Escenas del Perol
Y CANTABAN ASTURIAS PATRIA QUERIDA...
Es el perol la comida entre
familiares y amigos, generalmente fuera del casco urbano de la ciudad, en el
campo bajo techo o al aire libre, Y ese detalle de ir de perol fue desde
siempre una cosa consustancial con los cordobeses y con la ciudad de Córdoba.
No fue el perol una idea de universitarios, ni de gente ilustrada, fue el perol
cosa de la gente sencilla, amable, y bien avenida y que disfrutaban de
cualquier oportunidad, para disfrutar del campo, bebiendo y comiendo juntos. Posiblemente el mejor
filosofo que tuvo el perol cordobés fuera el popular Margas, que supo describir
como nadie en sus paisajes expuestos en las antiguas tabernas. El sentido y
toda la sensibilidad de este apacible "cuadro de convivencia al aire
libre" que se puede decir constituyó históricamente el hecho del "perol
cordobés".
La palabra ir de perol,
significaba estar un día pasándolo bien entre los familiares, los compañeros y los
amigos, comiendo, bebiendo y opinando incluso de cosas que estaban calladas.
Allí en el campo y en el escenario del perol todo el mundo, cantaba, bailaba y
hasta hacía sus pequeñas pantomimas, y es que el vino bien moderado todo lo
simplificaba y lo enaltecía.
Había peroles que tenían
lugar en las distintas fincas de Córdoba como; La Chiribía, los Tasqueros, la
Ballesta, Pedrajas, el Cerro del Trigo, El Negrete, el Melgarejo, Las Cuevas,
El Soldado, la Porra, la Gorgoja, y otras fincas cercanas a Córdoba, pero el
sabor de los "Peroles de Verdad" eran al campo libre y a poder ser
junto al Arroyo, por lo que más libertad imposible. Quizás el Perol, era una
forma de sentirse totalmente libres sin saberlo.
Antes, y en los preparativos
del perol, se repasaban todos los avíos y cacharros que se fueran a necesitar en
la jornada campestre. Existían como tres elementos que se podían considerar,
como algo imprescindibles, tales como "El Perol" la "Damajuana del
vino" y como no, "EL Jarrillo de lata". El primero lógicamente para
guisar el arroz, el segundo para llevar el vino que se iba a beber. y el
tercero y más sencillo qué servía para repartir el vino "chupito" a
"chupito", entre otras cosas, para que el vino cundiera y tampoco
nadie se pasara. Estos "Jarrillos de lata" se solían hacer de los
botes vacíos de la Leche "Condensada la Lechera", por lo que tener un
"Jarrillo" de aquellos era poco menos que tener algo muy importante.
A los peroles se solían
llevar los pollos, los conejos, y algunas carnes por preparar. Los animales
vivos, se solían matar "in situ" y esa era una labor adecuada para la
ordenada y sensata labor de las mujeres del perol. Pero en honor a la verdad
muchas veces la comida era lo de menos, y lo importante era la buena
disposición a pasar un buen día al aire libre con los familiares o con los
amigos. En un perol podía faltar por error el pan, las aceitunas, o cualquier
otra cosa, pero se consideraba imperdonable el hecho de que se olvidase el vino
o éste viniera escaso. Menos mal que por suerte y nada más pasar el Puente de
Pedroches, estaba la "Venta de Pedroches", en donde te vendían el
vino de "peleón" o de 24 que necesitaras.
Normalmente en invierno los
peroles de la gente que vivíamos del "Realejo para abajo", solíamos celebrarlo en la zona de Pedroches,
junto al arroyo del mismo nombre. Desde el Puente y la zona del "Sombrero
del Rey" hasta el llamado Puente de Hierro, eran los lugares escogidos por
todos los que iban de perol. Eran normal que se adelantaran los más jóvenes,
ellas y ellos, y tendiendo sus mantas en el suelo, delimitaran sus mejores
sitios para disfrutar del perol y articulaban incluso la colocación del
columpio..La Fuente del Majano, y las Terrazas de piedra Pizarra cercanas al
Puente de Hierro eran los lugares más solicitados.
