jueves, 29 de noviembre de 2018

RECORDANDO EL PEROL CORDOBÉS

Escenas del Perol


Y CANTABAN ASTURIAS PATRIA QUERIDA...


Es el perol la comida entre familiares y amigos, generalmente fuera del casco urbano de la ciudad, en el campo bajo techo o al aire libre, Y ese detalle de ir de perol fue desde siempre una cosa consustancial con los cordobeses y con la ciudad de Córdoba. No fue el perol una idea de universitarios, ni de gente ilustrada, fue el perol cosa de la gente sencilla, amable, y bien avenida y que disfrutaban de cualquier oportunidad, para disfrutar del campo, bebiendo y   comiendo juntos. Posiblemente el mejor filosofo que tuvo el perol cordobés fuera el popular Margas, que supo describir como nadie en sus paisajes expuestos en las antiguas tabernas. El sentido y toda la sensibilidad de este apacible "cuadro de convivencia al aire libre" que se puede decir constituyó históricamente el hecho del "perol cordobés".

La palabra ir de perol, significaba estar un día pasándolo bien entre los familiares, los compañeros y los amigos, comiendo, bebiendo y opinando incluso de cosas que estaban calladas. Allí en el campo y en el escenario del perol todo el mundo, cantaba, bailaba y hasta hacía sus pequeñas pantomimas, y es que el vino bien moderado todo lo simplificaba y lo enaltecía.

Había peroles que tenían lugar en las distintas fincas de Córdoba como; La Chiribía, los Tasqueros, la Ballesta, Pedrajas, el Cerro del Trigo, El Negrete, el Melgarejo, Las Cuevas, El Soldado, la Porra, la Gorgoja, y otras fincas cercanas a Córdoba, pero el sabor de los "Peroles de Verdad" eran al campo libre y a poder ser junto al Arroyo, por lo que más libertad imposible. Quizás el Perol, era una forma de sentirse totalmente libres sin saberlo. 

Antes, y en los preparativos del perol, se repasaban todos los avíos y cacharros que se fueran a necesitar en la jornada campestre. Existían como tres elementos que se podían considerar, como algo imprescindibles, tales como "El Perol" la "Damajuana del vino" y como no, "EL Jarrillo de lata". El primero lógicamente para guisar el arroz, el segundo para llevar el vino que se iba a beber. y el tercero y más sencillo qué servía para repartir el vino "chupito" a "chupito", entre otras cosas, para que el vino cundiera y tampoco nadie se pasara. Estos "Jarrillos de lata" se solían hacer de los botes vacíos de la Leche "Condensada la Lechera", por lo que tener un "Jarrillo" de aquellos era poco menos que tener algo muy importante.

A los peroles se solían llevar los pollos, los conejos, y algunas carnes por preparar. Los animales vivos, se solían matar "in situ" y esa era una labor adecuada para la ordenada y sensata labor de las mujeres del perol. Pero en honor a la verdad muchas veces la comida era lo de menos, y lo importante era la buena disposición a pasar un buen día al aire libre con los familiares o con los amigos. En un perol podía faltar por error el pan, las aceitunas, o cualquier otra cosa, pero se consideraba imperdonable el hecho de que se olvidase el vino o éste viniera escaso. Menos mal que por suerte y nada más pasar el Puente de Pedroches, estaba la "Venta de Pedroches", en donde te vendían el vino de "peleón" o de 24 que necesitaras.

Normalmente en invierno los peroles de la gente que vivíamos del "Realejo para abajo",  solíamos celebrarlo en la zona de Pedroches, junto al arroyo del mismo nombre. Desde el Puente y la zona del "Sombrero del Rey" hasta el llamado Puente de Hierro, eran los lugares escogidos por todos los que iban de perol. Eran normal que se adelantaran los más jóvenes, ellas y ellos, y tendiendo sus mantas en el suelo, delimitaran sus mejores sitios para disfrutar del perol y articulaban incluso la colocación del columpio..La Fuente del Majano, y las Terrazas de piedra Pizarra cercanas al Puente de Hierro eran los lugares más solicitados.

