fuelle, Manuel Machín Moreno,  Manuel Sánchez Aguilera y Francisco Ruano López, y que posiblemente, uno de los últimos trabajos que llegaron a hacer "estos aprendices", fueron unos cuantos aros, con los que participábamos, en aquellas bajadas a todo tren por la "Cuesta del Campo de la Merced". Solo con el aro y una guía como todo equipaje y en el fragor de la competición, más de uno terminábamos prácticamente de "cabeza" en el garaje de Leopoldo Roldán que estaba al final de la cuesta, en donde hoy está el despacho de flores. Y no eran sólo los aros, sino que también los incipientes -tris-ciclos-, recordábamos cuando José Blancart "El Queco" que manejaba el "tris-ciclo" a dos ruedas, nos montó a Paco Córdoba "El cojo", José de la Cuesta "El lechón", Manuel Torres "El Zarra" y Manuel Estévez, "El monaguillo", y se empeñó en bajar "volcado a una rueda" y nos estrelló contra el dichoso garaje. El garaje con todos nosotros por el suelo, llegó a parecerse como el camarote de los hermanos Marx. Gracias a un hombretón llamado Archidona que vivía por allí y nos ayudó.

La casa de la Herrería fue echada abajo y en su lugar habilitaron una Farmacia, en la que casualidades de la vida, estuvo trabajando de dependiente, Bernardo Moreno Badajoz, que curiosamente se había casado con la hija de famoso herrero Perfecto Sillero. A este bueno de Bernardo, le dejó a deber un tal Ángel Márquez García, de Villanueva del Duque, que fue compañero suyo de Chabola en el CAMPAMENTO CIR nº 5, de CERRO MURIANO,  doscientas pesetas de aquellas de 1965.

Mariano "El Cojo", era cliente habitual de Casa Ramón "Pellejero" de San Agustín, que a su vez regentaba el RIÑIERO DE GALLOS DE PELEA, que había en Córdoba, cerca de la Plaza de CAPUCHINOS. Allí en aquel Bar, Mariano "El Cojo" y con una copa de más echaba a la luz todas sus simpáticas ocurrencias.  Lo mismo hablaba del célebre gallo de ONOFRE, que tanto le gustaba a "Lagartijo", como de la costumbre que tenía todos los días, de atusarse el pelo, con el agua de la pileta de su fragua toda llena de carbonilla, pues según él, el uso de este agua le garantizaba el pelo para toda la vida, e incluso le "vacunaba" sobre  el peligro de los "piojos", por lo que solía decir que este remedio era mejor que el "AGUA ROSA". primero y luego las pestosa ZZ, que nos untaban nuestras madres por aquellos tiempos y que tanto se hacían oler en los cines de verano.
  
Otra ventaja que le veía al agua de la pileta, era que al restregarse con ella los dientes, estos adquirían un color blanco refrescante, sin tener necesidad de tener que comprar aquella pasta "ANTICARIOL" que tanto popularizó los laboratorios MEDICAL, ubicados en la Calle San Fernando (Feria), locales que posteriormente fueron ocupados por el Córdoba CF, cuando fue fundado en 1954.   

Con la cosa de ser vecino, más de una vez le tuve que llevar la comida a la Herrería, y la verdad que siempre le parecía poca. En aquellos tiempos este hombre lo que hacía eran muchas herraduras para las tiendas de herrajes y para uno de los  veterinarios que había en Colón que era García Escribano, muy cerca de donde estaba PIENSOS AÑON, y, cerca también del Almacén de Materiales de Construcción Olmo, que al parecer eran de la familia del Padre Ricardo, el fraile capuchino que colaboró en realzar la Semana Santa de Córdoba.

El que iba a recoger muchas veces las herraduras, era uno al que llamaban el “Comanche”, que era nativo del Perú y tenía una buena cabeza poblada de pelo. A este respecto, recuerdo que un día en la Universidad Laboral, el padre Larrañeta, explicándonos el mundo de las misiones en Hispano-América, nos aseguró que ningún indio nativo de aquella región, presentaba problemas  de calvicie, solamente lo que no tenían los indios era bigote. El que tenía bigote era motivo de mestizaje y sospecha de infidelidad en la familia. 

Mariano “El cojo” daba mucha importancia a la mata de pelo como la llamaba él. Murió un día lluvioso del mes de Marzo de 1951, y lo hizo de la forma que a él le gustó vaticinar, con un vaso de vino en la mano. Manuel Serrano, el camarero que era vecino de Barrilero, relató que prácticamente se la cayó encima.