En cambio los que vivían por
la zona "más allá del Realejo", sus lugares elegidos para los peroles
eran la Huerta del Alcázar, y la Alameda del Obispo.
Eso si, a los peroles había
que ir preparados y no dejar nada a la improvisación. Algo de esto nos ocurrió
un día que fuimos de "perol" cerca del llamado "Arroyo de los
Locos", que en Alcolea recibe el nombre de "Guadalbarbo".
Recuerdo que a aquél "perol", fuimos un grupo de amigos, entre los
que quiero recordar al "Cojo Palanca", "Paco Rubiano",
Miguel Expósito, Luis Hernández, Francisco Luque, Rafael Vázquez, Pepe Zamora
"El Cebollita" Ángel González "El Calvi", Rafael Vázquez, y
unos cuantos más entre los que se encontraba un hijo del "Carriles"
de San Agustín. El tema del vino estaba resuelto pues se llevaba vino en
cantidad abundante. No fue así el tema de la carne, pues todo iba en función de
las "bogas" que se pescaran en aquél Arroyo que en el mes de abril
era todo un "hervidero" de bogas..
Y la verdad que la cosa parecía
que estaba resuelta en el tema de la carne pues nos acompañaban por lo menos 6
cañas de pescar, en manos de buenos y expertos pescadores en el tema de las
"bogas". Se trataba de preparar un perol a base de pedazos de
"boga" convenientemente fritos y crujientes, y después de fritos, se
introducía cada "fritada" en una especie de "Mete y Saca"
en el aquél dornajo de "Adobo" que con su sabor a orégano y todo,
había preparado Ángel González Tapia "El Calvi". por lo que teníamos
casi asegurado un exquisito manjar.
Pero desgraciadamente
aquello no fue así, y sólo se quedó en un posible "manjar", y es
que quizás fuera por el sentido del aire,
la orientación del sol. o la mala suerte;. la verdad es que allí nadie pescó
nada. Y menos mal que no se hizo caso de un interno del cercano Hospital Psiquiátrico,
que al percatarse de que los peces no picaban, se presentó con un
"carburo" poco menos que para echarlo sobre el Arroyo, porque de esta
forma y según decía su abuelo, "reventaba" el Arroyo y los peces salían
a flote todos. Nos costó bastante trabajo disuadir a aquél enfermo mental de
nombre Blas, de que se alejara con el dichoso "carburo" y las ideas
tan tremendas de su "abuelo". Ante esta situación algunos optaron por
marcharse del perol, y se acercaron al cercano Bar Carmona de Alcolea a comer
algo, pero los que nos quedamos conseguimos algunas patatas en el chozo de una
finca de al lado. Sería Pepe Zamora "El Cebollita" el que se encargó
de freír unas patatas con los tomates previstos del picadillo, pero quizás no
tuvo en cuenta quitarle un poco la acidez a los tomates, por lo que después de
comer aquella fritura, nos venimos para Córdoba con el esófago que nos parecía
un tubo de escape por la dichosa acidez del tomate frito. Por tanto en los
peroles y de partida no puede faltar: El perol, la carne y el vino.. .
Cuando llegaba el verano, y
con el calor, las zonas elegidas para estos peroles, eran zonas cercanas con la
posibilidad del baño o el chapuzón en el agua. Así eran muy solicitados lugares
como Lope García, El Soto, el Molino Carbonell, o la Alameda del Tiritar, que
antes que se instalara allí La Fábrica de "Cervezas El Águila", el
Arroyo de Rabanales era una bendición de agua clara y nítida para bañarse.
Decía Ricardo Molina, que en
los peroles no era el lugar más indicado para escuchar buen cante, ni tampoco
apropiado para bailar por el lógico desnivel del terreno, pero si era el lugar
idóneo para que cualquiera se atreviera a hacer lo que creyera oportuno, al
sentirse libres y entonados. Había gente que les era habitual hacer "un
recorrido" de perol en perol, visitando amigos e incluso compañeros del
trabajo, y allí en todos aquellos peroles, con el saludo le daban a probar
"un chupito" de vino, que más que si se tratara de una economía en el
vino, era una forma de controlar lo que se bebía.
