Cementerio San Rafael (1960)
EL
CEMENTERIO DE SAN RAFAEL
Es el
segundo en antigüedad de la Ciudad, y se construyó a "extramuros"
sobre las hazas de "La Gitana", "La Pineda" y "Las
Infantas", que suponían una superficie aproximada de dos fanegas y siete
celemines según documentos que obran en el Archivo Municipal..
En
las Escrituras de compra-venta de esta haza de "La Gitana" se puede
apreciar como en el 9 de julio de 1740, la propiedad de dicha haza de la
"Gitana" es adquirida a doña María Antonia de Melgarejo
Figueroa, que como viuda de don José
Muñoz de Velasco aparece como única heredera de una serie de bienes de la
familia Muñoz de Velasco, domiciliados en el Barrio de la Catedral. Posteriormente,
vende dicha propiedad a la comunidad de frailes del Colegio de San Roque de la
Orden del Carmen de Córdoba por un importe de 7.840 reales, pagaderos una parte
al contado y otra en pagos aplazados anualmente por la festividad de Navidad.
De la
misma forma existe otra escritura de fecha 9 de octubre de 1816, en que dicha
propiedad es comprada por doña María Luisa Carrillo del Valle, por el importe
de 12.300 reales, y se indica perfectamente que dicha haza de nombre "La
Gitana" que queda ubicada en dicha escritura junto a la haza de
"Leal", y enfrente de la Ermita de San Sebastián, y lindando con el Arroyo de la Piedras que cruzaba por la
puentezuela de la carretera y el Hospital de San Juan de Dios (Que estaba
ubicado en lo que luego sería el Matadero Municipal).
Sería
el Ayuntamiento de Córdoba finalmente el que adquirió estos terrenos de la haza
"La Gitana", junto a otras hazas llamadas "La Pineda" y de
"La Infantas". Se trataba según el intendente don Miguel Boltri, de
construir un nuevo Cementerio en la ciudad de Córdoba, ya que por el fuerte
aumento de la población y las bastantes razones de tipo higiénicas-sanitarias
que ello planteaba, la ciudad de Córdoba lo necesitaba. Para ello en 1833 se
decide la nueva construcción del Cementerio de San Rafael, con dineros propios
de la tesorería provenientes de ciertos arbitrios de la ciudad que pasaron
a poder del Ayuntamiento y los 20.000
reales que junto al importe de la construcción de su panteón en el Cementerio
de la Salud, donó el Cabildo de la Catedral de Córdoba.
La
construcción del Cementerio se empezó en 1833 y se concluyó en el año 1835 y en
el mes de junio, sería bendecido por el obispo don Juan José Bonel y Orbe. El
cronista Maraver en sus manuscritos habla de que ya en mayo de 1834 se producen
algunos enterramientos.
En
esto de los enterramientos se dieron las circunstancias, de que muchas personas
que ya estaban enterradas con anterioridad en los Cementerios de su Iglesia, al
tener un lugar con Panteones, Bovedillas y Tumbas dignas en suelo en el suelo y
debidamente organizadas, sus familiares pidieron el traslado de sus cadáveres
al recién inaugurado Cementerio de San Rafael.
Posteriormente
en 1849 a éste Cementerio de San Rafael se le añaden grandes mejoras, como por
ejemplo la Capilla que se completó prácticamente con todos los enseres y elementos de culto de la Ermita de San
Sebastián, Ermita, que ante su estado de total ruina, el Ayuntamiento "sin
saber realmente a quien pertenecía dicha Ermita" (Según aparece en las
Actas Capitulares), optó por trasladarla prácticamente a la nueva Capilla del
Cementerio, que se completó con el altar del convento de la Encarnación
Agustina, así como el cuadro del crucifijo que perteneció al Convento de San
Francisco, el pulpito de San Juan de Dios. El San Rafael que preside la fachada
del Cementerio estuvo delante del convento de la Arrizafa y sería colocado en
esta remodelación de 1849. Las puertas de la Iglesia que son de caoba vinieron
de la remodelación que se llevó a cabo en el Convento de San Pablo. Quizás por
esta modificación y colocación de la estatua del Arcángel San Rafael, en un
principio y al no estar la estatua del Arcángel, se le denominó a este
Cementerio, como: "Cementerio extramuros de la Ciudad".
Con
la construcción de la Capilla de la Iglesia y el traslado de todo lo que fue la
Ermita de San Sebastián el Ayuntamiento se compromete a celebrar todos los años
una Fiesta con gran solemnidad a San Sebastián y a San Roque en la Iglesia del
Cementerio. Ya de antiguo y en la Ermita hasta el monarca Carlos II en 1679,
contribuye a esta Fiesta con 100 ducados. Pero ya a partir de 1900 esta Fiesta
y su celebración según el propio periódico "LA VOZ", está en claro
declive en parte por lo lóbrega que resultaba la Iglesia del Cementerio y
también por la indudable falta de fe cristiana que se padecía.
Al
principio y la misma prensa que denunciaba esta situación es la que en
noviembre de 1854 denuncia que del Cementerio salen malos olores, quizás fuera
debido a que no se "tapaban" debidamente los cadáveres. Así que en
Actas Capitulares queda recogido el acuerdo de vigilar al máximo la
construcción de las cámaras de aislamiento de las bovedillas. Es curioso que en
la misma sección se acuerda renovar la servidumbre de paso de la Barca del
Arenal por 4.624 reales anuales.
Por
razón de proximidad en un principio este Cementerio de San Rafael, se dedicó a
los vecinos de los barrios de la Magdalena, Santiago, San Pedro, San Nicolás y
San Eulogio de la Ajerquía, San Andrés, San Lorenzo y Santa Marina.
En el
centro de lo que sería el Patio principal se puso una estatua de la Santa Fe,
que en contra de la opinión de algunos que indicaban que fuera un San Cayetano,
desde entonces preside la entrada de este Cementerio.
Reproducimos
el apunte del Libro 6º de Difuntos de la Parroquia de San Lorenzo folio 187, en
donde aparece reflejado el registro del Entierro y la nota marginal que indica;
"Este es el primer entierro que se realiza en el Cementerio de San
Rafael". Es curioso el detalle pero hasta en esto San Lorenzo tienen algo
que decir.
Libro 6º de Defunciones folio 187
Este partida de defunción dice
literalmente:
"En la ciudad de Córdoba en
siete días del mes de enero de mil ochocientos treinta y quatro años murió en
el Hospital de Jesús Nazareno como "Pobre de Cama" María Acuña, viuda de Sebastián Sánchez,
natural de Sevilla y el siguiente día fue sepultado su cadáver en Camposanto
Extramuros de la ciudad con entierro de "LIMOSNA". No hizo
testamento. Doy Fe. Juan Basallo."