En cambio los que vivían por la zona "más allá del Realejo", sus lugares elegidos para los peroles eran la Huerta del Alcázar, y la Alameda del Obispo.

Eso si, a los peroles había que ir preparados y no dejar nada a la improvisación. Algo de esto nos ocurrió un día que fuimos de "perol" cerca del llamado "Arroyo de los Locos", que en Alcolea recibe el nombre de "Guadalbarbo". Recuerdo que a aquél "perol", fuimos un grupo de amigos, entre los que quiero recordar al "Cojo Palanca", "Paco Rubiano", Miguel Expósito, Luis Hernández, Francisco Luque, Rafael Vázquez, Pepe Zamora "El Cebollita" Ángel González "El Calvi", Rafael Vázquez, y unos cuantos más entre los que se encontraba un hijo del "Carriles" de San Agustín. El tema del vino estaba resuelto pues se llevaba vino en cantidad abundante. No fue así el tema de la carne, pues todo iba en función de las "bogas" que se pescaran en aquél Arroyo que en el mes de abril era todo un "hervidero" de bogas..

Y la verdad que la cosa parecía que estaba resuelta en el tema de la carne pues nos acompañaban por lo menos 6 cañas de pescar, en manos de buenos y expertos pescadores en el tema de las "bogas". Se trataba de preparar un perol a base de pedazos de "boga" convenientemente fritos y crujientes, y después de fritos, se introducía cada "fritada" en una especie de "Mete y Saca" en el aquél dornajo de "Adobo" que con su sabor a orégano y todo, había preparado Ángel González Tapia "El Calvi". por lo que teníamos casi asegurado un exquisito manjar.

Pero desgraciadamente aquello no fue así, y sólo se quedó en un posible "manjar", y es que  quizás fuera por el sentido del aire, la orientación del sol. o la mala suerte;. la verdad es que allí nadie pescó nada. Y menos mal que no se hizo caso de un interno del cercano Hospital Psiquiátrico, que al percatarse de que los peces no picaban, se presentó con un "carburo" poco menos que para echarlo sobre el Arroyo, porque de esta forma y según decía su abuelo, "reventaba" el Arroyo y los peces salían a flote todos. Nos costó bastante trabajo disuadir a aquél enfermo mental de nombre Blas, de que se alejara con el dichoso "carburo" y las ideas tan tremendas de su "abuelo". Ante esta situación algunos optaron por marcharse del perol, y se acercaron al cercano Bar Carmona de Alcolea a comer algo, pero los que nos quedamos conseguimos algunas patatas en el chozo de una finca de al lado. Sería Pepe Zamora "El Cebollita" el que se encargó de freír unas patatas con los tomates previstos del picadillo, pero quizás no tuvo en cuenta quitarle un poco la acidez a los tomates, por lo que después de comer aquella fritura, nos venimos para Córdoba con el esófago que nos parecía un tubo de escape por la dichosa acidez del tomate frito. Por tanto en los peroles y de partida no puede faltar: El perol, la carne y el vino..  .

Cuando llegaba el verano, y con el calor, las zonas elegidas para estos peroles, eran zonas cercanas con la posibilidad del baño o el chapuzón en el agua. Así eran muy solicitados lugares como Lope García, El Soto, el Molino Carbonell, o la Alameda del Tiritar, que antes que se instalara allí La Fábrica de "Cervezas El Águila", el Arroyo de Rabanales era una bendición de agua clara y nítida para bañarse.