Además la gente aquella
tenía imaginación y ocurrencias, éste era el caso de Gabriel González Ruiz, al
que cariñosamente se le llamaba "El Padrino", entre otras cosas
porque bautizó a casi todos sus sobrinos. El decía que por aquellos tiempos y a falta de
controles de alcoholemia, en los peroles a algunos se les hacía "pasar"
por el "Canal de Guadalmellato", (que cruzaba el valle que formaba el
Arroyo de Pedroche), Ahí sin achaques de jaramagos, desniveles, u otros
obstáculos, el que no cruzaba de forma recta y continuada aquella "pasarela",
es que estaba quizás más "cargado de la cuenta". Hubo incluso una
época en que se propiciaban estos desfiles de forma voluntaria para indicarles
al resto de familiares de que uno estaba bien.
La gente más joven del perol
daban rienda suelta a sus juegos, y ya se montaban en el columpio, jugaban a la
pelota, o simplemente tiraban piedras al Arroyo. Los que eran un poco adolescentes
ya se dedicaban a hacer sus excursiones, bien para conocer el campo, o para mostrar
ante la vecina o la amiga su habilidad para coger bellotas, subir a cualquier árbol
o trepar por cualquier cerro, todo ello buscando cualquier mérito amoroso.
Las mujeres ya hechas y
derechas eran la encargadas de preparar "Las Sardinas Asadas" que de
forma ritual era lo que se comía a media mañana. Eran sardinas grandes y de
buenos lomos y que en nada se parecían a las que posteriormente y en aquellos
años de veraneo en la playa te ponían en
los chiringuitos y te las comías como un "espeto", y que pagabas por
un importe casi superior al coste de casi todo el perol.
Ya más adelante eran los
hombres los que organizaban de alguna forma la candela y la preparaban con sus
piedras, para que el "perol" tuviera buen acomodo o asiento. Algunos
buscaban leña y otros rebuscaban por los alrededores algún que otro espárrago
para echárselo al arroz. Varios hombres alrededor del "perol" y entre
"chupito y chupito" llevaban a cabo el mareo del refrito. Mientras las
mujeres troceaban la carne, mataban el pollo, o preparaban los conejos.
Normalmente eran los hombres como hemos dicho los que iniciaban el guiso del
perol, pero casi siempre eran las mujeres las que lo terminaban. Por supuesto
el vino que se solía llevar para la ocasión era una especialidad flojita de 24,
u otro similar. No se podían llevar vinos de los llamados "duros"
pues se trataba de estar toda la jornada del perol tomando "chupitos"
sin que te llegaran a dominar mucho. Y es que todos conocíamos perfectamente de
que había vinos muy buenos pero algo "cabezones", y que también
existían vinos que bien que los disfrutabas pero que al poco rato te
"volcaban". o te "anulaban", y obviamente ya no podías
disfrutar del resto del perol, ni tampoco cantar a la vuelta a casa, el
simpático "Asturias Patria Querida"....".
Por aquellos tiempos
principios de los años 1945-1955 la canción "Asturias Patria Querida..."
era cantada por la mayoría de "Perolistas" que a la vuelta del Campo,
formaban interminables colas de gente que cantaba y disfrutaba por el camino de
la Carretera de Almadén. (Desde Asland hasta la misma Fuensantilla,) Y es que
aquello era una auténtica multitud festiva de gentes que volvían del campo.
Cada uno de su perol, pero formando una interminable fila que llenaban la
citada carretera. Incluso algunos, quizás por haber perdido cualquier apuesta,
volvían con la cara tiznada por la carbonilla del perol. Concretamente en la
"Taberna de los Perros" había una foto en la que aparecía un tal
"Melindres" que siempre que iban de perol, se pintaba la cara con
tizne y el redondel de los ojos de blanco. Por aquellos tiempos ni había
vehículos ni carromatos por lo que todo el mundo venía andando. Algunos los más
organizados formaban incluso unos coros con canciones simpáticas como: "De
Colores....", o "Asunción echa vino que no sea ni blanco ni tinto..."