En la parte superior del documento y
detrás de la fecha 1834, pone una nota que dice: "Este es el primer
cadáver que se entierra en el Cementerio de San Rafael",
Tenemos que decir que esta mujer era
natural de Sevilla y posiblemente se viene a Córdoba por el trabajo de su
marido que al parecer era "pañero". Tenían 5 hijos, Manuel, María,
Tomasa, Sebastián y Antonia, todos ellos domiciliados de solteros en la Calle
Cidros nº 7, en la Collación de San Andrés.
CUALQUIER ENTIERRO
Pudiéramos decir de forma coloquial
que el ENTIERRO es por así decirlo el objeto protagonista y principal de
cualquier Cementerio que pueda haber en una ciudad o en cualquier pueblo.
Mucho han cambiado las cosas desde
aquellos tiempos, pues ya desaparecieron esos velatorios que se solían celebrar
en las Casas de vecinos, en donde en primer lugar el portón de la Calle, se
entornaba una hoja en señal de duelo. Luego dentro de la casa, se dejaba una
habitación semivacía para que los distintos vecinos y familiares se pudiera
acomodar en lo que se llamaba "VELAR AL MUERTO". En este velatorio
algunas mujeres antiguas, solían rezar algunas oraciones en favor del muerto.
Pero en general, en el Velatorio que solía durar toda la noche, allí se
empezaba hablando del muerto y se terminaba por hablar de todo. En algunas
casas se solicitaba una serie candelabros de la Parroquia para montar el
catafalco. El sonido del molinillo del café y el posterior olor a café,
indicaba que estaba amaneciendo, y la gente que entraba y salía del
"VELATORIO", aprovechaban cualquier oportunidad para ir a cambiarse
alguna ropa, asearse o realizar otra necesidad. Ya durante el pleno día
aparecían por el "VELATORIO" más personas y deudos que iban a dar el
pésame a los familiares del difunto. Los primeros que se solían presentar eran
los empleados de la Funeraria a fin de colocar el cadáver en su ataúd y dejarlo
todo dispuesto para el ENTIERRO.
Normalmente y a primeras horas de la
tarde, el doblar de las campanas de la Iglesia, y el consiguiente toque de las
"CRUCES", eran indicativas de que la hora del "ENTIERRO"
había llegado. A la casa acudían los monaguillos, con la Cruz y sus ciriales,
seguidos de los sacristanes y los curas que formaban el cortejo del entierro. A
renglón seguido se trasladaba el cadáver a la Iglesia y se depositaba el
cadáver delante del altar mayor.
Nada más sonar la tercera
"CRUZ" (toque de campana), aparecían en el altar mayor los
monaguillos, los sacristanes y el cura. Tradicionalmente los entierros por parte de la Iglesia, se consideraban:
Entierro de "LIMOSNA", en
la que la familia del cadáver no tenía medios para pagar nada. Se le hacía una
ceremonia, con los rezos y oraciones previstas en la liturgia de la Iglesia,
por lo general con dos sacristanes y el cura tocado de su capa negra para
presidir el "ENTIERRO".
Luego estaba el "ENTIERRO
LLANO" que es el que se consideraba más normal de todos, en el que intervenían un cura con su capa negra, y
tres sacristanes, estos tocados de su sobrepelliz blanco. Los cantos y las
oraciones eran las previstas, pero con una entonación de mayor solemnidad
acompañados del toque del armonio.
Y finalmente estaban el
"ENTIERRO DE CAPAS" y que podían ser de tres y cinco capas, de
acuerdo al boato que pagara la Funeraria. Hay que decir que por cada cura (o
capa), siempre iban dos sacristanes. Pero los canticos, la ceremonia y los
rezos eran los comunes de todos los entierros, eso si, se hacían con una
entonación que se le denominaba como "CANTADO", por curas y
sacristanes. Luego estaba el llamado "ENTIERRO DE CRUCES" en el que
solían acudir la mayoría de las Parroquias de Córdoba con sus cruces parroquiales, sus sacerdotes y
sacristanes, por lo que se formaba una auténtica comitiva, y de antiguo existía
la costumbre de que además del estipendio que le correspondiera a cada uno, se
les entregaba al final del entierro una VELA. También el pago de este importe
era cosa de la FUNERARIA. Un sacristán que siempre destacó por la sonoridad de
su voz fue José Alcaide sacristán de San Andrés.
En los años 1955 a los monaguillos
de las Parroquias más populares lo que le pagaban por llevar un cirial era 0.25
céntimos y 0.50 por la cruz. Los sacristanes cobraban 3.50 pesetas y la
Parroquia cobraba 70 pesetas por derecho total de entierro.,
Los "ENTIERROS" por
aquellos tiempos (Hasta el Concilio Vaticano II), llegaban al Cementerio y allí
en la Iglesia del Cementerio se le echaba al difunto un responso final. Muchas
veces a los monaguillos cansados de todo el trayecto les consolaba el
contemplar la imagen de San Sebastián toda atravesada por flechas y sangrante.
Esta imagen que llegó a la Iglesia del Cementerio de San Rafael en 1849,
proveniente de la Ermita de San Sebastián, desapareció de la Capilla a
consecuencia de un incendio que se produjo en la citada Iglesia del Cementerio
de San Rafael a mediados de los años de 1980.
AQUEL CEMENTERIO (1950)
Sería
al final de los años 1940 y siguientes de los años 1950, cuando yo tuve necesidad
de visitar el Cementerio de San Rafael, recuerdo que solía acompañar a un
familiar próximo que había perdido a un hijo pequeño en aquella epidemia de
Meningitis que se dejó sentir por Córdoba en los años de 1950.
Aquella
epidemia produjo en el Barrio de San Lorenzo 45 muertes de pequeños, y que
relacionada con el total de fallecidos en San Lorenzo (212) representaba
aproximadamente un 19%. Fue totalmente canallesco que determinados personajes
muy señalados de Córdoba se vieran involucrados en "falsificar" la
Penicilina que podía combatir a aquella enfermedad.
Ya en
los datos de 1955 la situación sanitaria varía satisfactoriamente, y se puede
decir que en el Barrio de San Lorenzo, fallecieron 106 personas de las cuales
sólo 10 eran menores. lo que demuestra entre otras cosas, que la Penicilina ya
llegó a muchas más familias. Otro dato significativo es que (siempre en el
mismo Barrio), bajó la natalidad de 385 nacimientos en 1950, a 284 en 1955,
lógicamente el miedo de los padres a tener hijos se hizo ostensible.