Decía Ricardo Molina, que en los peroles no era el lugar más indicado para escuchar buen cante, ni tampoco apropiado para bailar por el lógico desnivel del terreno, pero si era el lugar idóneo para que cualquiera se atreviera a hacer lo que creyera oportuno, al sentirse libres y entonados. Había gente que les era habitual hacer "un recorrido" de perol en perol, visitando amigos e incluso compañeros del trabajo, y allí en todos aquellos peroles, con el saludo le daban a probar "un chupito" de vino, que más que si se tratara de una economía en el vino, era una forma de controlar lo que se bebía.

Además la gente aquella tenía imaginación y ocurrencias, éste era el caso de Gabriel González Ruiz, al que cariñosamente se le llamaba "El Padrino", entre otras cosas porque bautizó a casi todos sus sobrinos. El  decía que por aquellos tiempos y a falta de controles de alcoholemia, en los peroles a algunos se les hacía "pasar" por el "Canal de Guadalmellato", (que cruzaba el valle que formaba el Arroyo de Pedroche), Ahí sin achaques de jaramagos, desniveles, u otros obstáculos, el que no cruzaba de forma recta y continuada aquella "pasarela", es que estaba quizás más "cargado de la cuenta". Hubo incluso una época en que se propiciaban estos desfiles de forma voluntaria para indicarles al resto de familiares de que uno estaba bien.

La gente más joven del perol daban rienda suelta a sus juegos, y ya se montaban en el columpio, jugaban a la pelota, o simplemente tiraban piedras al Arroyo. Los que eran un poco adolescentes ya se dedicaban a hacer sus excursiones, bien para conocer el campo, o para mostrar ante la vecina o la amiga su habilidad para coger bellotas, subir a cualquier árbol o trepar por cualquier cerro, todo ello buscando cualquier mérito amoroso.

Las mujeres ya hechas y derechas eran la encargadas de preparar "Las Sardinas Asadas" que de forma ritual era lo que se comía a media mañana. Eran sardinas grandes y de buenos lomos y que en nada se parecían a las que posteriormente y en aquellos años de veraneo en la playa  te ponían en los chiringuitos y te las comías como un "espeto", y que pagabas por un importe casi superior al coste de casi todo el perol.

Ya más adelante eran los hombres los que organizaban de alguna forma la candela y la preparaban con sus piedras, para que el "perol" tuviera buen acomodo o asiento. Algunos buscaban leña y otros rebuscaban por los alrededores algún que otro espárrago para echárselo al arroz. Varios hombres alrededor del "perol" y entre "chupito y chupito" llevaban a cabo el mareo del refrito. Mientras las mujeres troceaban la carne, mataban el pollo, o preparaban los conejos. Normalmente eran los hombres como hemos dicho los que iniciaban el guiso del perol, pero casi siempre eran las mujeres las que lo terminaban. Por supuesto el vino que se solía llevar para la ocasión era una especialidad flojita de 24, u otro similar. No se podían llevar vinos de los llamados "duros" pues se trataba de estar toda la jornada del perol tomando "chupitos" sin que te llegaran a dominar mucho. Y es que todos conocíamos perfectamente de que había vinos muy buenos pero algo "cabezones", y que también existían vinos que bien que los disfrutabas pero que al poco rato te "volcaban". o te "anulaban", y obviamente ya no podías disfrutar del resto del perol, ni tampoco cantar a la vuelta a casa, el simpático "Asturias Patria Querida"....".

Por aquellos tiempos principios de los años 1945-1955 la canción "Asturias Patria Querida..." era cantada por la mayoría de "Perolistas" que a la vuelta del Campo, formaban interminables colas de gente que cantaba y disfrutaba por el camino de la Carretera de Almadén. (Desde Asland hasta la misma Fuensantilla,) Y es que aquello era una auténtica multitud festiva de gentes que volvían del campo. Cada uno de su perol, pero formando una interminable fila que llenaban la citada carretera. Incluso algunos, quizás por haber perdido cualquier apuesta, volvían con la cara tiznada por la carbonilla del perol. Concretamente en la "Taberna de los Perros" había una foto en la que aparecía un tal "Melindres" que siempre que iban de perol, se pintaba la cara con tizne y el redondel de los ojos de blanco. Por aquellos tiempos ni había vehículos ni carromatos por lo que todo el mundo venía andando. Algunos los más organizados formaban incluso unos coros con canciones simpáticas como: "De Colores....", o "Asunción echa vino que no sea ni blanco ni tinto..." Pero la canción que más solía cantar la mayoría de la gente era "Asturias Patria querida..." y casi siempre era a la llegada a Córdoba y nada más aparecer por la Fensantilla. La verdad es que aquella canción era sintomática de todos volvían felices del "Perol" e incluso los más atrevido solían hacer el solitario de "Tengo que subir al árbol, tengo que coger una flor...". 


