domingo, 19 de septiembre de 2010

La luz de "perra gorda" (y II)

CASI A OSCURAS

En aquellas casas de vecinos donde la luz era un bien escaso había que tener dos “riles” para ir de noche al “water” común, que solía estar casi siempre a oscuras ya que la luz única del patio no le llegaba. Las cocinas eran otro número. Aunque los vecinos solían guisar de día, no por ello hubo noches en que algún vecino no tuviera necesidad de utilizar su cocina y su poyo, para lo que tenía que utilizar un velón de gas-oil, lo que se estilaba por aquellas épocas, con el riesgo muy frecuente de que toda la comida se impregnara de olor. Aunque parezca un tanto raro, las velas eran casi prohibitivas.

Mi madre me contaba y recontaba que cuando no había apenas luz el hombre se adaptaba a lo que tenía con un ahorro total del “desgaste de su vista”. Los hombres leían novelas de Marcial Lafuente Estefanía con la sola luz de una bombilla de 25 watios que se dispersaba por todo el patio. En las viviendas, para aprovechar la concentración de la luz de la bombilla, se hacían “lámparas de papel” con las hojas de almanaque. De las mejores eran las del calendario de Manuel García Plaza (Máquinas de coser y bordar Alfa y bicicletas BH), pues sus grandes y bellas láminas daban el juego adecuado para hacer un “embudo” que hiciera las veces de lámpara.

Y es que la lámparas de fábrica eran un bien muy escaso en los ambientes de la luz de “perra gorda”. Al final de los cincuenta y principios de los sesenta, llegaron a los pisos y casas de Cañero y Campo de la Verdad, y como si de una plaga se tratara, llegaron las famosas “lámparas arañas”, que junto al “mueble librería”, y el tresillo de “skay” eran la decoración inevitable.

A FALTA DE LUZ , EL PATIO DE LA CASA

La falta de luz en las viviendas hacía que la vida de los vecinos se realizara en el patio de la casa, constituyéndose éste en un auténtico plató de televisión, donde cada uno hacía su papel y todos tenían sus propios diálogos, a veces de sordos. Ahí no hacía falta director, porque todo era espontaneidad. Había hasta peleas, lavados por turnos en las pilas, fregados, y mucha ropa que tender. Incluso había algunas veces cola para utilizar el único “water“. Hasta el ruido del carrilllo del pozo sonaba de forma acompasada. A las doce del día, después de que se escucharan las campanadas de la torre (Angelus), se regaba el jazmín y la dama de noche. En el patio y durante el día siempre había corazones que palpitaban, cada uno en su tarea. Las personas mayores se dedicaban a las labores del cosido, a hacer encajes de bolillos. Otras, más jóvenes, cuidaban los “garbanzos echados en agua”, recogían y doblaban la ropa, o charlaban o discutían con cualquier vecina. Pero en aquellos patios lo que sobraba era armonía.

Luego, llegó la luz, después la televisión, y la gente abandonó el patio común para encerrarse y aislarse en sus cubículos…

LUCES Y SOMBRAS

En calle Cristo, el marido de Lola Varo la de la “carbonilla”, se llamaba José y por unas razones u otras siempre andaba por su casa con la botella debajo del brazo. A pesar de que tenía este pequeño “problema” el amigo José era bastante trabajador a nivel doméstico. Desatascaba caños, arreglaba goteras, pintaba fachadas. Siempre estaba liado, aunque la verdad es que entre faena y faena solía acudir a su botella “esmerilada” a la que apreciaba mucho (obviamente por el líquido que contenía) y que repostaba en la bodeguita de "Casa Matías”.

Era un día 24 de Octubre, festividad de San Rafael, y la casera de su casa, Pura, en representación de los diez vecinos restantes acordó con él que en la mañana pintara la fachada de la casa por doce pesetas. Se levantó muy temprano, y a poco más de la diez de la mañana ya había terminado su faena. No queriendo precipitarse en el cobrar dio tiempo al asunto, y lo dedicó a coger y soltar la “botella esmerilada”. Cuando ya estaba un poco a “nivel”, se dirigió a Pura y le pidió sus doce pesetas del pintado. La casera, al ver que había terminado tan pronto, quiso regatearle parte de lo acordado, y él se negó en rotundo. Como llegara otra vecina y le dijera que doce pesetas era mucho, el bueno de José, un tanto “cargadito”, no tuvo nada más que entrar en el portal de su casa, y “agarrándose” al mazo de cables de todos los vecinos, pegó un tirón sacando de cuajo las instalaciones de luz de “perra-gorda” de todos. (Al final, por no querer pagarle lo pactado, estuvieron casi un mes sin luz, pues hubieron de hacer instalaciones nuevas en lo que se llamó “hilo bajo plomo” que fue el salto inevitable a que se pasó desde el cable bipolar enrollado).

