sábado, 7 de mayo de 2011

MEMORIA DE CÓRDOBA


EL PIANILLO DE LA COJA


La simpática empresaria del “Pianillo la Coja“ era una mujer muy singular. Paseó por aquellos años 1945-1965 su pianillo por toda Córdoba, pero en especial por los bares de élite de aquellos tiempos, como eran las cafeterías: Chastang, Dunia, Gran Bar, La Perla y cómo no, las zonas en donde se encontraban el Circulo Mercantil y Labradores. De vez en cuando hacían una “tourneé” por los barrios más típicos y populares de Córdoba, y por ello le pudimos ver junto al pilón de San Lorenzo. Los bailables que a golpe de manivela salían de las tripas del organillo, eran dulces y pacíficos y nada tenían que ver con las discusiones habituales y a diario, en las que estaba enfrascada habitualmente la “Coja”, con su marido.

Hablar del “Pianillo” es hablar de antiguo pues allá por los años VEINTE las jóvenes de Córdoba les pedían “permiso” a sus padres para poder “encerrar el pianillo”. Luego las madres se encargaban de decirle al que apagaba los faroles. “Apague Vd. el gas de la farola después de dar la ronda”, de esa forma las jóvenes tendrán mas tiempos de disfrutar de la música del organillo”. Y es que a la juventud siempre le gustó el baile y la diversión hasta que el cuerpo les aguantara.

En Córdoba, por los años 50, se juntaron dos pianillos que además de hacerse la competencia, generaban graciosas anécdotas. En primer lugar la pequeña historia de la carrera que se pegó la coja y su pianillo, cuando casi fue embestida por el Puente Romano, por un animal de esos que tiene cuernos (1953). De aquella situación salieron hasta refranes.

También era una escena típica de la “Coja”, coger la muleta y arremeter contra el “miembro colgante” del borriquillo que tiraba de su carrillo musical. Al parecer este noble animal, sobre todo cuando sonaba el pasodoble de “España cañí”, se le subían los vientos, por lo que se le enervaba el miembro que le colgaba a modo de un badajo de campana en grado superlativo. La verdad era que el borriquillo y su “miembro colgante” presentaban una escena un poco estrafalaria en plena Tendillas, que no tenía nada que ver con la dulzura posible de la música. Y esto no le gustaba a la simpática “Coja”, y por ello arremetía contra el “miembro colgante” muleta en mano, para normalizar aquella ordinaria “vergüenza”.

LA AVIONETA Y LOS MIRONES

La “Coja” traspasó el pianillo a un tal Juan “El pelirrojo”, que provocó el primer ERE, en el sector de la música ambulante y cambio totalmente su personal. Apareció por allí un tal “Ramples”, que lo mismo tocaba el “pianillo” que tocaba en las norias el “chichi pun”,“chichi pun”. Este hombre era muy simpático y aprovechando en una ocasión que apareció por San Lorenzo con el pianillo, le preguntamos: “Ramples”, ¿por qué os ponéis en la Tendillas, en vez de en la acera del Gran Bar como era tradicional, y lo hacéis en la acera de la Telefónica?”. “Muy sencillo”, dijo Ramples, “es que siento problemas de PRÓSTATADA, y tengo que estar muy cerca de los urinarios de caballeros, para bajar continuamente a mear”.

Y era verdad que cuando el pianillo se ponía en esa acera, daba la impresión de que tenía mucha aceptación, pues se veían algunos “aficionados” alrededor del pianillo. Pero el que nos sacó de falsas interpretaciones fue el propio “Ramples”, que nos dijo: “Que va, esos eran "mirones," que estaban pendientes más de la gente que “bajaba” a los urinarios, que de lo que tocaba el “pianillo”. De esta forma esperaban la oportunidad de ver algún “miembro” mientras meaban. Por lo demás esta costumbre era también habitual en los aledaños de los servicios de la estación de ferrocarriles.

Al “pelirrojo” (Juan), que se quedó con el “pianillo” le fue viento en popa con el negocio, eran los años de 1992. Incluso su hijo prosperó bastante, pues en el año 1993, se quedó con un restaurante en la zona antigua de Córdoba, (Casa Pepe), que precisamente fue visitado por Juan XXIII, poco antes de ser nombrado papa. Al hijo del “pelirrojo” se le empezó a conocer en el sector de la hostelería con el nombre de “El aviador merluzo” pues nada menos que se compró una avioneta de segunda mano, para poder ir diariamente (según decía él), a por la “merluza” fresca para el restaurante. Tamaña pirueta de piloto resultó poco menos que una especie de locura. Por lo que la avioneta, el restaurante y la merluza, se fueron al garete.