Pero la canción que más solía cantar la mayoría de la gente era "Asturias
Patria querida..." y casi siempre era a la llegada a Córdoba y nada más
aparecer por la Fensantilla. La verdad es que aquella canción era sintomática
de todos volvían felices del "Perol" e incluso los más atrevido
solían hacer el solitario de "Tengo que subir al árbol, tengo que coger
una flor...".
Cuadro pintado por el "Margas"
Muchas veces nos preguntamos
el porqué esa costumbre de cantar aquella bonita canción, y nunca la hemos encontrado en documentos escritos, ni en historias populares. Sería una vez
más Paco Lopera, "El sabio" de la Corredera, gran amante de la zarzuela y
de las cosas de Córdoba el que nos diría: "Hubo una época que los autores
de zarzuelas solían incluir en sus coros a una serie de borrachos que cantaban
el "Asturias Patria querida...". Esa costumbre de los Teatros de la
zarzuela se trasladó a los Peroles y a la gente que se bebía una copa de más.
Y como no a la hora de
hablar de los peroles quiero citar a la simpática "Peña el Octavo",
una Peña que se fundó en la taberna de Pepe Jiménez cuando ocupó la que fuera
taberna "Casa Huevos Fritos". Esta Peña estaba compuesta por 8 amigos
de ahí el título de "El Octavo", pues sus componentes eran las
personas más sencillas y discretas que entraban en la citada taberna. Allí en
sus tertulias predominaba su amor a los colores del Córdoba CF. y allí solían
preparar sus peroles que los prodigaban cada dos por tres. Formaban esta Peña
los hermanos Santos Iglesias, el amigo Polo, Carlos, Mesa, Rodríguez, el
simpático "Micaelo" y un tal Gómez que era el eficiente cocinero. Más
de una vez se solía unir a esta Peña el simpático y singular José González de
la Cuesta, "El Lechón" que era en todo momento el exponente del amor
a su Córdoba y a su Barrio. Pero siempre llamaba la atención que el amigo
"Polo" un enamorado del bel canto entonaba siempre "El vino que
tiene Asunción...Ni es tinto ni blanco ni tiene color...", pero esa era
una canción que cantaba la gente feliz y que el vino lo hacía más felices aún..
También tuvieron estos
simpáticos amigos de la Peña "El Octavo", su pequeña historia que les
pasó en un "perol" que estaban disfrutando cerca del Puente Mocho, y
es que mientras estaban preparando "El perol", apareció por allí una
vaca parida que venía siguiendo al becerro que se había parado allí junto a
ellos, por lo que tuvieron que poner pies en polvorosa y subiéndose unos al
árbol más próximo y otros buscando refugio en el propio Río, para salvar el
pellejo, Menos mal que llegó el vaquero, que lógicamente y a su manera se llevó
de allí a la vaca, y todo quedó solucionado. La vaca pertenecía a la cercana finca
la Ribera Baja. Aquella escena huyendo de la vaca parida, fue comentada y
conocida en todo San Lorenzo, pero la verdad es que ellos lo debieron pasar
algo regular. Aquél perol por la huida ante la vaca quedó grabado en la mente
de estos simpáticos amigos del "perol".
Otro cuadro del "Margas" que se encuentra
en la Calle Céspedes
Precisamente en la "Taberna
de los Perros" desde hacía mucho tiempo existían dos cuadros paisajistas
que recreaban dos escenas de peroles en la que los componentes del "perol"
se ven amenazados por la presencia de un toro y todos ponen pies en polvorosa
huyendo de aquél animal. Estos paisajes puestos al habla con Pepe Laguna
Martínez, nos indicó que fueron pintados por un sencillo paisajista al que
llamaban "El Margas" y que llenó algunos bares de estas escenas
bucólicas y de viejos recuerdos campestres tipo "naif". Este
paisajista de regular fortuna, cansado de pasar dificultades, y ya casi sin
vista, llegó a vender incluso cupones, y siempre se sintió orgulloso de ser el
único pintor que supo recrear como paisajista, los lugares simpáticos y
campestres de nuestros peroles.