El incidente no acabó ahí. Las comadronas del barrio, la “Repulla”, la “Relojera”, y la “Bombera” mantuvieron una reunión de urgencia en "Casa Matías”, y tras ella acordaron informar de este problema al poder más “universal” del barrio, el cura Novo. Eso ya eran palabras mayores. Éste inspeccionó el lugar de la “tragedia” y después ordenó al sacristán Bojollo que le facilitara a cada vecino… un trozo de cirio blanco, de la hermandad del Calvario de la que su padre Don Marcelino era el tesorero.

Al final, todo aquello fue sonado en San Lorenzo, especialmente en la calle del Cristo… y al amigo José ya no le mandaron a que hiciera ninguna labor doméstica.

OTRAS LUCES QUE BRILLABAN... DE OTRA FORMA

Siguiendo en la misma calle Cristo, tenemos por fuerza que hacer una mención a la “Bombera”. Esta mujer gruesa y oronda era una más de aquellas mujeres que había por el barrio que tenían cualidades de bondad y vecindad, como pudieran tener la “Repulla”, la “Relojera”, “Doña Salvadora”, Antonia Aguilera, la “Salvorilla”, Lola Varo, y tantas otras que llenaban aquellas casas de vecinos. Pero bien es verdad que la “Bombera” tenía un desparpajo que la hacía casi única y distinta. Era de apariencia muy descarada y fresca, detalle que ya lo demostró cuando el cura Novo, “El látigo Negro” le tuvo que recriminar el hecho de que, según parece, se quedara con macetas que no eran suyas cuando se desmontó la Cruz de Mayo que en ese año (1956), se puso en la Plaza de San Lorenzo (y que, por cierto, ganó el primer premio en competencia reñida con la de la Calle Tafures).

En ese mismo año, cuando aún todavía los políticos no se habían inventado eso de “La Velá de la Fuensanta”, y lo que se celebraba todos los años era “la Feria de septiembre”, vino a Córdoba un nuevo espectáculo denominado “El Teatro Victoria”, que quería ganarle un poco de espacio al “picardón” Circo "Chino" de Manolita Chen.

"El Teatro Victoria" tenía en su repertorio como teloneros a un recitador, un cuentachistes, y un payaso. Ya en una segunda fase más sería del espectáculo traía a un morenito llamado Arango, que vino popularizando aún más aquella canción de: “YA VIENE EL NEGRO ZUMBÓN BAILANDO ALEGRE… Después de esta actuación y la de un oscuro contorsionista (“El Hombre Bisagra”), venía la actuación estelar de dicho teatro.

Se levanta el telón y aparecen unas veinte muchachas, bellas y de cuerpos esculturales, que con muy poca ropa (braguitas, sostén y una pequeña faldita delantal) ofrecían todos sus encantos al ritmo de la música. Este ofrecimiento era especialmente para la “tropa” que en forma masiva llenaba las gradas del espectáculo. El momento estelar llegaba cuando la banda de música empezaba de forma estridente a acompasar los gritos de: “MAERA, MAERA, MAERA”, y ya como remate final las coristas provocaban al público para que todos gritaran: “Y MÁS MAERA”. En ese momento, moviéndose todo lo que podían, se levantaban el pequeño delantal OFRECIENDO SUS PARTES MAS ÍNTIMAS AL PUBLICO, que aunque tapadas con unas pequeñísima braguitas rojas provocaban una situación de locura y de fervor contenido.

… Pues la inefable “Bombera”, la mujer que, según decían ,“se quedó con las macetas”, se sentía muy orgullosa de aquel "Teatro", pues dos de sus hijas mayores, Rafaela y Antonia Montes, formaban parte de aquel elenco de muchachas, ofreciendo al enfervorizado público, toda la voluptuosidad de sus cuerpos. Esta “salida” del tiesto por parte de las hijas de la “Bombera”, hizo que el cura, el severo "Látigo Negro”, valedor de la “moral reinante” en aquellos tiempos, juntara “MACETAS Y MAERA” y viera como una cosa lógica el excomulgarla…

El FIN DE LA PERRA GORDA Y LA PICARESCA EN TORNO A LOS CONTADORES

Al principio de los años sesenta se puede decir que desapareció prácticamente la luz de “perra gorda”. Fueron los nuevos barrios como Cañero, el Campo de la Verdad y el barrio de la “Guita” los que iban marcando su final inexorable. La Compañía Sevillana, “gentilmente”, instalaba dentro de tu vivienda un contador, y te decía que lo cuidaras, pues pagabas un alquiler todos los meses por él. A unos se lo instalaban en el patio, a otros en el comedor, y a muchos incluso en el dormitorio. Era curioso: al “enemigo” lo teníamos alojado dentro de casa, ya que era él y nadie más que él, el referente para que nos hicieran la factura mensual de consumo. Aparte de invadir tu "intimidad", Luis Aroca, el encargado de hacerte el contrato en aquellos tiempos, era tan exigente con sus “modos” (seguramente por exigencias legales) que aún le tomabas más coraje a todo lo que se relacionaba con la Compañía eléctrica.