Y
hablando del Cementerio de San Rafael tenemos que decir que cuando íbamos para
ver a cualquier familiar difunto, a la primera persona que siempre nos
encontrábamos era a Ana Torres Expósito, aquella sencilla y dinámica mujer del
"moño recogido" a la antigua, quizás eliminando los peinados que
ahora se suelen inventar. Esta mujer estuvo en la Puerta del Cementerio de San
Rafael vendiendo flores desde el año 1946 hasta mediados de los años 1980. por
lo que estuvo más de cuatro décadas alrededor de sus flores. Y todos los días
estaba allí a primera hora viniendo desde la Calle del Aceite del simpático
Barrio de Santiago que era en donde vivía. Desde que ella murió cogió en relevo
su hija. Josefa Moreno.
Ana
la de "Las Flores" como todo el mundo la conocía, era querida y
respetada por todo el mundo y oyó claro está, hablar bastante de Manuel Camuñas
Ruiz el conocido y simpático portero del Cementerio de aquellos años, y ella
era como una más de aquella plantilla de sepultureros que llegarían después,
como "El Polo", "El Carioco", "El Maragato",
Agustín el Oficial, "El Expósito", "El Nogueras" y el
Manolillo entre otros. El administrador Antonio Cejas en palabras de ella era
algo más serio.
¡¡ANDA Y
VETE CON "CAMUÑAS"!!
Era una frase muy empleada por la gente cuando
discutía con alguien y lo querían mandar lejos, o un poco más allá. En los
Cementerios hay gente que adquiere un
protagonismo especial bien por la pompa de su entierro, o por la
monumentalidad de su panteón. En cambio hay otros que pasaran totalmente
desapercibidos por su rutinario entierro y la sencillez de su lápida.
Antiguamente había muchos enterramientos que terminaban en la tumba anónima y
común que se llamaba "LA ZANJA".
El Ayuntamiento en sus Actas Capitulares maneja
mucho el término "ZANJA" al referirse al Cementerio, bien para
licitar la construcción de cualquier
"ZANJA" con su importe económico o para determinar a donde
debe de ir cualquier indocumentado que muere sin que nadie lo reclame. Y es que
la palabra "ZANJA" y "BOVEDILLAS" aparece con mucha
regularidad en las Actas Capitulares que reflejan los acuerdos de los ediles
del Ayuntamiento. De forma institucional podemos decir que la persona que no
tenía medios económicos era enterrada en la "ZANJA".
Pero por encima del lujo del enterramiento, o que
el entierro fuera con carrozas de 2, 4 o 6 caballos, y con independencia de los
servidores o deudos que pudieran llevar el ataúd, o compartieran las cintas
participando de su traslado, en el Cementerio de San Rafael hubo un sencillo
personaje que ejerció de portero (1920-1942), y que vivió allí y fue sujeto
importante de este Edificio.
Nos referimos a Manuel Camuñas Ruiz, (1867-1942),
fue una persona que nació en la localidad de Moral de Calatrava (Ciudad Real),
hijo de Juan Camuñas y de Rosa Ruiz, vino a Córdoba con toda su familia y se
instalaron en la Plaza de Maimonides y de allí marcharon a la Calle Tomillar en
San Pedro. Este hombre debió quedar viudo con apenas 33 años, siendo Guardia
Municipal, en el año de 1920 solicitó del Ayuntamiento la plaza de portero del
Cementerio de San Rafael, que había quedado vacante. Esta plaza se la asigna el
Ayuntamiento el 8 de marzo de 1920, puesto en el que estuvo hasta que fallece
en 28 de mayo de 1942. Entre su familia se encuentran guardias municipales que
fueron personas ejemplares.
De Camuñas se comentan muchas cosas, y la mayoría
de ellas muy simpáticas, por ejemplo comentaban de que en sus horas de tiempo
libre solía acudir al "BAR CASA CHALECO", y allí se bebía su ración
de vino siempre en un "Jarrillo de lata" que tenía dispuesto a su
disposición, y que casi siempre la gente "cruzando los dedos" lo
invitaban nada más verlo entrar. Luego también visitaba sobre todo cuando sabía
que había ranas, aquella la Taberna denominada
"El Vinagre" de la Ronda de la Manca, (Calle Antón de
Montoro), pues era un plato apetecible para él, por aquello de que lo
"prohibido" era lo que más le gustaba. Cuando estaba a gusto en la
Taberna y con la sensación de sentirse libre de su trabajo y formalidades, se
"desabrochaba" el uniforme que era casi siempre su atuendo habitual.
Por otra parte el se jactaba de que nunca le faltaron los "caracoles
gordos" que en abundancia aparecían por aquél Patio Central.
Su carácter de antiguo Guardia Municipal, le hacía
ser a veces un tanto "cabezón", en sus discusiones de Taberna e
incluso se dieron algunas quejas, como refleja el mismo periódico CÓRDOBA de
aquellos años de 1922, en el que le acusan de abofetear a un joven que no le
obedecía y el no quitarse la gorra cuando depositaban a un determinado cadáver.
Pero por encima de estos pequeños detalles, el amigo Camuñas, fue un personaje
que formaba parte de aquél edificio del Cementerio de San Rafael, que la gente
opinaba que "Era como suyo". Desde siempre supo ganarse la confianza
de los Capellanes don Miguel Lucena Prieto y don Miguel Ramírez Fernández, que
en aquellos tiempos era los que "mandaban" en el Cementerio de
acuerdo a los Estatutos.
Pero este hombre que falleció a los 75 años en su
portería del Cementerio de San Rafael, curiosamente no pudo ser enterrado en
"su Cementerio" pues al no haber bovedillas de "cupo"
disponibles por parte del Ayuntamiento para sus empleados en el Cementerio de San Rafael, tuvo que ser
enterrado en el Cementerio de la Salud, que era en donde si las había.
Desde siempre y después del
enterramiento del cadáver los familiares se solían poner en fila a la salida
del Cementerio y allí recibían como norma el "PÉSAME" de todos los
asistentes al funeral. Era una costumbre que las mujeres no acudieran al
Entierro que se celebraba en la Iglesia, ni tampoco al Cementerio para enterrar
a su familiar, ya que el Cementerio a la hora del ENTIERRO era sólo cosa de
hombres.
Patio Central o de Santa Fe
EL PATIO DE LA SANTA FE
Siempre recordaré que conforme se
entraba al llamado "PRIMER PATIO", o Patio de la Santa Fe, allí lo
que proliferaban eran los "Panteones" de familias importantes de
Córdoba. Nada más entrar a la izquierda estaba el "DEPÓSITO DE LOS DE
PAGO", que eran en donde se depositaban muchas veces los cadáveres a la
espera de cumplir las 24 horas que marcaba el reglamento de sanidad. (No
existían los Tanatorios), Este patio además de los grandes panteones de
familias importantes, estaba rodeado casi en su totalidad de unas galerías en
las que estaban las que posiblemente eran las bovedillas más antiguas del
Cementerio de San Rafael, e igual pasaba con los enterramientos que existían en
el suelo de las mismas galerías. Si tuviéramos que citar enterramientos
importantes de este patio, la lista sería interminable, por ello quiero
significar de forma generalizada los muchos enterramientos que existen en este
Patio.