En su casa cuando llegaba un poco bebido, solía decir:

 “Quiero morirme con un vaso de vino en la mano”. Y esto le pasó una noche del mes de marzo de 1951, mientras se tomaba un medio de vino en San Agustín, en la Taberna de Casa Ramón “El Pellejero”, en compañía de Juanito “Cuello lata” y el simpático “Añiles”, dependiente de Padilla Hermanos.

EL “OTRO” HERRERO DE SAN LORENZO

Mucho se ha escrito sobre los incidentes de aquel 17 de marzo de 1473 (Jueves Santo), en que según parece los cristianos se rebelaron contra los conversos por unos incidentes que ocurrieron al paso de la procesión de la Hermandad de La Caridad en aquella Semana Santa. Al parecer, desde una ventana donde vivían unos conversos, dejaron caer un liquido mal oliente encima de una de las imágenes que se sacaban en procesión  y parece ser que aquello fue el detonante de todo, y se produjo una “rebelión dura” contra los intereses de los judíos y conversos, en donde se mataron a personas y se incendiaron muchas casas. Al frente de aquello, los que han estudiado estos incidentes sitúan al herrero de San Lorenzo,  Alonso Rodríguez, que pagó con su vida, al ser atravesado con una espada por D. Alonso de Aguilar, que había acudido  para sofocar los disturbios y en apoyo de los judíos y conversos.

La Iglesia a posteriori, quiso significar este hecho y levantó una Cruz en recuerdo de los cristianos que murieron en esta refriega. A mí me contó mi madre que la actual Cruz del Rastro, fue realizada a principios de los años treinta, en unos talleres de Álvarez Salas, cuyo taller, estaba en la Ribera, junto al Taller de Ebanistas Hermanos Fuentes y Muebles Martínez. El trabajo fue obra de los Cuevas, dos primos que trabajaban en  Álvarez Salas, uno hizo los despieces en “boca de fragua” y otro la armó y la montó, luego ellos terminarían con taller propio en la Calle de la Feria..

Testigos de aquello fueron Enrique, el hombre que atendía la gasolinera de manubrio, que allí había, propiedad de José Álvarez Salas, (Esquina de Sojo), y los dueños de la Taberna Casa el Gallego, que estaba en la misma esquina antes de llegar a Rufino. Estos "gallegos", dueños de la taberna al parecer eran dos hermanos, que no tenían ningún parentesco con los demás "gallegos" taberneros que había en Córdoba. Eran distintos y lo demostraron cuando un hermano acabó violentamente con el otro.

Y por aclarar algo de los "gallegos" diremos que los que estaban en San Lorenzo en "Casa Huevos Fritos", eran de apellido Iglesias. Los de la Calle Alfonso XIII, Regina y Calle Montero, estaban emparentados todos con el apellido "SEOANE" y el pionero de todos ellos era MANUEL SEOANE, que vino a Córdoba a principios del siglo XX, y se colocó de "Farolero" (apagar y encender) los faroles del gas, que explotaba la compañía MENGEMOR.

Y siguiendo con nuestro herrero, tenemos que decir que fueron tan graves los incidentes que tuvieron lugar en Córdoba aquellos tres días de 1473, que el poeta y cantor cordobés ANTÓN DE MONTORO,  llega en un momento de su relato a indicar: “En aquellos días de represión contra los cristianos, era importante ser judío o converso”.

No tiene que resultar extraño que la nobleza de Córdoba, en aquella ocasión estuviera de parte de los judíos y los conversos, pues aparte de que fueron los cristianos los que empezaron a quemar casas y a matar personas, ellos, los nobles, dependían mucho de sus “financieros” e intentaron sofocar esta situación a costa de tener incluso que refugiarse con sus gentes en el Alcázar de los Cristianos ya que llegaron a temer incluso por sus vidas.

Ya que hemos hablado del Alcázar de los Reyes Cristianos, tenemos que decir que un día nos desplazamos desde San Lorenzo, al Alcázar de los Reyes Cristianos (Calle San Basilio), para jugar una partida de "Malillón"; el desafío surgió en la Peña de Pesca de San Rafael, en presencia de un tal  Arenas, gran aficionado a las pesca y a este juego. La partida se celebró en Casa "El Tarugo", y los tríos fueron: Manuel Muñoz Alcaide "El cartulinas", Francisco Díaz "Curro de Utrera" y Enrique Fernández "El lámpara" y el trío de  San Lorenzo, los formaron Pepe Taguas, Francisco Moyano, y Antonio Granados, los demás mirábamos. También llagaron por allí Francisco Leiva Campoy, que iba acompañado de don Guillermo Fernández.