EL OTRO PIANILLO


Westinghouse 1960-1980

El Pianillo como se le llamaba a esta calculadora era utilizada en fábrica por personas muy concretas en aquellos tiempos. Una de las primeras personas a la que vi utilizar con “soltura” esta calculadora fue al Jefe de presupuestos Sr. Roldán “El Volteretas”. Este hombre con la ayuda de esta máquina cuadraba al céntimo cualquier coste o presupuesto. Aunque bajito de estatura era un enorme profesional. Con su máquina de calcular formaban un dúo de primera categoría, y era una garantía de eficacia.

También esta máquina era utilizada frecuentemente y con buen rendimiento por Antonio Fuentes Parras, excelente profesional y persona. A él le tocó calcular prácticamente todos los SALARIOS DE CALIFICACIÓN, en aquel río de bajas anticipadas que por aquellos años hubo en Cenemesa (1965-1978), curiosamente se tuvo que calcular hasta su propio SALARIO. Desde siempre el se encargó de los que se jubilaban, y de alguna manera se consideraba su ángel protector. Por aquellas fechas, los trabajadores se jubilaban a los 65 años, incluso había algunos que no se marchaban “hasta que no entre mi hijo”, caso del educado Sr. Brox, y el bueno de Faustino Blanco. A todos estos jubilados la fábrica les pagaba un complemento, que lo cobraban incluso las viudas.

Otro gran profesional en la utilización de esta dichosa calculadora, fue Aurelio Sepúlveda Mora, posiblemente fue de los más hábiles en el manejo del simpático “pianillo”, y lo tuvo que emplear mucho cuando trabajó en Presupuestos, de haber existido una competición de habilidad en el uso de esta máquina, no cabe duda que el amigo Aurelio, hubiera sido un gran vencedor. Al final de su carrera profesional, terminó en el departamento de Caja, colaborando con el cajero Francisco Fernández Pérez, de la calle Almonas de toda la vida.

Aurelio Sepúlveda Mora se sentía muy orgulloso de sus “Margaritas”. Cogió durante cinco años su autobús en el Bar Playa, para que le llevara a la Universidad Laboral. A pesar de estar un poquito “gordito”, tenía una agilidad asombrosa para jugar al fútbol que lo hacía y muy bien por cierto.

José Roldán Moreno, el simpático “chato” de la calle Mancera, era un experto en temas de cálculos y ofertas, para lo que siempre utilizó y muy bien, el simpático “pianillo”. Tenía una caligrafía y expresión numérica, muy bonitos. Se sentía orgulloso porque le decían con frecuencia, que tenía “letra de banco”. El fue el profesional que valoró los tiempos, de la mayoría de ofertas que se hicieron en fábrica durante los años 65-85.

ALGO DE MEMORIA HISTÓRICA

En el año 1977, D. Manuel Jaén Lacalle (sobrino de D. Antonio Jaén Morente), fue Director de Recursos Humanos de Westinghouse, y fue presionado por los americanos que ya abundaban en Casa Central de Madrid, para que elaborara una lista “Low Perfomance”. Los americanos querían tener una especie de bolsa del personal supuestamente “sobrante”, para confeccionar sus expedientes de reducción de plantilla, lo que hoy se llaman ERES. Aquella relación se hizo con criterios totalmente subjetivos y se pudo ver que en la bolsa de “supuestos prescindibles”, había un montón de grandes profesionales y mejores trabajadores. La venganza, el odio y la antipatía, se habían erigido en criterios principales para aquella “valoración”, por parte de la mayoría de los jefes. Quizás los jefes actuaron como al grito de “sálvese el que pueda”, sin pensar en otra cosa. La verdad es que había mucha incertidumbre.

Ante esta barbaridad, el Sr. Jaén, nos pidió que nos desplazáramos a Madrid, (Juan Arjona y yo), para analizar con él, aquella dichosa lista. Estuvimos toda la mañana en su despacho, al que por otra parte no hacían nada más que merodear los americanos, y pudimos comprobar que la lista hacia aguas por todas partes, y es que no se había elaborado de acuerdo a unos mínimos criterios objetivos. Ante la barbaridad de la relación, el se limitó a hacer un informe complementario, para quitarle “rigor” a la misma.

Terminada la jornada y como teníamos el TALGO de vuelta a Córdoba para la seis de la tarde, nos invitó a comer. En esa comida estuvimos, El Sr. Jaén, un tal Durán, Arjona y yo. Por cierto fuimos a comer al restaurante de los Jiménez en la calle Barbieri, y pudimos ver que allí estaba el ex-torero Antonio Ángel Jiménez, como siempre en plan de señorito, mientras su hermano Pepín (antiguo jugador del Nazaret) era el que atendía la barra del bar y el servicio, con la complacencia del padre.