Primero quiero mencionar el panteón
del pintor Julio Romero de Torres, que fue una atención del pueblo de Córdoba.
Muy cerca de panteón de Julio Romero, está el de don Antonio Campos González,
"Campitos", cura entrañable de San Lorenzo, que fuera posteriormente
párroco de San Juan de Letrán, y que todo lo que tenía de corto en estatura, lo
compensaba con una preparación intelectual de primera categoría. Luego podemos
citar también a Manuel Calero "Calerito" torero de Córdoba el cual se
encontrará algo extraño allí, al no estar en el Cementerio de la Salud, como
todos sus compañeros gente famosa del toreo. Quiero citar también al apellido
un poco más extraño que existe en este patio como: "NORMAN S. FULTON"
y por supuesto a los Barea, a los Canales, a los Salcínes, a los Estévez, a los
Tarradas, a los Vaquerizo, a los Duarte, a los Iglesias, a los Bustos, a los
Salgado, a los Reguera, a los de los Ríos, a los Cámara, a los Olías, a los
Salinas, a los Morte, a los Aguilar, a los Álvarez, a los Belmonte, a los Illescas,
a los López, a los Luque, a los Cruz Conde, a los Raigón, a los Requena, a los
Castro, a los Diéguez, a los Benito, a los Porras, a los Borja Pavón, Ramírez
de Arellano, a los Bojollo, a los Natera, a los Aroca, a los Suárez, a los
Padilla, los Romero, a los Durán, a los de la Peña, a los Hernández, a los
García, a los Hidalgo, a los Ruiz, a tantos y tantos que faltarían páginas para
enunciarlos. Hay que tener en cuenta que durante bastante tiempo éste fue el
único patio.
Pero de este Patio quiero citar a
Carmen Gutiérrez Gómez, entrañable mujer, muy trabajadora, primero en las
Bodegas de Cruz Conde y posteriormente en los Laboratorios Besoy. Ella, mujer
comprometida con sus difuntos, era la encargada de visitar todos los años a sus
familiares en los días señalados y de costumbre. Mujer llena de vitalidad nos
comentaba un día: "Se nos había muerto nuestro padre en julio de 1936, y fui
con mi hermana menor Encarnación a arreglarle la tumba, y estando terminando de
arreglar su enterramiento, nos sorprendió mucho el ruido que producía un avión
muy negro que pasó por lo alto del Cementerio, y cuando debió ir a la altura del
Jardín del Alpargate, sonaron tres explosiones muy grandes. Asustadas mi
hermana y yo, salimos corriendo como pudimos y nos refugiamos en la vivienda
del portero del Cementerio, que se puede decir que ya había salido a nuestro
encuentro". Luego nos enteramos de que habían empezado los bombardeos en
Córdoba.
Pero esta mujer Carmen Gutiérrez,
nos sorprendía aún más, cuando con toda la tranquilidad del mundo nos decía: "Allí
en el Cementerio de San Rafael y en el rincón que forma la galería que hay tras
el panteón de Julio Romero de Torres, tengo yo mi bovedilla para ser enterrada,
y la verdad, es que es de los mejores sitios que pueda haber en el
Cementerio".
Así con esta palabras esperaba su
muerte esta mujer que nació en el Arroyo de San Lorenzo en el año 1903, y murió
en el 1990, había vivido casi toda su vida en la Calle María Auxiliadora. Ya
con la edad dejó de visitar a sus deudos, pero siempre llevó todos los
"papeles" como decía ella en la cabeza. De forma practica no sabía
leer, pero en su cabeza retenía perfectamente las fechas de la muerte de sus
muchos antepasados, así como en el lugar que se encontraban enterrados dentro
del Cementerio de San Rafael.
Pero con todos los enterrados en
éste Patio de la Santa Fe, con su
importancia, y su lógica categoría, no me quiero olvidar de Rosario Cívico
Villegas, la popular Tabernera de la Taberna "LA COSARIA", de la
Calle Mayor de Santa Marina nº 28. (Esquina a Calle Cepas).
Esta mujer por muchas razones me ha
parecido muy enigmática y merecedora de dedicarle un pequeño estudio. He
buscado su Testamento (que lo hizo), pero lamentablemente en el Archivo de Protocolos no aparece o nunca
debió de llegar allí. Aquí presentamos una fotografía de la lápida que desde el
año 1901, guarda los restos de esta mujer. En la lápida falta la "cenefa
superior" en donde solamente pone: PROPIEDAD PERPETUA.

Lápida que cierra la bovedilla de la "COSARIA"
Galería de la Derecha nº 18 Fila 5ª.
TABERNA "LA COSARIA"
Rosario Cívico Villegas,
(1842-1901), la singular y simpática tabernera de Casa "LA COSARIA"
de la Calle Mayor de Santa Marina nº 28, que falleció el 23 de abril de 1901 y
está enterrada en la galería de la derecha, tumba nº 18, fila 5ª.
Esta mujer que se casó a los 19 años
con Francisco Muñoz Moreno el día 26 de diciembre de 1861. A los 6 años de
casada se quedará viuda, por lo que no tiene más remedio que ponerse a trabajar
en la Taberna que había prácticamente enfrente de su casa, en la misma Calle
Mayor de Santa Marina y haciendo esquina con la Calle Cepas, En 1869 la Taberna
estaba situada en el nº 28, y era regentada por Antonio Lubían y su esposa
Dolores Jiménez, ambos de 50 años. La juventud de Rosario y su posible belleza
hace que la gente afluya a la citada Taberna, por lo que recibe el nombre de
"LA COSARIA". Al poco tiempo esta Taberna es adquirida por Antonio
Díaz Vega, que según parece es el primero que queda prendado de su Tabernera,
terminando por casarse con ella el 1 de enero de 1881. Con toda seguridad a
esta boda debieron asistir muchos clientes de la Taberna y hasta posiblemente
el torero Rafael Molina Sánchez "Lagartijo" que era un cliente asiduo
a esta Taberna cuando no estaba de temporada...
Rosario Cívico Villegas, "LA
COSARIA", debió contraer un padecimiento serio del corazón pues en el 30
de mayo de 1900, ya hace testamento con sólo 57 años, ante el notario don Pedro
de Aguilar y Pérez, Y es que a parte de la buena posición por parte de su padre
José María Cívico, su madre María Villegas era hija de Bartolomé Villegas que
era labrador en la Huerta el Risco de la zona de El Brillante en donde vivían.