Era el año 1972, y estaba de actualidad las conferencias del ICOMOS, sobre la Mezquita-Catedral de Córdoba, dicha reuniones tuvieron lugar en el Salón de Mosaicos del Alcázar de los Reyes Cristianos y fueron presididas por Piero Gazzola, presidente de ICOMOS, Gabriel Alomar, presidente del Comité Español de ICOMOS, Raymond Lemaire, secretario General de ICOMOS, Emir Maurice Chehab, director general de antigüedades de Libano, Miklos Horler, jefe de sección de intendencia de los monumentos históricos de Hungría, Werner Bornheim gen, Schilling, presidente de la asociación de conservadores de monumentos históricos de la República Federal alemana y André Chastel, profesor de historia del Arte en la Sorbona. El documento final se redactó en la Capilla del Cardenal y se reconocía a la Mezquita-Catedral, Patrimonio de la Humanidad.

Dicha resolución recogía la idea siguiente: "La Mezquita de Córdoba, en este sentido nos ofrece una estructura maravillosamente rica, puesto que al establecimiento antiguo comprobado (existencia anterior de un templo judío y de otro romano) se añade la iglesia visigoda de San Vicente a la que sucede la Mezquita Omeya convertida después en Catedral de Córdoba".

Pero allí la pregunta que le hicimos a don Guillermo Romero, fue la de que nos dijera "cuantos alcázares" había en Córdoba, y él hombre muy preparado en historia nos contestó:

"El primero es el actual palacio del Obispo que según los trabajos arqueológicos parecer ser que fue un palacio antiguo y luego fue del Rey don Rodrigo. Con la llegada de los árabes a España, estos lo convirtieron en su Alcázar muy cerca de la Mezquita.

El segundo Alcázar surgió con la llegada de los almohades (1147-1269), que llegaron desde el norte de África, y a ellos se debe precisamente el barrio amurallado del Alcázar Viejo, que aunque fue modificado por el Arco de Caballerizas Reales, era todo un recinto amurallado y cerrado..

Luego ya en el siglo XIV, los reyes cristianos construyeron el Alcázar de los Reyes Cristianos, y tenemos que decir que los mosaicos que decoran su famoso "Salón de Mosaicos", fueron colocados por los hermanos García Rueda, cuando en 1959, al derribarse la antigua Plaza Metálica de la Corredera, aparecieron en el subsuelo del llamado Arco Bajo  dichos mosaicos".

PRESTAMISTAS Y HERREROS

Hemos hablado de Herreros y hemos hablado de prestamistas, y quien tiene el dinero siempre podrá con el otro.

En la Córdoba de mediados de siglo XX y hasta la actualidad se puede decir que en los talleres que sucedieron a las labores de los herreros, esto es LA CERRAJERÍA, se puede contar con los dedos de la mano los empresarios que hayan podido aguantar ni tan siquiera una generación viviendo de las ganancias del taller. En este espacio de tiempo (40 años), la mayoría ha abandonado el trabajo, han cerrado o los han desahuciado.

Y es que estos talleres durante los años 1960, 70, 80, 90, 2000, se convirtieron como en una dependencia más de las empresas constructoras, ya que todas las ventajas en racionalización y rendimiento en el trabajo, era en provecho de "ESAS CONSTRUCTORAS" que en la mente de todos estos talleres siempre se comportaron como unas "chupa sangre".

Estamos en condiciones de asegurar que cualquier trabajador de un taller de hierros, puede trabajar el doble que cualquier trabajador de una gran empresa. Además con unos medios muy limitados, sacaban adelante todos los problemas. Cuatro rayas pintadas en un papel, ya era suficiente para que te hicieran una puerta de contrapesos, con un funcionamiento exquisito y equilibrado.

Pero todos estos talleres, al igual que los fontaneros, los electricistas y cualquier profesional que haya trabajado para las empresas de la "BURBUJA", han visto como entre los gastos de negociación de los bancos y las exigencias de las Constructoras, como toda su gran profesionalidad se ha visto tirada por los suelos, porque entre otras cosas le pagaban prácticamente lo que ellas querían. Estas empresas insaciables, no se comían los hierros porque no los podían digerir, pero amargaban continuamente a estos esforzados profesionales, que muchas veces se veían negros para poder sobrevivir.


