jueves, 20 de diciembre de 2018

LA CALLE OCAÑA

Calle Ocaña



LA CALLE OCAÑA

Esta calle empieza desde la plaza de la Beatilla que debe su nombre a que allí lindando con la calle Zarco (Ojos verdes), hubo un pequeño beaterio para mujeres mayores. Luego esta plaza adquirió su propia fama porque en los años cincuenta y sesenta, y en el bar que allí siempre existió se ubicaron algunas peñas importantes de Córdoba, como los "14 Pollitos" y los "Vinicilinos", que de forma simpática eligieron el vino (Vinicilinos), como "alternativa festiva"  a la afortunada penicilina descubierta por aquellos tiempos. Ambas peñas, supieron montar sus cruces de mayo en la plaza de la Beatilla y sus fiestas y verbenas en San Agustín. También hay que destacar en esta pequeña plaza de la Beatilla a la sempiterna carbonería de Isabel Sánchez, y el zapatero de al lado.

En esta taberna existen documentos que demuestran que el poeta García Lorca acompañado de Manolo Carreño, visitó la citada taberna. Aquello fue en la Semana Santa del años 1935, en la que el poeta acompañado también del joven poeta cordobés  José María Alvariño, quiso visitar el paso de la Virgen de las Angustias que se encontraba en el convento de San Agustín.

Y siguiendo hablando de la taberna la Beatilla nos parecía un rito clásico y solemne cuando el "Marqués del Cucharón" abandonaba la citada taberna, después de haber pasado un rato agradable con sus amigos. Quizás sin proponérselo solía convertir la acera de la derecha de la calle Ocaña, en la avenida de vuelta para su casa en la cercana calle Hinojo. Su elegante y pulcra figura debería reflejarse en aquél brillo relumbrante de sus zapatos que siempre solía llevar como auténticos espejos. Se le veía caminar a gusto, sobre todo después de haber alternado y charlado un buen rato con los amigos y de haberse tomado las copas que él creyera oportunas.


EL PATIO DE LOS JAZMINES

Era el año 1955 y estábamos de monaguillo en San Lorenzo, y el monaguillo habitual del convento de Jesús Nazareno, se había colocado de aprendiz en el Metro S. A. de la calle Barqueros, entonces Calle García Morato. y por mediación de la portera Rosario Vega Palma (1917-1980), me llamaron a mí para que ayudara a la Misa que tenía lugar todos los días a la 8 de la mañana. La misa era celebrada por don Pedro Varona Luque (1890-1975).que era el capellán del convento.  Para mí aquello suponía en vez de ir desde la calle Roelas para  iglesia de San Lorenzo, acudir por la calle Mariano Amaya a la Capilla que tenía entonces el Hospital de Jesús Nazareno y que se entraba por la Calle Ocaña (donde hoy está el Gimnasio del Colegio). Recuerdo que aquella Capilla era pequeña (unas 8 bancas), pero luego se recorrían unas amplias cortinas y se comunicaba con una gran sala orientada hacia la derecha, en donde estaban los enfermos acogidos en el Hospital

En el altar mayor de esta Capilla del Hospital de Jesús Nazareno, estaba la imagen de Nuestra Señora la Virgen Nazarena. Tenemos que decir que esta imagen desde el año 1918 a 1939, acompañó al Cristo del Calvario de San Lorenzo en su desfile de Semana Santa. Sería con don Juan de Austria y Carrión como hermano mayor, al que le cupo el honor de haber impuesto al joven novillero Manuel Rodríguez Sánchez "Manolete" el escapulario de la hermandad, esto ocurría el 2 de enero de 1938.