Entonces en estos barrios sencillos y simples, se pensó en “amaestrar” al dichoso contador, para lo cual se utilizaron infinidad de técnicas al gusto del consumidor, y que contradicen lo de que los españoles no somos “competitivos” porque no estamos dotados para la innovación y la tecnología…

Y era curioso, pero la “solidaridad” de todos los vecinos y miembros del barrio con la llegada de los inspectores rayaba lo nunca visto. Si hacía falta, los retenían con cualquier achaque, mientras otro cualquiera iba y avisaba al tramposo. Me comentó Pepe el de la Sevillana que más de una vez se dio el caso que el temido “inspector” era “agasajado de forma cómoda” en cualquier taberna del barrio, hasta el punto que se tenía que volver para atrás algo “pipa”. La gente lo estudiaba todo, y era una lucha de todos contra la Compañía. Ahí van seis ejemplos.

Foto: Cuadro de antiguos contadores.

1. LAS PINZAS

Hubo gente de lo más atrevida que cuando tenía que poner el potente brasero, la lavadora u otro aparato de excesivo consumo, sacaba sus “pinzas preparadas” y las enganchaba a la línea que pasaba cerca de su balcón. Así una tarde, otra y otra, se engañaba al contador, ya que la corriente no pasaba por él. Esta opción, algo peligrosa, la utilizaron personas relacionadas con el oficio, como un conocido que trabajaba en una plataforma de ensayos, y que vivía en Cañero Viejo.

2. LA BALLENA

Era normal oír en el Bar Tenerife, en Casa Manolo, o en “Los Mochuelos” de gente que abriese la “faldilla” del contador y metiera “una ballena de camisa”; con ello, durante un tiempo controlado, se paraba la rueda del contador que determinaba el consumo. Se hacía de forma controlada para que el ahorro fuera “sistemático” y no diera lugar a sospechas por parte de la Compañía. Pero a algunos, los más desafortunados, se les solía descomponer el contador en las manos y tenían que recurrir a cualquier “Calete” de turno para que les sacara del atolladero.

3. EL TALADRITO

Otras personas optaban por hacer un pequeño taladro en la parte del contador que no estaba a la vista y, mediante un ganchillo del pelo, un palillo de dientes, o algo así, introducirlo y parar la dichosa rueda. Como siempre, haciéndolo con sistema, para que la Compañía no advirtiera extraños “dientes de sierra” en el consumo.

4. EL GORRIÓN, LA FLOR Y LA NATA

Quizás una de las técnicas más sofisticadas fue la que observé en el bar del simpático “Gorrión”. Este empresario de la hostelería, que estuvo trabajando en Inglaterra, además de traerse un coche con el volante a la derecha trajo novedosas “técnicas de ahorro” en el tema energético. Primero se instaló en el Bar San Lorenzo, donde vivía su suegro, el famoso “Artillero”. Luego, se expandió como empresario y se trasladó a la flamante Avenida de Barcelona, donde puso un bar más moderno llamado “Flor y Nata”.

El nuevo establecimiento no reparó en gastos, y estaba dotado de todas las comodidades. Simplemente fue un hombre precavido a la hora de “pagar” el consumo eléctrico. Durante su estancia en el extranjero había conocido un sistema “trampa” que se practicaba en el selecto distrito londinense de Chelsea, y le comentó sus pormenores a un técnico reputado del barrio para que se lo elaborara aquí. El competente técnico fue capaz de trasladar la técnica londinense, pero le advirtió de que cualquier descuido le podía tirar el invento por tierra, así que le dijo: “cuando le des a este pera, al estilo de las que tenían nuestras abuelas encima de la cama, la corriente entrará en tu casa sin pasar por el contador. Debes de procurar que este sistema funcione un día si y otro no.” Y en un arranque de orgullo patrio, el electricista le añadió que, posiblemente, antes de que esto se empleara en el refinado Londres, ya se hablaba de este invento entre los empleados del Parque de Automovilismo, según conversaciones mantenidas en el Bar “La Espuela” del barrio Gavilán.