LOS PRESUPUESTOS

Estas empresas no se cansaban nunca, podríamos decir "CHANTAJEAR" a la mayoría de estos pequeños empresarios de la cerrajería, pues en la mayoría de los casos los ponían en la tesitura de:

"Tenemos interés en que ustedes hagan el trabajo, pero si lo quieren ustedes hacer tienen que bajar a este precio".

El bajar a este precio, suponía hacer el trabajo al precio que había dado "un loco" que a lo mejor escondido en cualquier rincón, sin pagar seguros, ni nada, se atrevía a pasar un presupuesto que por descabellado él sabía que nunca lo iba a hacer.

Esta era la clásica "táctica" del cuadrante que puso muy en boga la empresa NORIEGA, y que a veces te confesaban que deseaban que tú le hicieras el trabajo, pero al compararte con el "Loco" te obligaban a que bajaras un 20%.

Sería fácil decir "pues no se hace el trabajo" y basta, pero no cuentan que el taller a lo mejor tiene 12 padres de familia, y la norma en estos talleres no ha sido nunca el despedir a sus trabajadores, así que más que por interés económico, una y otra vez se aceptaban estos trabajos de locos, para poder subsistir.

Se puede decir que estos talleres trabajaban al límite, pues cualquier mejora, cualquier innovación, siempre eran para proyecto del cliente.

Muchas veces cuando ya estaba la obra en marcha, llegaba el arquitecto, y aquí o allí metía cualquier modificación, e intentabas de cobrar un suplemento por esta modificación, y casi siempre te decían más o menos que te lo pagara el "guardia del Realejo".

NORIEGA, GODINO RUIZ HNOS, PRASA, CONSTRUCTORA SAN JOSE, FOMENTO DE OBRAS Y CONTRATAS, ANGEL TIRADO, y un montón más, todas empleaban más o menos las mismas tácticas.

LOS BANCOS 

Salvo honrosas excepciones, estos han hecho auténticas barbaridades con los gastos de negociación que le cobraban a estos pequeños empresarios. Los malos ratos que Paco Losada, el "Madriles" se dio en ese Banco Bilbao, de la Avenida del Generalísimo, eran para no olvidar.

O cuando enviabas una factura a la empresa de las Koplowitz para confirmar, daba la impresión de que se perdía y nadie sabía por dónde estaba, llamabas y llamabas, y no estaba confirmada, y así pasaba casi un mes,  y otro mes más que se añadía a los 120 días, que te daban el papel.

Otros ibas con tu factura con un importe superior al millón, y siempre te daban 500.000 a cuenta, buen papel como se solía decir, pero una forma de alargar los plazos. Y así una anécdota y otra, hasta explicar el porqué casi todas estas empresas han caído, o han desaparecido.

Entre los gastos de los Bancos, y las artimañas para pagar de estas empresas, no había margen para poder seguir tirando.

Había otras empresas que con la letra en la mano para pagarte te hacían como amagos, de dártela o quitártela, teniendo que aceptar que por ejemplo no te pagaran el 3,3% del tráfico de empresas. En una obra como la remodelación del Gran Teatro, que pudo llegar esa facturación a 20.000.000 de pesetas, ese 3.3% suponía 660.000 pesetas, y eso para un pequeño taller era mucho dinero. Al final los herreros hablaron con alguien del Ayuntamiento, que era el promotor de la obra, y creo que le pagaron el tráfico de empresas.

Al margen de los Bancos, y los presupuestos, te podía surgir una empresa que por conocido y amigo del taller, te embarcas con él en una Obra de Chalets de Robledo de Chavela, este fue el caso de una empresa llamada SABARIEGO, que cuando iba por la mitad se quedó sin dineros y todo lo devolvía,

Cuando se presentaron en las Oficinas de SABARIEGO, no quedaba nada para embargar, pues sólo había un paraguas viejo, un botijo y un gato negro maullando posiblemente de hambre.