Allí, ya más relajados nos dijo: “Ya veréis si esa lista está hecha con poca cabeza, que el segundo en las lista para despedirlo, es nada más y nada menos que “Pepito Guitarra”, un trabajador que lleva tanto tiempo como yo en la fábrica, y lo ha dado todo por ella.. Recuerdo todavía que incluso lo tuve de compañero cuando en tiempos de la guerra civil, nos pusieron a los dos a trabajar en un torno revólver, haciendo casquillos y tuercas para las espoletas de bombas que se fabricaban para el ejército de Franco.”

Al hablar de la guerra, yo de momento me acordé de su tío, e inevitablemente le pregunté:”¿qué relaciones ha mantenido Vd. Normalmente con su tío D. Antonio Jaén Morente?”

Él me contestó:

(Palabras de D. Manuel Jaén Lacalle:)

“Desgraciadamente hemos tenido poco contacto, solamente nos escribíamos una carta de vez en cuando. Siempre me pedía que le contara cosas de Córdoba. De cómo progresaba la ciudad, de cómo mejoraba. Me preguntaba por todo. Cuando vino en el 1954, yo no pude estar en el recibimiento de la “Taberna el Tablón”, pero si fui a recogerlo en un taxi cuando terminó aquel emotivo acto. Ya en mi casa, y después de comer, alguien habló con su viejo conocido Eugenio Corell, para que le enviara su “Duquesito” y así poder hacer el recorrido por Córdoba que AJM, había deseado hacer. La verdad es que mi pariente no podía apenas caminar y menos ver a la distancia, por su galopante diabetes.”

“En el coche de caballos, íbamos con él cuatro personas, Rogelio Luque, Rafael Castejón, Eugenio Corell y yo. Una vez montado en el coche de caballos, fuimos a Santa Marina, allí, de forma irónica le dijo, quiero recordar, Rafael Castejón.:

-¡D. Antonio!, ahí ha llegado de párroco un cura nacionalista que ha venido desterrado, del país vasco. Se llama D. Martín Arrizubieta.

El por toda respuesta contestó: “Yo siempre he estado por el Regionalismo, pero dentro de un conjunto fuerte y potente que es el Estado de todos. En cambio los nacionalismos están por la rotura total con el Estado. Yo, nunca estuve de acuerdo con ello.

Más adelante y al encarar la calle Mayor de Santa Marina, volvió a decir creo que Luque:

-¡D. Antonio!, si hubiera Vd. Visto esta calle el día del entierro de Manolete, era impresionante. Las calles llenas de gente, y que la mayoría daba la impresión de que todos estaban enlutados. Además todos los balcones se encontraban con crespones negros en clara señal de duelo. El torero, era muy querido en este barrio. Incluso ese centenario fresno de la esquina de la farmacia, estaba lleno de chiquillos hasta la copa, que no se querían perder detalle alguno del paso del entierro por esta calle.



-D. Antonio contestó: “Manolete, con la enorme categoría humana que tenía, lo buena persona que era, tuvo que ser querido por todo el mundo. En aquellos tiempos, de odios y recelos, él fue el mejor embajador que tuvo España en Hispanoamérica. El nos dignificó a todos.”

Al llegar a la Plaza de la Lagunilla, fui yo el que le recordé a mi tío que aquel monumento se había levantado en la Plaza en que transcurrió la niñez del torero. Nos bajamos todos del coche de caballos y apreciamos el bonito monumento que llevaba poco tiempo inaugurado. Pudimos apreciar que D. Antonio, no se perdía detalle alguno del jardín, el busto o el entorno de plantas que le rodeaban, incluso de las palmeras.

Montados de nuevo en el coche de caballos subimos por la Cuesta del Colodro, para salir a San Cayetano. Allí el profesor de Historia, hizo un recuerdo del episodio de la conquista de Córdoba en 1236, (29 de junio), en la que intervino de forma decisiva el tal Álvaro Colodro,

Ya en la Avda. de Obispo Pérez Muños, recordó la simpática calle Solariega, en donde llegó a tener una casita su socio de la librería Iberica de las Tendillas. También recordó que Solariega fue el nombre que tuvo la constructora benéfica que auspicidada por el Obispo D. Adolfo Pérez Muñoz, hizo unas cien viviendas para los trabajadores en Córdoba, (San Cayetano, El Marrubial y Carrera de la Fuensanta) y que fueron inauguradas por D. José Manuel Gallego Rocafull, canónigo Lectoral de la catedral de Córdoba, exilado despues de la guerra civil en Mejico.

Más adelante, y antes de llegar a la Torre de la Malmuerta, quedó impresionado por la alta cruz negra que colgaba del edificio. Un tanto perplejo comentó:

-Espero que esa cruz, represente también los sufrimientos de los muchos españoles que tuvimos que abandonar nuestro país y refugiarnos practicamente en el aire, a veces sin respiración del exilio.