Cuadro pintado por el "Margas"

Muchas veces nos preguntamos el porqué esa costumbre de cantar aquella bonita canción, y nunca la hemos encontrado en documentos escritos, ni en historias populares. Sería una vez más Paco Lopera, "El sabio"  de la Corredera, gran amante de la zarzuela y de las cosas de Córdoba el que nos diría: "Hubo una época que los autores de zarzuelas solían incluir en sus coros a una serie de borrachos que cantaban el "Asturias Patria querida...". Esa costumbre de los Teatros de la zarzuela se trasladó a los Peroles y a la gente que se bebía una copa de más.

Y como no a la hora de hablar de los peroles quiero citar a la simpática "Peña el Octavo", una Peña que se fundó en la taberna de Pepe Jiménez cuando ocupó la que fuera taberna "Casa Huevos Fritos". Esta Peña estaba compuesta por 8 amigos de ahí el título de "El Octavo", pues sus componentes eran las personas más sencillas y discretas que entraban en la citada taberna. Allí en sus tertulias predominaba su amor a los colores del Córdoba CF. y allí solían preparar sus peroles que los prodigaban cada dos por tres. Formaban esta Peña los hermanos Santos Iglesias, el amigo Polo, Carlos, Mesa, Rodríguez, el simpático "Micaelo" y un tal Gómez que era el eficiente cocinero. Más de una vez se solía unir a esta Peña el simpático y singular José González de la Cuesta, "El Lechón" que era en todo momento el exponente del amor a su Córdoba y a su Barrio. Pero siempre llamaba la atención que el amigo "Polo" un enamorado del bel canto entonaba siempre "El vino que tiene Asunción...Ni es tinto ni blanco ni tiene color...", pero esa era una canción que cantaba la gente feliz y que el vino lo hacía más felices aún..

También tuvieron estos simpáticos amigos de la Peña "El Octavo", su pequeña historia que les pasó en un "perol" que estaban disfrutando cerca del Puente Mocho, y es que mientras estaban preparando "El perol", apareció por allí una vaca parida que venía siguiendo al becerro que se había parado allí junto a ellos, por lo que tuvieron que poner pies en polvorosa y subiéndose unos al árbol más próximo y otros buscando refugio en el propio Río, para salvar el pellejo, Menos mal que llegó el vaquero, que lógicamente y a su manera se llevó de allí a la vaca, y todo quedó solucionado. La vaca pertenecía a la cercana finca la Ribera Baja. Aquella escena huyendo de la vaca parida, fue comentada y conocida en todo San Lorenzo, pero la verdad es que ellos lo debieron pasar algo regular. Aquél perol por la huida ante la vaca quedó grabado en la mente de estos simpáticos amigos del "perol".




Otro cuadro del "Margas" que se encuentra 
en la Calle Céspedes


Precisamente en la "Taberna de los Perros" desde hacía mucho tiempo existían dos cuadros paisajistas que recreaban dos escenas de peroles en la que los componentes del "perol" se ven amenazados por la presencia de un toro y todos ponen pies en polvorosa huyendo de aquél animal. Estos paisajes puestos al habla con Pepe Laguna Martínez, nos indicó que fueron pintados por un sencillo paisajista al que llamaban "El Margas" y que llenó algunos bares de estas escenas bucólicas y de viejos recuerdos campestres tipo "naif". Este paisajista de regular fortuna, cansado de pasar dificultades, y ya casi sin vista, llegó a vender incluso cupones, y siempre se sintió orgulloso de ser el único pintor que supo recrear como paisajista, los lugares simpáticos y campestres de nuestros peroles.