Siempre recordaré a la joven y dinámica hermana "María Nazaret". Ella se preocupaba todos los días después de celebrada la misa, de llevarme al "Patio de los Jazmines", patio que aún hoy subsiste parte de él, y allí sentado me ofrecía un desayuno a base de un tazón de café con leche y media telera de pan con manteca. Además y por instrucciones de la Madre Cristobalina, me entregaba una peseta, que le venía muy bien a mi madre. Recuerdo que en aquellos tiempos la comunidad de monjas estaba compuesta por 25 madres o hermanas y 6 colegialas, y la monja de más edad tenía 47 años, posiblemente la madre superiora y que era de Posadas (Córdoba); las demás religiosas estaban en torno a los 25-32 años. Hay que tener en cuenta que este convento era la Casa principal de la Orden de Jesús Nazareno, que fundara el padre Cristóbal de Santa Catalina. (1638-1690).

Curiosamente en el año 1972, y hojeando los archivos de la parroquia de San Lorenzo, nos tropezamos en el Libro Nº 2, de defunciones "La Partida" (24 de julio 1690), de defunción del padre Cristóbal de Santa Catalina, el fundador del Convento y que en la mayoría de sus representaciones iconográficas realizadas por los artistas Ayala y Bernal, aparece con una talega costal al hombro en actitud de repartir Pan a los pobres

Y siguiendo con aquél espléndido ""Patio de los Jazmines", como no recordar a la "Quica" a la "Berta" y a la tal "Gertrudis", aquellas mujeres residentes en el Hospital y claramente disminuidas psíquicas, que eran las encargadas de vender por las calles próximas del Barrio aquellos ramos de jazmines que se recogían de forma bondadosa de aquél maravilloso patio. Hay que recordar que el ramo de jazmines costaba 0.20 céntimos de peseta. Era curioso que ellas siempre solían pasar un poco después que lo hiciera la mujer que de nombre Adela González, y en la hora de la "siesta" solía vender por las calles del Barrio sus "caracoles guisados". Esta mujer de cuerpo "bajito" portaba una olla en cada mano, y partiendo de las Costanillas, recorría todas las calles de la zona. En una mano llevaba la olla de los "caracoles guisados" y en la otra la olla del "caldo". Los nenes al oír la voz de esta mujer de "caracoles guisados", solíamos contestar "muertos y espachurrados". No cabe duda de que esta mujer con su venta callejera, fue una adelantada de lo que es hoy el "negocio" de los puestos de caracoles en Córdoba.


LOS "REPULLOS"

En esta calle llegaron a vivir los "Repullos" representados por Rafael García Repullo al que en el fútbol le llamaron como el "Tinte". Fue éste un personaje muy relacionado con el entorno del fútbol en San Lorenzo, equipo en el que llegó a militar allá por los años cuarenta, pasando después al Córdoba y posteriormente al Atlético de Madrid, en donde se retiró. Ya fuera del mundo del fútbol y algo mayor lo colocaron en Córdoba de ordenanza en la "Caja Nacional" y allí se jubiló. Aunque vivía entre Santa Rosa y Almogávares siempre andaba por aquí, bien en la Peña Puerta Nueva, o en cualquier otra tertulia de amigos. Todas las semanas solía tomar parte de una reunión de amigos que se citaban en la Taberna de la Sociedad de Plateros de María Auxiliadora. Entre estos amigos podemos recordar a José Cámara, Miguel Morrugares, Antonio Morrugares, Pepe Alcalá, José Mena, Antonio Hungría, Pedro Moreno, y algunos otros, y en donde participaba todos de una quiniela en común.

Por otra parte el padre de los "Repullos" Rafael García un excelente marmolista que aunque vivía en la Calle Ocaña, tuvo su taller en la Calle Zarco. El sería el autor  junto a Enrique Pareja de realizar la fachada del edificio de Correos de la Calle Cruz Conde, de la que por cierto nos recodaba el hijo de Enrique, "Que se les olvidó meter en el presupuesto el coste del escudo". Luego también fueron autores del panteón familiar del Marqués del Mérito en el Cementerio de la Salud de Córdoba, copiando el proyecto de don José Molleja, que fuera dueño de la Ferretería la Campana, gran amigo del marqués en sus monterías.