Hay que significar el papel del “Herrero de San Lorenzo”, encabezando aquella revuelta a manifestación, pues su oficio le hacía ser un pequeño empresario y padecería como ahora todos, los problemas y dificultades que les ocasionan los bancos insaciables de quererlo todo. No creemos que fueran sentimientos de tipo religioso los que le movieran a su actitud que le llevó a la muerte. Hay autores que cuentan como una vez que se llevaron al herrero para la Iglesia de San Lorenzo y celebrarle su funeral, pudieron observar cómo se movió o lo que otros dicen “resucitó”. Unos lo achacan a que un perrillo fiel que tenía había quedado debajo de él y se movió, quizás lógicamente fuera aquello, pero lo que también es cierto es que un notario de Granada, en su certificado testimonial de el acto del entierro, dice textualmente: ”Yo vi como se movió a los tres días de muerto y doy fe”.

LAS CADENAS DEL "CARACOLES"

Al "Cojo" Mariano, en el año 1950, lo metieron en la Prisión Provincial, al ser sorprendido por la calle Zarco con dos copas de más y una escopeta marca “KATANA” al hombro, escopeta, que le había dejado un cliente para su arreglo, y que una vez arreglada, iba a entregársela en "CASA EL PANCHO". de la Calle Montero. El cliente era un tal VIOQUE, cazador furtivo, ya que la escopeta no tenía ningunos de sus papeles en regla.  Al parecer todo fue muy rápido según la versión que se oyó por el vecindario, y es que una pareja de la guardia civil que salía del Bar Casa Aroca, en la Beatilla, se tropezó con él y al verlo con algunos “harapos fuera” y la escopeta agarrada por el cañón sobre el hombro,  lo llevaron al cuartelillo de la Magdalena.

El comandante de puesto “El COLORAO” como le llamaban al cabo MAULEON, le hizo las preguntas justas y al estimar que estaba un tanto “colocado” fue lo que determinó que lo llevaran a la Prisión Provincial; ni que el gordo Leopoldo que estaba en Casa Baltasar y que habló en su favor, sirvió para convencer al cabo. En la cárcel coincidió con otro “cliente” del barrio, un tal Enrique López, que ya por aquellos tiempos había hecho estafa con facturas falsas.

Aquello de la prisión se cundió por todo el barrio como un reguero de pólvora. Precisamente en la Semana Santa de aquél año, y mientras veíamos pasar las procesiones por nuestra “Carrera Oficial Chica”, (Santa María de Gracia-San Pablo), nos llamó la atención un penitente que iba detrás del Cristo del Calvario, arrastrando con sus pies unas enormes cadenas, posiblemente las más gruesas que jamás se vieron en una Semana Santa, y que al llevar la cabeza tapada, no pudimos ver quien las portaba, pero luego se enteró todo el barrio, que el penitente era Rafael Páez, el célebre “Caracoles” hijo de Mariano Páez, que había hecho una penitencia si su padre abandonaba pronto la cárcel. Cosa que ocurrió por la intervención de D. José Serrano Aguilera, párroco de San Lorenzo, que intercedió por él. Las enormes cadenas eran las que utilizaban los autobuses para ser remolcados (él trabajaba en la empresa de Autobuses San Rafael, propiedad de Mifsut), que tenía el garaje en la Avenida de Cervantes.

Con Mariano "El Cojo" estuvo de aprendiz, LUIS CHOFLES MIRANDA, que con el tiempo demostraría, ser mejor cantaor flamenco que herrero, profesión que abandonó para finalmente trabajar para Manuel Benítez “El Cordobés”, en su empresa inicial de FIRGA. Un grupo de amigos de LUIS CHOFLES, conociendo la debilidad que tenía el torero para superar el examen escrito del CARNET DE CONDUCIR, vislumbraron la posibilidad de que el citado CHOFLES,  le sustituyera en el examen y así de esta forma pudo superar el torero éste examen.

Luego estaría de aprendiz MANUEL SÁNCHEZ “EL IYI" que estuvo dándole al fuelle poco tiempo, pues pronto se colocó en el bar CABALLANO de la Calle SAN ÁLVARO, bar que por cierto, y en su misma puerta, ocurrió por aquellos tiempos (años cincuenta del pasado siglo), un grave altercado entre Pepín Moreno Corpas y un hijo del general D. Antonio Castejón, al que apodaban "El Polvorilla", y que fue  deportado de Córdoba por aquel incidente.

No cabe duda de que el enfrentamiento en la puerta del citado Bar, no se pareció para nada a esos duelos de honor para los que había en Córdoba, ya desde 1481, escuelas y profesores de esgrima, según documentos del archivo de la CALLE POMPEYOS.