De este popular
"Margas· en un artículo publicado en el "Diario CÓRDOBA" el 4 de
febrero de 1955, el poeta y profesor Ricardo Molina Tenor, pública un
maravilloso artículo con el seudónimo de Eugenio Solís, en el que de alguna
forma al sencillo y olvidado pintor paisajista
"Margas" lo define como un auténtico filosofo de esa cultura
del Perol cordobés ya que supo reflejar como nadie en sus cuadros, la amistad y
la convivencia, bebiendo y disfrutando con los amigos. Pudiéramos decir que con
sus pinceles llegó a captar hasta el sabor del "refrito" del arroz de
aquellos peroles e incluso el "olor" de las sardinas asadas.. Estos
cuadros además de los citados en la "Taberna de los Perros", también
hubo algunos en la Taberna Casa Ogallas, en el Jardín del Alpargate,
precisamente en el cuarto en el que "Manolo el Sorna", solía ajustar
las cuentas de la venta de su Lotería y sus rifas, por cierto que el número
suscrito de Lotería que tenía el Sorna de toda la vida era el 25.857, y que se
recuerde jamás tocó nada. Allí se le podía ver con su famoso palillo en la boca
y su pedazo de algodón en una oreja. Al parecer los cuadros que había del
"Margas" en esta taberna, se los facilitó Enrique Ogallas, a un nieto
del Guerra que tenía su "novia" en la Calle El Queso. a la que la
llamaban "La Señorita" al lado de Café Santa Cristina. También hubo
algunos cuadros de este pintor en la Taberna 24 de la calle Montero..
Este sencillo pintor, cansado de pasar
totalmente desapercibido, optó por marcharse a la zona del Levante español,
para intentar cambiar de aires. Al desaparecer la "Taberna de los
Perros", por muerte de Pepe Laguna, su familia vendió dichos cuadros a un
tratante de antigüedades que se interesó por ellos. Estos dos cuadros se pueden
apreciar en una taberna moderna de la calle Céspedes, en el llamado "Patio
de las Columnas", propiedad de Rafael Bustos, el que fuera chófer y hombre
de confianza del Conde de Cañete de las Torres.
Cualquier
persona que no sea de Córdoba, o incluso los jóvenes de nuestra ciudad que lean
el maravilloso articulo semanal de Tico Medina, titulado “El Perol
Cordobés", les confundirá por completo, pues una cosa que fue una
tradición singular de la gente de Córdoba, lo ha convertido él, en un mal
escaparate, trayendo cada semana a una serie de personajes que en muchos casos,
ni conocen y ni saben nada de Córdoba. Y menos aún tienen relación alguna con
el auténtico “Perol cordobés.”
Con razón
dice el periodista Víctor Márquez Reviriego, en (El Día de Córdoba 27/01/2013).
“Los periodistas de mi generación somos una degeneración”.
Pocas cosas
tenemos los cordobeses, pero trayendo a estos periodistas “tipo camaleón” para
que cuenten nuestras cosas peor vamos a quedar para la historia. El día de
mañana, nuestros nietos y descendientes, posiblemente quieran saber algo de esa
costumbre cordobesa, que consistía en ir un día de campo y entre amigos y
familiares a comerse un perol. Eso, nada tendrá que ver con lo que más o
menos nos dice este periodista, que lo mismo habla de personajes que no han “Pegado
un palo al agua", que nos pone a cualquier Belén Esteban, o persona por el
estilo. Muchas veces intenta como poner los dientes largos, relatando la última
e idílica noche de bodas de la duquesa de Alba. Por favor Córdoba y sus
costumbres merecen un respeto.