En dicho panteón enterró el marqués a sus padres cuyos cadáveres se trajo de Jerez en 1955, Los de su primera esposa Elena Patiño que murió en 1942 en Nueva York y se la trajo en 1955. Posteriormente el sería enterrado a pesar de que murió en Madrid en 1963. La actual marquesa del Mérito se preocupó de que la segunda esposa de su padre la cubana Graciela Abril Olivera que murió en Madrid en el 2001 fuera enterrada en dicho panteón. 


EL BAUTIZO Y LOS CANGREJOS

En esta calle y en lo que era la casa nº 1, vivía Rafael Sánchez Ortiz el popular "Pipo" y que era además el lugar en donde tenía su cocedero de mariscos. Esta calle tomó un protagonismo especial por el bautizo de José Manuel Sánchez "El Pipo" un cofrade singular de la hermandad del Prendimiento, que fue bautizado en agosto de 1961, en la Iglesia de San Andrés. De aquél bautizo siempre recordaremos que los que lo acompañamos hasta la puerta de su casa, pudimos comprobar como el padrino del bautizo, que no era otro que el famoso "Manuel Benítez Pérez "El Cordobés" desde el balcón de la casa, empezó a echar monedas grandes e incluso billetes de cinco duros de aquellos azulados. Describir aquello es harto difícil, pues allí a la popularidad de "El Cordobés" se congregaron chicos y grandes de todos los lugares. Y para terminar el hermano soltero del "Pipo" un tal Salvador, no quiso ser menos y empezó a tirar pequeños cartuchos de camarones e incluso abundantes cangrejos. Aquél bautizo en la calle Ocaña fue para recordar.


Ermita del Buen Suceso


EL HOSPITAL DE SAN ANDRÉS

Y haciendo esquina en la calle Ocaña nos encontrábamos con un viejo edificio que con su espadaña y todo nos recordaba a una ermita. Pero hurgando en la historia hemos podido comprobar que en 1483 ya fue fundado este pequeño recinto como Hospital de San Andrés, en donde se encontraban acogidas un número reducido de ancianas, mujeres viudas o desvaídas. (12 camas). Fue un gran favorecedor de este Hospital don Francisco Gutiérrez de los Ríos, primer conde de Gavia, que incluso donó parte de sus bienes para el sostenimiento. Este Hospital fue trasladado a la calle la Pierna, posteriormente a la calle Muñices, para finalmente terminar en el año 1925 en la calle los Frailes, que pasó a llamarse popularmente "La Casa de las Viejas", casa que fue adquirida por el Ayuntamiento y que puso al frente de esa fundación a don José Sarazá Murcia.

Como "Casa de las Viejas" era el nombre que solíamos dar a esta casa cuando estaba en la calle de los Frailes y en la que actualmente se edificó una Residencia para ancianos denominada Residencia San Andrés. A esa "Casa de la Viejas" acudimos algunas veces cuando éramos muy jóvenes y nos llamaba la atención en la forma que vivían y convivían un grupo de mujeres mayores. Aquella casa era enorme y tenía dos patios y estaban acogidas a la citada fundación que se denominaba Conde de Gavia, que les daba techo, luz y agua y una peseta para su manutención.   

En dicha casa había una mujer que hacía las veces de “casera” y que se llamaba Virginia (al menos era la que estaba cuando nosotros visitamos esa casa allá por el año 1956,) en compañía de Inocencio Montes, Rafael Morales, y unos cuantos más. Esta “casera” ejercía  una especie de autoridad delegada de la Fundación y que al parecer nadie discutía. Al ser una Fundación de carácter piadoso, estas mujeres o las que buenamente pudieran, solían reunirse todos los días a media mañana para unos rezos en torno a una imagen de la Virgen de los Reyes, que estaba depositada en la vivienda de la “casera”. Por esa casa, pasaron muchas mujeres del barrio, Dolores, Mercedes, La “Leona”, Fernanda, Carmela, Rosario, Gloria, La Transi, Angelita, “La Recovera”, Anita Sepúlveda, Milagros, etc. etc. El amigo Joaquín Montoro Prieto, "El Chache”, que desde la azotea de su casa que estaba junto a la “Casa de las Viejas”, nos decía, que muchas veces contemplaba como estas mujeres se enfrentaban y discutían por todo, incluso por la comida del gato. Hay que tener en cuenta que eran alrededor de catorce mujeres con sus gatos incorporados. En la antigüedad a estas mujeres que solían vivir de esta forma, se le llamaba “Bizocas”, o mujeres que se retiraban de la vida y se entregaban al culto, Esta acepción o nombre era oriundo de Italia. 