Hablando de militares y de la "Mili", el bueno de Manolo Sánchez “El IYI" quedó muy contento cuando se enteró que después del "sorteo" se quedaba en Córdoba, en el cercano cuartel de Lepanto, para hacer el servicio militar. Pero su gran disgusto le llegaría poco tiempo después, cuando un día de enero de 1958, lo movilizaron para la guerra relámpago de SIDI IFNI. Fueron varias compañías las que salieron del cuartel de Lepanto y camino de la estación de embarque por ferrocarril, pasaron por San Lorenzo desfilando con solemnidad al toque de la banda, lo que causó una sensación de preocupación en todo el barrio, pues en aquellas compañías iban por lo menos 10 jóvenes del barrio.

Posteriormente nos enteramos por los periódicos, de los legionarios que cayeron en aquella “guerra olvidada”, que enfrentó a España con “partidas” de marroquíes partidarios del futuro rey Hasan II, que ya pretendían apoderarse del norte de los territorios españoles del Sahara, buscando, descaradamente el control de los yacimientos de FOSFATOS de BUCRA, que fueron descubiertos y potenciados económicamente por España desde el año 1947. Igualmente buscaban dominar, como lo hicieron, el importante "Banco de Pesca" de esa zona del litoral Africano.

Los marroquíes en todo momento se sintieron apoyados por el ejército americano. Para más inri, los yanquis “prohibieron” al ejército español, que utilizara el armamento que ellos le habían entregado por los acuerdos llamados AYAN. El primer día de esta “sorpresiva” guerra costó la vida de 48 legionarios, siendo 198 soldados el número total de  españoles fallecidos  por la Patria.  Afortunadamente se firmó una paz

EL APÓSTOL SANTIAGO Y EL VINO DE “PESETA” En la taberna de la Sociedad de Plateros al principio del siglo XXI, y al mediodía coincidían un grupo de amigos en torno a la barra y alrededor de un medio de “peseta”. Eran buenos contertulios, Agustín Jurado,  antiguo encargado de Zafra Polo, que también era un dechado en conocimientos y afición taurina. Otro era Rafael Bonilla Vilela, de profesión veterinario y un gran entendido y aficionado en temas lógicos de ganaderías y caballos. Otro gran animador de las tertulias era Benito Martínez, un archivo viviente en temas de cinematografía.

Se habló de cine y de la película BEN HUR, y dijo Benito que la escena de la carrera de cuadrigas, tan impresionante, tardó tres meses en rodarse, y que además fue rodada por un ayudante de dirección, que no fue WILLIAN WILER, que era el director. Esta película añadió Benito, era de tal categoría, pues le concedieron ONCE OSCAR, que además es una de las pocas películas que se encuentra desde el 2004, en la Biblioteca del Congreso de los Estados Unidos.

Rafael Bonilla Vilela, gran experto y enamorado de los caballos, comentó que los caballos que representan en la película a ALDEBARÁN, ANTARES, RIGEL Y ALTAIR, eran unos ejemplares sensacionales de la raza árabe pura, con una característica muy peculiar en los caballos del mediterráneo, que son caballos sin herrar. Efectivamente la belleza, la longevidad y fortaleza del caballo árabe, residió históricamente en que nunca se herraron. Además, para terminar este comentario, dijo: “Si el caballo hubiera necesitado ser herrado, lo hubiera hecho Dios con herraduras”.

Y para corroborar su información sobre los caballos nos aclaró: “Que en Córdoba existe información bien documentada de que más allá del Puente, o lo que es igual en el actual CAMPO DE LA VERDAD, se celebraban carreras de caballos al poco de ser conquistada Córdoba en el año 1283. Según consta en el Manuscrito 125, folio 96 rv, del Archivo de la Catedral.

El bueno de Agustín Jurado, no quería ser menos y sacó en discusión la visita del OBISPO CIRARDA, a la Taberna de la Sociedad de Plateros, empezó diciendo:

“MONSEÑOR CIRARDA" realizó en el año 1975, y acompañado del Vicario General D. Valeriano Orden Palomino, una visita a las PEÑAS, existían entonces en esta taberna de la Sociedad de Plateros, a recordar: LA PEÑA EXCURSIONISTA CORDOBESA, LOS ROMEROS DE LA PAZ,  LA PEÑA DE PALOMOS DEPORTIVOS, LOS BOHEMIOS, y LA PEÑA EL RELENTE, etc. etc.  (Hoy por cierto no hay ninguna Peña, ya que los taberneros las pusieron a todas en la calle). En esa visita el Obispo y en el rato que estuvo en el local con los  Excursionistas, se sentó junto a Miguel Alonso, Antonio Martínez y  Manuel Aranda,  el Obispo, con el catavinos en la mano explicó”:

“El padre Jesuita MIGUEL JOSE MACEDA, en su libro ACTAS SINCERAS, (1798), y en el último capítulo, da argumentos históricos suficientes para demostrar que el Apóstol Santiago estuvo en España, y no cabe duda si eso es verdad, que cuando dice el apóstol “Y probé un buen vino al pasar por  Hispania”, se tenía que referir no cabe duda a este "VINO DE PESETA", que me habéis dado a probar.  

Entonces el bueno de Miguel Alonso, le preguntó al Obispo, por el buey que se “ringó” al trasladar la columnas de la Mezquita, a lo que el Sr. Obispo le contestó: “Yo de eso, y de la historia de Córdoba, se bien poco, porque soy del norte, pero si te puedo decir que el Buey que hay debajo de uno de los púlpitos de la Catedral, está allí porque es el símbolo del evangelista San Lucas.

Y refiriéndose a estos comentarios ocurridos en el año 1975, el año en que el príncipe Juan Carlos, visitó  Córdoba, (por cierto con gran disgusto del alcalde  ALARCON CONSTANT, pues el Río Guadalquivir olía lo suyo, debido a la sequía que padecíamos), el amigo Agustín Jurado Benítez, dijo con simpática autoridad:

“Eso del buey es un cuento chino que nos contaban a todos nosotros de pequeños y que al no estar preparados en temas de evangelios, íbamos a la Catedral y observábamos al buey medio “ringado” y se acrecentaba nuestra confusión. El único transporte que está documentado en la Mezquita-Catedral de Córdoba, es el traslado de la FUENTE CENTRAL DEL PATIO DE LOS NARANJOS, (anterior a esta), que fue transportada en el año 968 aprovechando “rulos de madera” tirados por 3 parejas de bueyes. Después de decir esto, el amigo Agustín, bebió un trago de vino y se quedó tan tranquilo. 


PEPIN MORENO CORPAS Y LOS ESTUDIANTES DE VETERINARIA

Era el 22 de Marzo de 1964,  todavía se comentaba por todos sitios el accidente de un avión DC-3, que había tenido lugar el martes anterior en el pueblo de “La Esperanza”, muy cerca del aeropuerto de los Rodeos en Tenerife, y que le costó la muerte a los cuatro tripulantes y hubo una veintena de heridos entre ellos el ministro de trabajo ROMEO GORRIA, y su equipo de colaboradores.

Pues bien ese domingo, Antonio Camargo y yo, tuvimos necesidad de ir a trabajar a CENEMESA, en el horario de 6 a 14. El vivía en la Calle Almanzor y yo le esperaba en el recordado  “Bar Playa”, para que me recogiera con su VESPA color verde claro. Y digo “recordado” porque ese “Bar Playa”, junto a la estatua de Julio Romero de Torres, fue desde la inauguración de la UNIVERSIDAD LABORAL, parada origen para los alumnos de aquella primera promoción de laborales. Allí se montaba Bravo Antibón, Arjona Vázquez, Sepúlveda Mora, Camacho Muñoz, Pineda Medel, Luque Aranda, Mariano del Águila, Jiménez Alcantarilla, Benito Ordoñez, Antonio Márquez, Antonio Salcedo, etc. etc.

Me recogió como he dicho en el “Bar Playa”, y nos paramos en el "Quiosco de San Rafael", que estaba situado junto a la Pérgola de la Flores, y era propiedad de la Confitería San Rafael. Al frente del negocio estaba Rafael Mirita, que era pariente de los confiteros “Mirita”, de la Calle Concepción.

Eran la cinco y media de la mañana y mi amigo Camargo y yo entramos en el Quiosco a tomar café, nada más entrar, observamos a un grupo de estudiantes de Veterinaria a la derecha, que por sus conversaciones eran estudiantes, dando la impresión de que estaban un tanto “colocados”, ya que según parecía habrían estado toda la noche de "imaginaria".  Hacía el lado izquierdo vimos a dos personas no muy mayores, que también tenían semblante de haber dormido poco.