Con 58 años falleció el 23 de abril
de 1901 y según el parte médico de una afección al corazón. No cabe duda que el
nombre de "COSARIA" se debe a que era una Taberna "Muy
concurrida", de ella hablaban los
piconeros y el propio "Lagartijo" y sin duda algo debió tener la
juventud y posible belleza de aquella viuda Tabernera.
Esta mujer debió de ser resuelta y
apasionante, pues con toda seguridad nace de una familia posiblemente bien
situada y que toda su vida se desarrolla en la feligresía de San Miguel y San
Nicolás de la Villa, además se puede comprobar de que su padre José María
Cívico Díaz, o era dueño de la Huerta el Risco o la debía tener arrendada, por
lo que aparece en los documentos como "Hortelano" y también como
"Labrador". Y aquello ya en aquellos tiempos de 1860, ya era un
síntoma importante de posibilidades y bienestar. Ella no obstante nace en la
Calle Carreteras, en lo que se llamó Huerto de San Pablo.
Llama la atención lo escueto de su
lápida, que está coronada por la frase "PROPIEDAD PERPETUA", y sólo
cita su nombre de forma muy solemne, además de la fecha de fallecimiento. No
hay ninguna mención que haga referencia, ni a su segundo esposo, ni incluso a
su hija Felisa Muñoz Cívico que cuando muere la madre ella debía de tener 37
años. Posiblemente fuera la forma de epitafios que se estilaban por aquellos
tiempos. No obstante por la forma incluso de la lápida se nos antoja a Rosario
Cívico, cómo una mujer algo especial, y algo enigmática.
Después de la
muerte de Rosario Cívico Villegas, su marido Antonio Díaz Vega continúa unos
años con la Taberna, a la que se viene a vivir con él su hermana unos años
mayor. Pero definitivamente la Taberna se ve que la alquila en el 1910, a un
matrimonio joven formado por Baldomero Gallego Alhama y Socorro Álvarez García,
de 39 y 28 años respectivamente, que habían tenido anteriormente una Taberna en
la Calle Gutiérrez de los Ríos (Calle Almonas)
Pero con el paso de los tiempos, esta Taberna
terminará en las manos de los "Gallegos", que llegaron procedentes de
la Parroquia de "Paredes (Puenteareas), se trata de Ángel Groba, de la
familia “DO FERREIRO DE PAREDES” llegó a Córdoba y se colocó como farolero en
la Fábrica de MENGEMOR. Ahorró dinero y llegó a poseer en nuestra ciudad 17
casas repartidas por diferentes barrios. También repartió tres tabernas entre
sus tres hijos. Tenía alquiladas la Taberna “CASA CHALECO” en frente del
Matadero Municipal, parada obligatoria de los acompañantes en los entierros que
se celebraban en nuestra ciudad ya que por estar cerca el Cementerio de San
Rafael, existía el dicho: “SI VAS A UN ENTIERRO Y NO BEBES VINO EL TUYO VIENE
DE CAMINO” y también otro dicho sobre las carrozas que transportaban los
difuntos, que eran tiradas por dos, cuatro o seis caballos, según la categoría del
muerto y el entierro, y se solía aplicar el dicho: “CUANDO MAS RICOS, MAS
BORRICOS”,
Luego a su hijo MANUEL que se distinguía por un
pequeño defecto en un ojo le dejó la Taberna de “LA COSARIA" de Santa
Marina, creo recordar que perduró hasta finales de los años ochenta, hoy es una
casa señorial en la Calle Mayor de Santa Marina. De esta forma la Taberna la
"COSARIA" terminó sus días.
Copla Antoñita Moreno 1950
"PUENTECITO" DE SAN RAFAEL
Hay muchas personas que cuando
escuchaban la canción de Antoñita Moreno "Puentecito de San Rafael",
se imaginaban que era el Puente que une la Avenida del Conde de Vallellano con
la Plaza de Andalucía, y éste será el "Puente Nuevo", si se quiere,
pero nada tiene que ver con la citada copla, que fue compuesta en 1950, por
Ramón Perelló y Monreal, y que se refieren de forma clara al "TRAYECTO
FINAL" del entierro de Julio Romero de Torres, al acercarse al Cementerio
de San Rafael, entre la multitud de mujeres y personas que allí acudieron para
verlo, citando el "PUENTECITO" al que le puso nombre de San Rafael
por la proximidad del Cementerio de San Rafael.
Dicho Puente figuró
durante muchos años de forma anónima, sin ningún nombre, hasta que por su
proximidad con el Cementerio de San Rafael, y al recrearse la copla en el “RECORRIDO FINAL" bautizaron a
este Puente con el nombre de San Rafael, y ahí quedó universalmente nombrado
para la historia en la citada copla. Su ubicación era, más o menos, a la altura
de donde estaba en aquellos tiempos el almacén de pieles de Manuel de la Torre
y los Talleres Molina. (Más o menos en donde está ahora la Caja Rural).
Este "PUENTECITO
DE SAN RAFAEL" era uno más de los que había en el trayecto de Córdoba a
Alcolea, (Carretera Madrid. Nacional IV.). Con el mismo tipo de barandillas en
tubo redondo pintadas del mismo color de rojo y blanco. Otro puente
similar había también en la Choza del Cojo, otro en la Gasolinera de San
Carlos, otro en el Arroyo de Rabanales, otro en la Gasolinera de Las Cigüeñas,
y otro a la entrada de Alcolea. Más que puentes, en realidad eran simples "pasos
de cuneta". En verano este "Puentecito de San Rafael" era incluso "habitado" por la
familia de los "Salpullíos" (1948).
Nos contó Antonio Gutiérrez Gómez,
"El Chanfli" (1898-1965), simpático aficionado al mundo del toro, que
permaneció un día escondido en el citado Puente huyendo de su padre, que lo
buscaba para recriminarle por haberse "dejado la coleta" para torear.
(1918).
Antes de construirse el Camposanto
de San Rafael, el Arroyo de las Piedras
o de las Peñas, nombre que recibía éste Arroyo en función del paraje por donde
pasaba, bajaba por lo que hoy es la Avenida de la Viñuela (Margen izquierda), y
desde allí cruzaba directamente por la Haza de la Gitana, buscando encontrarse
con el Arroyo Santa Matilde para desembocar en el Río Guadalquivir. Una vez
construido el Cementerio de San Rafael, éste Arroyo fue desviado por la acera
de enfrente al Cementerio de San Rafael, (al otro lado de la Carretera) en
donde existía una Fuente-Pilar, de muy pobre construcción. El Arroyo pasaba cercano
a esta Fuente, y cruzaba por el "PUENTECITO DE SAN RAFAEL" que cómo
hemos intentado decir estaba a unos 60 metros del frontal del Cementerio en
dirección a Puerta Nueva. y por ahí el Arroyo cruzaba la carretera y buscaba el
llano de la Fuensanta y por el Cañaveral de Porras conectaba con el Arroyo de
Santa Matilde.