Así, el bueno del “Gorrión” disfrutaba, porque su negocio funcionaba “viento en popa” y el consumo de energía era el mínimo, pues llevaba a rajatabla lo de “un día si y otro no”. La pera funcionaba cada veinticuatro horas. Pero ocurrió lo que siempre ocurre. El Real Madrid, jugaba un partido importante con el Barcelona y el simpático “Gorrión”, forofo acérrimo, se marchó a Madrid para ver a su equipo del alma. Por unas razones u otras, la "pera” estuvo por lo menos cuatro o cinco días sin funcionar, con lo que se rompió el equilibrio de consumo. Resultado: la inspección, que ya se olía algo y estaba esperando el primer desliz para mandar a sus técnicos, descubrió el “circuito paralelo” y todo ello ante notario le costó al “pillo” del “Gorrión” una multa importante. Estamos hablando de hace unos veinte años, por los que hoy esa multa sería incalculable.

5. LA PRUEBA DEL SERRÍN

También se comentó mucho por la Ribera las trampas que hacían algunos talleres de carpintería, que procuraban que la rueda del contador se llenara del serrín flotante, y así anduviera más lenta. Algo de eso quizás, y de forma involuntaria, le pasó a Muebles Martínez. Y de ahí lo copiaron bastantes talleres.

6. EL ELECTROIMÁN

Finalmente, los más “entendidos, ya a nivel de expertos, solían hacer un “puente en el neutro” con lo que “engañaban” a la bobina amperimétrica, clave para la medición.


... Y se acaban aquí los relatos de la luz de “perra gorda” y de los primeros contadores, con los ingenios y penurias de una Córdoba casi a oscuras, lo que no deja de ser paradójico en una ciudad que, según las Crónicas, fue la primera de Europa en contar con un sistema de alumbrado organizado.



13 comentarios:

marti dijo...

Una crónica costumbrista con todos sus perejiles, sí señor.Costumbres forzadas por las circunstancias y gozosamente superadas. No obstante tuve la oportunidad de escuchar a algún político reivindicar estas fórmulas colectivas de convivencia que tu relatas por su, precisamente, calidad de vida!
Vivir para ver. En este caso, escuchar.

Paco Muñoz dijo...

Manuel como siempre una crónica entrañable, y más cuando a personajes los conoces. El "Gorrión" está fatal, cada día peor. Bien es verdad que ha conseguido su sueño, vivir en el Gran Capitán y allí mal vive en un caro piso, de la prolongación. Algunos de esos trucos hacia mi padre. Recuerdo otro de un vaso de agua, pero el más efectivo era el magnético, lo que pasa es que con la sofisticación electrónica ya es imposible.

Lo más hermoso, la solidaridad frente al poderoso que robaba con los textos del Boletín del Estado, y el cura ¿con qué poder moral podía excomulgar a nadie?, como siempre haciendo gala de esa hipocresía que tienen genética.

Un bonito, y real, dibujo del patio de vecinos.

Un abrazo Manuel

Manuel Estévez dijo...

Gracias Amigo Paco

Es para mi una satisfación que leas mi cariñosa colaboración.

Saludos

ben dijo...

He disfrutado como un niño,leyéndo
te.Me has hecho recordar el retrete
común,en el nuestro,un agujero en
alto,en cuclillas era entreteni
miento,ver la rata de turno,negra
ella y enorme,como jugaba por entre
los excrementos que ibamos soltan
do.Comentando la cosa entre veci
nos,nos disputabamos,sobretodo los
crios,quién era el que se la car
garía.Tarde o temprano,la rata
buscando comida por el patio co
mún y siendo acechada,con escobas,
terminaba como trofeo,de alguno.Ten
go el honor de haber cazado más de
una,porque nunca me produjo miedo
ni repugnancia,ese tipo de animali
tos.Ha cambiado tanto los tiempos
que ni esas tontas y gordas ratas
negras existen,han sido sustitui,
das,de forma natural,por las grises
pequeñas,pero muy listas.La inteli
gencia gana a la fuerza como siem
pre.

Manuel Estévez dijo...

Gracias Amigo Ben

Te mando un saludo hermano para tus queridas "Margaritas".

Yo pongo estas cosas no desde la añoranza "absurda" de que eran unos tiempos mejores. Sinó para que sirva de recuerdo de que a pesar de las malas circunstancias en que se vivía. Siempre había algo digno de recordar como era la
solidaridad. Hoy se nos muere un vecino y como no lo diga la TVE, ni tansiquiera nos enteramos.

Gracis Ben, eres un puente de sana simpátia entre San Lorenzo y tus queridas Margaritas.