Nosotros llegamos y a un tal Rafael que era el que atendía la barra, le pedimos dos cafés con leche. Casi al mismo tiempo uno de los presuntos estudiantes de veterinaria, con voz con timbre sudamericano dijo:

 “Amigo pon aquí tres copas de coñac, pero sin apenas terminar de hablar dijo con voz más potente, que sean dos copas más para estos señores que acaban de llegar”.

Después de darle las gracias, mi compañero Camargo, de forma correcta le contestó al joven estudiante:

 “Perdone usted, se lo agradecemos, pero nosotros vamos para trabajar y no podemos tomar alcohol”.  

Como si de un insulto se tratara, otro de los estudiantes contestó: “Ustedes se toman esa copa y se van a trabajar pues a mi amigo Carlos, no se le rechaza una invitación”.

Nosotros nos quedamos un poco confundidos y sin saber qué hacer, pudimos observar que el camarero se callaba y no decía nada para arreglar aquella situación.

Estando en esa situación que nos pareció muy tensa, surgió uno de los dos que estaban en la parte de la izquierda y acercándose a nosotros, dijo con voz potente:

“A estos dos muchachos que van a trabajar hay que respetarlos y más todavía todos nosotros que somos unos holgazanes y que hemos estado toda la noche de fiesta”.

Aquellas palabras, aunque vinieron en defensa de nosotros, hicieron subir aún más la tensión, pues el más pelirrojo de los tres estudiantes de Veterinaria, avanzó hacía nosotros en plan amenazante. Fue tan rápido lo que allí pasó, que incluso nos marchamos sin pagar, pues el hombretón de la izquierda se lió a pegar “sopapos” a los tres estudiantes, de tal forma que salieron todos poco menos que corriendo, dejando atrás incluso, un especie de cazadora.

 Luego nos enteramos que el que salió en defensa nuestra fue el conocido Pepin Moreno Corpas, novillero y novio de la famosa bailaora la Tomata, que desgraciadamente moriría un mes después en la noche del 11 de Abril en un tremendo accidente de coche, cuando acompañado de su novia, circulaban por la Avenida de Obispo Pérez Muñoz, chocando con una farola en dirección para la Fuensantilla, a la misma altura de unos terrenos que tenía allí el Cordobés con el nombre de FIRGA.

Pepín Moreno, a decir de muchos que le conocieron y le trataron fue un hombre de una tremenda bondad para todo el mundo, menos para él, ya que por su situación familiar podía haberse labrado un gran porvenir en esta vida, pero él optó por vivir una vida, sin red de protección. La noche fue testigo inseparable de sus felicidades y desencantos. Todo el mundo coincide en reconocer que siempre supo entregarse por los demás, con especial atención a los más débiles.

En cualquier disputa, o pelea, no le importaba que le superaran sus contendientes, allí estaba él para darlo todo. No era malo, aunque algunas veces sus formas de actuar eran algo “egocéntricas”. Quizás por ello también se enfrentó con la Iglesia, en la persona del Cura D. Juan Jurado Ruiz, y quizás por ello, después de su muerte no tuvo funerales eclesiásticos, por lo que fue enterrado en el llamado cementerio de los “protestantes”. Allí estaba con los agnósticos, con los que se consideraban ateos y los que se suicidaban. Esto disgustó mucho a la familia, que en Julio de 1968, consiguió sacarlo de allí y pasar sus restos al panteón familiar. Todavía recuerdo que cuando llegaba la Fiesta de los Santos, la bovedilla de José Moreno Corpas, que estaba junto a la del industrial Benito Lozano, era un desfile continuado de personas en su mayoría jóvenes, que querían conocer al que fue el gran amor de La Tomata, excelsa bailaora de la Plazuela de los Gitanos.


PEQUEÑO RESUMEN

Sobre el tema de la habilidad de los judíos y los conversos para “manejar los dineros”, tenemos aquí la opinión del Catedrático de Historia Medieval D. JULIO GONZALEZ GONZALEZ, (1915-1991), que fue premiado por su obra Fernando III el Santo, por la que se le concedió en 1987, el Premio Nacional de Historia. Este hombre era sumamente discreto y nunca le apeteció entrar a formar parte de la Real Academia de la Historia, porque nunca le gustó lo dimes y diretes que entre bastidores ocurrían en el seno de la Universidad. Por ello quizás tengan importancia las palabras que pronunció en varias conferencias sobre los judíos en España. Su comentario fue: “Los judíos fueron los únicos que supieron ver la importancia real del dinero en la Edad Media”.