A principios de los años 1950 este
Arroyo fue embovedado (con motivo de su paso por el Estadio de Lepanto), y sólo
quedó la tendencia natural del agua de correntía de circular por el caudal del
antiguo Arroyo. Tanto es así, que en la explanada que había enfrente del propio
Cementerio, y rodeando a la Fuente-Pilar (que desapareció en 1973), siempre
estaba aquello hecho una laguna impracticable, sobre todo en los inviernos de
1940, 50, y 60.. Con la realización de la Avenida de Barcelona, desapareció la
Fuente-Pilar y el "PUENTECITO DE SAN RAFAEL".
EL RECORRIDO FINAL.
Se definía así, al trayecto que
realizaban los entierros, con su cohorte de curas, monaguillos, sacristanes y
los dolientes, en su trayecto desde PUERTA NUEVA al Cementerio de San Rafael.
Casi todas las Parroquias escogían ese camino y se recorría andando. En Córdoba
y por aquellos tiempos de 1950, era muy comentado este "TRAYECTO
FINAL", pues como hemos dicho empezaba en Puerta Nueva, a donde estaba
nada menos que el Hospital Antituberculoso (Hoy Facultad de Derecho) que
lógicamente tenía una media de mortandad alta. Luego y pasando el Matadero
Municipal y a la derecha había unas naves de Productos Agrícolas de un tal
Amador Jiménez que tenía la poca discreción de anunciarse con el rótulo de un
campesino cualquiera con su gorro de paja, y empuñando una GUADAÑA en clara
actitud de utilizarla. De esta forma teníamos EL HOSPITAL que daba un nivel
alto de muertes, LA GUADAÑA que todo el mundo relacionaba con la misma muerte y
al final el "CEMENTERIO DE SAN RAFAEL". A aquél ·"FATÍDICO
TRÍO" la popularidad de la gente lo denominó el "TRAYECTO
FINAL"..
TESTIGOS DE ESTE RECORRIDO FINAL
Entre las personas que se pudieran
considerar como TESTIGOS de aquél recorrido final, podemos citar al simpático
Bar "CASA CHALECO". Curiosamente, nada más pasar los
monaguillos por "CASA CHALECO", el campanillo del Cementerio empezaba
a tocar y aquello ya olía a sincronización o algo de brujería. Con las normas
que existían anteriores al Concilio Vaticano II, el cadáver era acompañado
hasta el mismo Cementerio y allí en la Capilla del Cementerio de San Rafael, se
le echaba el último responso. Una cosa que siempre nos llamó la atención a los
monaguillos, fue el hecho de que el cadáver siempre era "destapado"
en presencia de los familiares. Durante mucho tiempo creímos que era para que
los familiares se pudieran despedir por última vez, pero no, no siempre era eso
así, sino que era preceptivo el "destapar el cadáver" para que el
Capellán del Cementerio "certificara" que se enterraba a dicho
muerto. Eso estaba recogido en el antiguo Reglamento de los Cementerios.
También se podían
considerar como "TESTIGOS" aquellos trabajadores del Matadero
Municipal, que por una razón u otra les pillaba por el patio del Matadero, y
así podemos citar a Francisco Sánchez, a Antonio "El Mellao" a Pepín
Garrido, a Blancas el de las Banderillas, al simpático "Mudo" a Manolillo Infante, a Peña el
"Encargado". Todos ellos que vieron pasar a muchos entierros.
Tampoco se puede
olvidar a los trabajadores de los Talleres García Márquez y Casas, a los que
muchas veces les pillaba comiéndose el bocadillo en la puerta. A continuación
eran los trabajadores del Taller de carros de don Amador Naz Román, los que
hablando en clave de dominó (Juego en el que don Amador Naz, era un consumado
maestro) solían decir: "A este pobre ya le han ahorcado el "SEIS
DOBLE" en clara referencia al muerto".
Luego más adelante y
al pasar el Fielato, se llegaba a la altura de la "CASA EL TERCIO".
Los singulares vecinos de esta enorme casa, con 120 vecinos, muchos observaban
desde la puerta y hacían una rápida estadística del entierro. Pasaban repaso
hasta de los lujos o miserias que acompañaban al pobre muerto en su recorrido
final. Incluso datos de como iban vestidos, las capas, los sacristanes, las
flores, los llantos, etc. etc.

Entierro de Julio Romero 1930
UN "RECORRIDO FINAL" MUY SONADO (1930)
Antes de llegar al “RECORRIDO FINAL”, el entierro de
Julio Romero de Torres (10/05/1930), partió de la parroquia de San Francisco,
donde se celebró el entierro en medio de una multitud de gente de toda
Córdoba.. De los Patios de San Francisco, llenos a rebosar, partió el sepelio
con destino al Ayuntamiento, por Calle de la Feria arriba. Después del
Ayuntamiento, donde recibió públicos homenajes, subió por la Calle Nueva, Calle
Gondomar, Gran Capitán y desde allí fue llevado hasta la Plaza del Cristo
de los Faroles, en la que el pintor se había inspirado para su famoso cuadro de
la saeta. Un coro puso notas musicales al acto, y la muchedumbre pudo
embriagarse con emoción contenida. Las mujeres que fueron sus modelos formaban
una tribuna de duelo con sabor a Córdoba. Fue impresionante su paso por el
típico Realejo. Después de varias presidencias de honor circulaban unos veinte
coches portando como única carga multitud de coronas llegadas de toda España y
muchos sitios del extranjero. Se recitaron poemas líricos, y palabras de
homenaje a cargo del catedrático D. Antonio Jaén que dijo:
"Bellas mujeres
por tu magno pincel creadas, las de las carnes pálidas y morenas, las de cera y
llama a la vez, la de los senos palpitantes y virginales semejantes a las
palomas en su nido, las de las moradas ojeras como la flor del lirio, labios
levemente fruncidos que temen y desean el beso. Maestro Julio: Si es verdad que
al traspasar los umbrales de esta vida el artista va precedido de la obra que
creó, ¡qué magnífico cortejo de mujeres te llevas!
Me comentaba mi madre
que la acera de la derecha (Puerta Nueva hasta el Cementerio de San Rafael) era
una muchedumbre de personas en su mayoría mujeres jóvenes que llegaron desde
todos los lugares de Córdoba, y en especial aparecieron por la ancha Ronda de
la Manca. Allí presenciando el "RECORRIDO FINAL" se puede decir que
estaba toda la Córdoba, de San Lorenzo, Santa Marina y barrios colindantes.
Aquél entierro lo
haría la Funeraria Católica de la Calle Pompeyos y fue un entierro de los
llamados de "CRUCES", en el que iban todas las cruces de la
Parroquias de Córdoba, con abundantes sacerdotes, sacristanes y monaguillos.