Un abrazo.

Manuel Estévez dijo...

Srta. Gloria


Gracias por seguir todo aquello que acontece cercano a nuestra querida Córdoba.

Efectivamente no "se rememoran" esos tiempos para querer que vuelvan, sino, para que sepamos coger de
ellos las enseñanzas que nos den.

Como tu muy bien dices SUMAR, más que restar. El Amigo Paco y Ben, creo que entenderan perfectamente
tus palabras.

Me gusta la capacidad de sintesis que tienes cuando dices: REUNIDOS, CADA UNO CON SU OCUPACION. Es una
verdad como un templo.

Saludos desde la tierra de los Castro.

ben dijo...

Pues sí,Manuel,no cualquier tiempo
fue mejor,en este caso,mucho peor.
Al único retrete,de mi niñez,iban
15 personas,con su cubo de agua en
la mano y su papel de periódico en
la otra.Hoy día,pensando en la me
dia de 4 por piso y dos lavabos,sa
le un asiento para dos personas.Sin
cubeta y con papel fino.Dividiendo,
15/2=7,5 .En 50 años el nivel de
vida ha subido casi 8 veces,un mo
gollón.Como para no estar conten
tos y felices!

Manuel Estévez dijo...

Amigo Ben

Tienes toda la razón quien va a querer aquellos tiempos, nadie.

Pero es bueno que quede para la
posible historia de los que llegan a esta vida.

Que nuestros antepasados, todos, desde tatarabuelaa, bisabuelas, abuelas, y padres, venían sufriendo esas casas con esas "comodidades".

Eso no fue cosa reciente del siglo XX.

Ben, gracias por tus aportaciones, pues hasta una Srta. de México, se hace cumplido eco de ellas.

Saludos.

Francisco dijo...

Precioso texto, me ha recordado a las notas cordobesas de Ricardo de Montis, ademas no detecto rencor por lo pasado sino solo amena descripción de esos tiempos duros y tal vez se entrevea una serie de principios sociales y humanos que hoy en día se hechan de menos. Actualmente hay mucha gente que sigue viviendo en perores circunstancias, entre ratas droga violencia y mucha miseria y no son cuatro, son muchos. Pero claro son otros tiempos.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Francisco

Gracias por su comentario. Tengo que decirle que las vivencias forman parte de nuestras vidas, desgraciado de aquel que por "tonteria" las quiera ignorar.


Saludos.

Eladio Osuna dijo...

He esperado al final para comentarte algo que no logro que nadie recuerde. En la plaza de San Felipe, a la altura de donde hoy esta Pizzaiolo, recuerdo una casa de aparatos de radio. La peculiaridad es que tenían un artilugio como el de los televisores de los hospitales. Y en él se iban echando las perras gordas si querias oir la emisión. A final de mes iba un cobrador, casa por casa a por la recaudación. Y había también una tasa de radio que recuerdo haber pagado con apremio en una oficina que estaba por la Puerta de Gallegos.
En fin, un tema colateral al que planteas.
Gracias por tu magnífica colaboración y por ese afán de la pequeña memoria histórica que remueve nuestra neuronas.

Paco Muñoz dijo...

Eladio el asunto del cobrador recuerdo que en mi casa, apagaban la radio cuando se escuchaba que estaba el "inspector" por la calle, e incluso la tapaban con un artilugio que la dejaba camuflada en su totalidad. Claro que se pagaba un canón por tener aparato de radio.

De ese aparato de encendido previo pago no me acuerdo, pero es lógico que lo hubiera. En realidad es un reloj que se ponen en marcha con una moneda yestá un tiempo determinado abierto el interruptor

Manuel Estévez dijo...

Amigo Eladio


Como siempre muy oportuno con tu comentario.

Del tema que me hablas de la Plaza de San Felipe, te puedo decir poco
pues en aquellas épocas, final de los años 50, los chavales de San Lorenzo, teníamos una frontera natural que era el San Pablo, y muy dificilmente salíamos de alli, y sólamente cuando el periódico decía algo, teníamos posibilidad de enterarnos.

Muchas veces para nosotros, el traspasar esa "frontera" implicaba incluso hasta cambiar de ropa.

El "limite" de esa frontera era el varias veces citado Bar Montes, porque hasta allí solíamos llegar para comprar "gransas" para en cafe.

En aquellos tiempos, una vecina mía era la única que tenía un aparato de radio "Philis", y no sé si pagaba o no. Lo que te puedo decir es que todos los vecinos nos poniamos en torno a su vivienda para escuchar la novela AMA ROSA.
que por aquellos tiempos hacía furor.

Saludos.