De este popular "Margas· en un artículo publicado en el "Diario CÓRDOBA" el 4 de febrero de 1955, el poeta y profesor Ricardo Molina Tenor, pública un maravilloso artículo con el seudónimo de Eugenio Solís, en el que de alguna forma al sencillo y olvidado pintor paisajista   "Margas" lo define como un auténtico filosofo de esa cultura del Perol cordobés ya que supo reflejar como nadie en sus cuadros, la amistad y la convivencia, bebiendo y disfrutando con los amigos. Pudiéramos decir que con sus pinceles llegó a captar hasta el sabor del "refrito" del arroz de aquellos peroles e incluso el "olor" de las sardinas asadas.. Estos cuadros además de los citados en la "Taberna de los Perros", también hubo algunos en la Taberna Casa Ogallas, en el Jardín del Alpargate, precisamente en el cuarto en el que "Manolo el Sorna", solía ajustar las cuentas de la venta de su Lotería y sus rifas, por cierto que el número suscrito de Lotería que tenía el Sorna de toda la vida era el 25.857, y que se recuerde jamás tocó nada. Allí se le podía ver con su famoso palillo en la boca y su pedazo de algodón en una oreja. Al parecer los cuadros que había del "Margas" en esta taberna, se los facilitó Enrique Ogallas, a un nieto del Guerra que tenía su "novia" en la Calle El Queso. a la que la llamaban "La Señorita" al lado de Café Santa Cristina. También hubo algunos cuadros de este pintor en la Taberna 24 de la calle Montero.. 

 Este sencillo pintor, cansado de pasar totalmente desapercibido, optó por marcharse a la zona del Levante español, para intentar cambiar de aires. Al desaparecer la "Taberna de los Perros", por muerte de Pepe Laguna, su familia vendió dichos cuadros a un tratante de antigüedades que se interesó por ellos. Estos dos cuadros se pueden apreciar en una taberna moderna de la calle Céspedes, en el llamado "Patio de las Columnas", propiedad de Rafael Bustos, el que fuera chófer y hombre de confianza del Conde de Cañete de las Torres.  

Cualquier persona que no sea de Córdoba, o incluso los jóvenes de nuestra ciudad que lean el maravilloso articulo semanal de Tico Medina, titulado “El Perol Cordobés", les confundirá por completo, pues una cosa que fue una tradición singular de la gente de Córdoba, lo ha convertido él, en un mal escaparate, trayendo cada semana a una serie de personajes que en muchos casos, ni conocen y ni saben nada de Córdoba. Y menos aún tienen relación alguna con el auténtico “Perol cordobés.”

Con razón dice el periodista Víctor Márquez Reviriego, en (El Día de Córdoba 27/01/2013). “Los periodistas de mi generación somos una  degeneración”. 

Pocas cosas tenemos los cordobeses, pero trayendo a estos periodistas “tipo camaleón” para que cuenten nuestras cosas peor vamos a quedar para la historia. El día de mañana, nuestros nietos y descendientes, posiblemente quieran saber algo de esa costumbre cordobesa, que consistía en ir un día de campo y  entre amigos y familiares a comerse un perol. Eso,  nada tendrá que ver con lo que más o menos nos dice este periodista, que lo mismo habla de personajes que no han “Pegado un palo al agua", que nos pone a cualquier Belén Esteban, o persona por el estilo. Muchas veces intenta como poner los dientes largos, relatando la última e idílica noche de bodas de la duquesa de Alba. Por favor Córdoba y sus costumbres merecen un respeto.