Esos entierros se consideraban algo muy excepcionales, y además eran muy
costosos. Afortunadamente todo aquél excesivo boato con el Vaticano II desapareció,
pero bien entendido que el "boato" de los entierros era una cosa por
cuenta de la Funeraria.
Se puede decir que en
Córdoba y que tengamos constancia solamente el entierro de Manuel Rodríguez
Sánchez "Manolete", celebrado en el año 1947, tuvo tanta
espectacularidad.
Patio de la derecha que linda
con el antiguo Matadero
OTROS PATIOS
Y pasando del Patio Central, y si
tiras hacia la derecha y cerca de donde está el Panteón de Julio Romero de
Torres, accedías a una serie de patios no muy grandes, en los que en primer
lugar estaba "EL DEPÓSITO DE LOS DE BALDE" y en toda aquella zona no
había nada más que tumbas en el suelo en los tres patios pequeños y contiguos.
Solamente existían unos pequeños cuadros de bovedillas, en el muro de separación
de un patio con otro, y en el testero posterior al citado "Depósito de
Balde".
Precisamente y por detrás de este
llamado "Depósito de Balde" se accedía a un largo patio que corría
paralelo a lo que hoy es el Polígono de la Fuensanta, exactamente en donde se
pone el "Mercadillo Ambulante". Al principio de este patio y haciendo
un rincón existía una galería en forma de "L" en donde había
bovedillas y también tumbas en el suelo. Luego a media distancia del patio y en
la parte izquierda, había una puerta que se comunicaba con el "Patio
Principal". (Todavía existe). En la otra esquina de esta puerta de
comunicación con el "Patio Central", había un testero de bovedillas
que llegaban hasta el final de éste largo Patio, ( Hoy existen panteones), que
se cortaba a donde hoy empiezan más o menos el llamado "Muro de la
Memoria". La mayoría de las tumbas de este Patio eran en el suelo, y a la
derecha existía una puerta que se comunicaba con el Polígono de la Fuensanta y
que sólo se abría en la fiesta de los Difuntos. En muchas de las tumbas que
había en el suelo, estaban cubiertas por unas lápidas de mármol blanco, casi
repetición unas de otras y que ponía el epitafio: "Fallecido durante la
guerra civil 1936-39". Luego en el testero de bovedillas que lo separaba del Patio Central,
llamaba la atención una "bovedilla cuádruple" (aún está), en que el
Ayuntamiento de Córdoba le dedicaba el enterramiento a las victimas del
accidente ferroviario de la SOLANA.
PATIOS A LA IZQUIERDA (Hacia Barrio Cañero)
Volviendo al primer patio diremos
que en dirección por la zona de la izquierda y accediendo por una pequeña y
empinada rampa se pasaba a los tres patios que estaban ocupados por tumbas en
el suelo y en los muros que los rodeaban por bovedillas.
Durante mucho tiempo, nada más subir
la citada rampa, y en el cuadro de bovedillas que queda justo a la izquierda,
muchas personas solían pararse ante la bovedilla de Wenceslao García Lorenzo
Arroyo de 45 años, el chófer del autobús de AUCORSA que se precipitó al Rio
Guadalquivir, al dar la vuelta desde Calle la Feria para enfilar el Paseo de la
Ribera, en aquella aciaga tarde del domingo 26 de abril de 1964, y cuando
realizaba el último servicio "ESPECIAL AL FÚTBOL".
Hay que recordar que éste servicio "ESPECIAL
FÚTBOL", empezaba su recorrido en la Plaza de José Antonio y terminaba en
el Campo de Fútbol del antiguo Arcángel. En aquél accidente murieron todos sus
ocupantes menos el cobrador del autobús Miguel Esquerra Priego, que se pudo
lanzar por la ventanilla. La mayoría de todos estos cadáveres fueron enterrados
en el citado cuadro junto al chofer Wenceslao.
De haber existido el actual BAR EL SOJO
los clientes de su terraza hubieran podido presenciar en primera fila todo el
desenlace de éste trágico accidente.
Precisamente y cuando
pudimos ver la foto del chofer del autobús, pudimos caer en la cuenta, de que
éste hombre fue el que realizó el servicio "ESPECIAL" de autobús
desde CENEMESA a Córdoba, (Barrio de
Cañero), del sábado anterior al accidente, por lo que lo recordábamos como un
hombre comedido y prudente en su conducción. Curiosamente nos pudimos enterar
de que el fue mandado a realizar el fatídico SERVICIO ESPECIAL que cayó al Río,
en sustitución del compañero y vecino suyo en la Calle Barrionuevo, Bernabé
López Rodríguez, que al sufrir una indisposición fue sustituido en este
servicio por Wenceslao. La matricula del autobús siniestrado era: MA-21299.
Al final de estos tres patios y
siempre en dirección al Barrio de Cañero (Calle la Oficina), existía un enorme
patio, semivacío, y que todo el mundo denominaba "EL PATIO GRANDE".
Ese patio solo en los muros que lo separaban de la Avenida de Libia, y de los
patios anteriores era en donde tenían bovedillas.
Este "PATIO
GRANDE" que hemos mencionado y que lindaba por la Avenida de Libia, la Calle
la Oficina del Barrio de Cañero y el Polígono de la Fuensanta, era un patio
enorme, de las dimensiones extraordinarias de un gran Campo de fútbol, y que
estaba semivacío. Allí recuerdo que levantaron unos cuadros para párvulos, e
hicieron bovedillas en el muro que separaba al patio de la Avenida de Libia,
que entonces se llamaba "Carretera de Madrid". Entrabas en este patio
enorme y a la derecha había una enorme "ZANJA" que era en donde se
enterraban los que no podían pagar un enterramiento al Ayuntamiento..
En el "PATIO GRANDE", poco
a poco en el lado que lindaba con el Polígono de la Fuensanta se fueron
construyendo cuadros alineados en paralelo, y allí durante los años 1960, 70, y
80, se enterraron a muchas personas de Córdoba. Aquel rincón o lado derecho del
"PATIO GRANDE" tiene una densidad de bovedillas impresionante. Pero
queremos recordar que a la altura de los años 1960, se habilitó una zona o
departamento con cancela de entrada y todo, en donde se colocaron las tumbas de
los llamados "Protestantes" que se trasladaron desde su Cementerio
ubicado cerca de los Santos Pintados.(Al final Fuente de la Salud). En este Departamento,
también se habilitó un cuadro de bovedillas para el llamado Cementerio Civil.
Por cierto que por aquellos años y en el día de
los "Difuntos" éste Departamento de los "Protestantes"
parecía una feria de la gente que iba a visitar la bovedilla de José Moreno
Corpas "Pepín Moreno" que durante unos años estuvo enterrado allí.