En 1636 y aprovechando el retablo que tenía este hospital según se entraba a la derecha, hubo una señora de la misma calle Ocaña que regaló una imagen de la Virgen del Buen Suceso, que permaneció allí cuando pasó a ser ermita, y luego Colegio. En esta ermita se celebraban actos y devocionarios sobre todo de la hermandades de ánimas. Esta imagen se encuentra actualmente en la parroquia de San Andrés en la nave de la izquierda..


Virgen del Buen Suceso

Aportamos un documento que confirma la antigüedad de este Hospital de San Andrés.

"1484, enero, 12. Córdoba.

Marco Napolitano, hijo de Juan Antón, morador en el Hospital de San Andrés, vende a Pero Fernández, pintor, hijo de Juste López, vecino en la collación de Santa María, una casa en la collación de San Lloreinte en la calle de las Beatas del Bañuelo, por 3.000 mrs.


APCO.- Oficio 14, nº 17-304."



Primitiva Escuela


ESCUELA DEL BUEN SUCESO

Fue una escuela parroquial auspiciada por el obispo Fray Zeferino y que en su primera época puso al maestro José Calvo Pizarro (1845-1899), al frente de ella y llegó a ser un profesor de reconocida notoriedad y solvencia. Esta escuela estaba situada entre la calle Morales (por debajo del horno de las hermanas Liébana y el Palacio de Viana). Ocupaba unas dependencias seguramente cedidas por el propio Palacio que al estar cubiertas sirvieron para las dos clases que hubo en esta escuelas parroquiales de San Andrés. Arriba estaban los niños y abajo estaban las niñas. Al final de los años cuarenta, se hace cargo de esta escuela don Francisco Naranjo, que junto a una de de sus hermanas atendían las citadas clases. Posteriormente y a principio de los años cincuenta, se abandonan estas dependencias del Palacio de Viana y se traslada la escuela parroquial a lo que fue la ermita de Buen Suceso, en donde solamente seguiría don Francisco Naranjo.

Hay que reseñar aquí que don Francisco Naranjo siempre tuvo una buena relación con el párroco de San Andrés don Fernando Poveda, así como con el que le sustituyó don Manuel Márquez. Don Francisco aportó una colaboración especial para la fundación de la hermandad del Buen Suceso a principio de los años setenta.

Me contaba Pedro Pareja que él fue alumno de la escuela del Buen Suceso y que allí estaría una veintena de alumnos, que día a día podían contemplan como en el fondo de la derecha y enfrente en donde estaba la mesa del profesor, estaba aún el retablo de la virgen del Buen Suceso

Yo recuerdo a este don Francisco Naranjo, que en aquellos años de 1952-55, y desde las Escuelas Hermanos López Diéguez, el día de San Andrés nos llevaban a la parroquia para un acto religioso. Este don Francisco Naranjo, con aquellas gafas de "patilla ancha" ya por aquellos tiempos, dirigía los coros de canto que con los alumnos se improvisaban en aquellas ceremonias que organizaba el párroco don Fernando y que don Ezequiel como profesor de las Escuelas Hermanos López Diéguez era el que nos solía acompañar.

La piqueta y la venta de todo lo que sobraba por parte del obispo Cirarda, hizo demoler esta histórica reliquia de la Córdoba de la Edad Media y se convirtió en una casa normal de pisos. Tengo que decir que uno de los primeros vecinos que allí se mudó fue Pedro Navarro Recio, el que con el nombre de "Pedrito" llegó a jugar en el San Álvaro de Córdoba y luego estuvo muy integrado en el Colegio Salesiano. También le acompañaron como vecinos las hermanas Carmen y Carola Mejías, muy buenas personas.