Este personaje singular de la Córdoba de aquellos tiempos murió en accidente de
coche al chocar contra una farola de la Avenida de Obispo Pérez Muñoz, en el año
1964 cuando iba acompañado al coche con su novia la popular y genial bailaora
Ana Carrillo Mendoza "LA TOMATA" (1942-2007).
Dicho Cementerio
protestante, fue fundando por Duncan Shaw un alto ejecutivo de la fábrica de
plomo que hubo cerca de aquél lugar. Pero desaparecida la fábrica de plomo, y
la marcha de la población "protestante" el Cementerio entró en un
claro deterioro y abandono y por ello fue trasladado al Cementerio de San
Rafael en 1959.
Tenemos que decir que
Duncan Shaw, vivió en la Calle Torrijos, a donde está hoy ubicada la Tienda de
SOUVENIR de Antonio Adarve López, el hombre que fuera presidente del
Córdoba CF. durante los años 1989-91. La esposa de Duncan Shaw era de religión
católica y cuando el empresario británico escuchaba las campanas de
la Catedral, solía advertir a su señora con las palabras de: "Que llegas
tarde a la Misa".
A
partir de los años 1960 como hemos dicho, este "PATIO GRANDE" empieza
a crecer y crecer con unas ordenadas hileras de cuadros de bovedillas, primero por
la zona de la derecha que lindaba con el Polígono de la Fuensanta, y luego ese
crecimiento llegaría a todo el patio. Se puede decir que en lo que fue aquél
"PATIO GRANDE" semivacío que pudimos contemplar en los años 1950,
están concentrados más del 60% de los enterramientos de este Cementerio de San
Rafael.
En
aquellos tiempos el exorno floral de las tumbas y las bovedillas era a base de
flores del tiempo, precisamente en Córdoba había varios huertos dedicados a
sembrar flores para el día de los Santos y los Difuntos. Concretamente y en
terrenos en donde en su día estuvo la Ermita de San Sebastián y posteriormente
"La Casa del Santo", estaba el Huerto de Miguel y Mercedes, y el Huerto
de Fernando Peña, además del Huerto de Santa Rosa. Las flores que se estilaban
eran lógicamente rosas, claveles, margaritas, pero en especial, "Marimoñas
y Crisantemos", en distintos colores que eran las flores más populares en
el Cementerio de San Rafael. Pero e aquí, que por los años 1960, los hermanos
Wizner que en su establecimiento de San Agustín, (Casa Modesta), introducen en
Córdoba las flores de plásticos y aquello constituyó como una
"revolución" por los asequibles y populares que resultaban. A partir
de ahí ya el Cementerio y su lápidas era prácticamente "escaparates de
plástico" de manera que hasta las propias lápidas protestaban..
MERCADEO CON LOS
MUERTOS
El Cementerio de San
Rafael fue un testigo callado y respetuoso de muchas situaciones que se
pudieron dar allí durante aquellos tiempos que estamos hablando de los años
1950-1980. Hay mucha gente que se comió bastantes guisos de "Caracoles
Gordos" que allí florecían. Había gente que aprovechaba a un muerto, para
negociar a nivel económico y por supuesto político. Aquí podíamos mencionar al
"Limpio" un personaje simpático de Córdoba, que por trabajar para una
Funeraria se lamentaba de que el negocio nos prosperaba pues no se moría nadie.
Pero al margen del
interés económico del posible entierro, también los políticos quisieron sacar
provecho de los difuntos. Por ello es
bueno recordar que hacia la mitad de los años 1970, hubo un desgraciado accidente laboral en las
instalaciones de la Fábrica Electro Mecánicas,
en el que resultaron muertos tres trabajadores al estallar un
transformador. La fatídica muerte les llegó a los trabajadores de forma
espaciada. Primero fue uno, luego otro y finalmente falleció el tercero, todos
en el espacio poco menos de una semana. Recuerdo que en el entierro del primer
trabajador, el Sindicato Comunista y el propio PCE, pasearon el cadáver de este
trabajador prácticamente por toda Córdoba, y lo llevaron a hombros hasta el
Cementerio de San Rafael. Por todo el camino, los Slogan políticos y
sindicales, atacaban quizás con razón a la empresa por descuidar las medidas
preventivas en el tema de los accidentes. El muerto lógicamente, ajeno a todo
lo que pasaba, fue utilizado como ariete y motivo de propaganda contra la
empresa y con todo el entorno establecido políticamente por aquellas fechas..
Años más tarde y ya
con la democracia instalada en nuestro Ayuntamiento, y con un Alcalde democrático al frente del Ayuntamiento, muere
el trabajador, Faustino Blanco, (sepulturero), a consecuencia de que una plataforma elevadora a
mitad de la operación de elevar un ataúd, a la bovedilla fila 5ª, falló y la
caja con el cadáver que se iba a enterrar dentro aplastó al joven sepulturero de
los Olivos Borrachos que murió prácticamente en el acto. Córdoba, se enteró de
ese accidente por una pequeña reseña del periódico CÓRDOBA, nadie, ni
sindicatos ni por supuesto el propio partido PCE, en el Ayuntamiento, hicieron
ninguna manifestación pidiendo “responsabilidades” a nadie. Una de dos, o este
muerto tenía menos categoría humana que aquel trabajador de la Electro
Mecánicas, o los Sindicatos y el propio PCE, demostraron que usaban a los
trabajadores muertos para su propaganda y protestas.
La
cosa de los entierros ha cambiado mucho, pues ya son muchas las personas que
por decisión propia o de sus familiares son incinerados, y sólo en algunos
casos sus cenizas son enterradas en bovedillas de propiedad o panteones. Por
otra parte, los entierros ya no tienen aquella vistosidad que pudieran tener
los "RECORRIDOS FINALES" propios de aquellos tiempos, y en las casas o en los bloques de
vecinos apenas se advierte que se ha muerto alguien. Muchas veces los vecinos,
se enteran porque han leído la esquela en el periódico. Luego todo lo del
velatorio ya se celebra en los TANATORIOS, lugares, en donde en muchos casos termina
todo el entierro. Eso si, en salones que con su nombre casi turístico, nos
hacen pensar que el cadáver está poco menos que de veraneo.
Ya se
perdió aquél nexo de unión entre los vecinos que siempre suponía el velar a un
vecino. y desapareció el ruido que hacía aquél molinillo del café de la vecina
al amanecer. Ya no hay por tanto, que entonar puerta de la calle alguna. Es
bueno que todo evolucione, que todo se haga moderno. Esperemos al menos que no
terminen lo entierros siendo organizados por el Corte Inglés o por Amazón.
Gracias al Archivo Municipal y al
Archivo Diocesano.
M. Estévez