-Nada más pasar por debajo del arco de la Torre, dijo:

-Cuántos cordobeses saben, que este maravilloso rincón, con la Torre Malmuerta, Casa Paco Acedo, la fábrica de Chocolates Gran Capitán y la herrería de Mariano el Cojo, está representado en un mosaico de la Plaza de España de Sevilla. Aquello, fue un empeño de unos cuantos cordobeses, con D. José Cruz Conde a la cabeza. (Exposición Iberoamericana 1929)

A todo lo que veía le sacaba punta histórica, prueba de que no le era extraña su tierra, su Córdoba. Al quedarse mirando para el fondo, para la entrañable fachada del Hospicio, rematada por sus almenas, vio la cantidad de tubos apilados que rodeaban por completo el perímetro de los jardines de la Merced. Entonces exclamó:

¿Qué es esto, que son piezas para cañones?. No, le dijeron, “D. Antonio, son tuberías para renovar y ampliar la traída de aguas potables a la ciudad.”

Menos mal contestó, por un momento me creí lo peor.

Por la calle Torres Cabrera, entramos en la solitaria Plaza de Capuchinos, en donde el Cristo de los Faroles, parecía esperarle. Mi tío no era muy elocuente en sus rezos, pero al final se le pudo oír:

¡Por fin te vuelvo a ver, que alegría siento en mi corazón por ello!. Luego quiso entrar en el convento de San Jacinto (los Dolores) y dijo antes de hacerlo:

-En mi TESTAMENTO DE AMOR, que es mi Historia de Córdoba, me complazco en datar perfectamente la fecha y la historia de este convento y la llegada de la orden servita a Córdoba. La Virgen de los Dolores es testigo de ello, pues muchas veces la invoqué desde mi Atlántica lejanía, para que abogara por mí y por todos mis paisanos del exilio al Cristo de los Faroles. La lejanía y la soledad te hace más creyente.


13 comentarios:

Laurentino dijo...

Manuel, esa foto de Cantinflas ante la tumba de Manolete es impagable. Se ve en su cara perfectamente cómo estaba afectado por la pérdida de su amigo.

Felicidades.

Manuel Estévez dijo...

Amigo laurentino


El autor de la foto fue realizada por el fotografo Pelaez, que se
metió a VENTRILOCUO, con el nombre
de AL-PELAEZ.


Saludos

ben dijo...

Impresionante,Manuel,tu escrito in
cluido el respeto y cariño con el
que tratas a tus personajes,como
siempre.
Recuerdo perfectamente,esos golpes
de la Coja al animal en sus partes,
que parecía no inmutarse,ya fuera
porque era un burro,o porque sim
plemente los golpes no eran tan
fuertes,como parecían.
A mi memoria, me viene la disputa
entre los que empleaban el "pia-
nillo" y los que usábamos la re
gla de cálculo profesional,para
ver quienes eramos más rápidos,
por supuesto eramos los de la re
gla,eran otros tiempos,áun hoy
creo que tendriamos mu
chas posibilidades frente a las
nuevas calculadoras.
Cantinflas tenía un enorme respeto
y cariño por Manolete,en una de sus
visitas al cementerio,en una estuve
presente y vi como quitaba las flo
res muertas,ponía un ramo que traía
él,acariciaba con su mano el rostro
de la estatua yacente y decía algunas palabras de cariño.
Saludos.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Ben


Gracias por tu entrada y tu bonito recuerdo a la REGLA DE CALCULO, ya
que representó toda una época.

La marca FABER CASTELL, eran las más extendidas, y en fábrica teniamos a un compañero EDUARDO SANCHEZ CEREZO, que la utilizaba para todo.

Pero el "pianillo" fue todo un simbolo. DOS PARA ADELANTE, DOS PARA ATRAS, etc. etc. eran los movimientos de está eficasisima herramienta de cáculo.

Rafael Araujo Hidalgo, uno de los fundadores de "LOS ALMANZORES", pasó practicamente del "ABACO", a esta herramienta.

Pero él se lo tomaba con una buena filosofia, y supo marcar hasta un ritmo "musical" a este "pianillo" .


Tando Eduardo Sánchez, como Rafael Araujo, se merecen ser mencionados
porque le dieron humanidad a estos cáculos.

Saludos

Gloria Castro U. dijo...

Me alegra que haya personas como tu, que en honor a la verdad, a la justicia, recuerden y provoquen recordar a hombres que no debieran ser olvidados.
En el caso de José Manuel Gallegos Rocafull y Antonio Jaén Morente, independientemente de sus ideologías y motivos para exiliarse en 1939 (el primero en México, el segundo en Ecuador y Costa Rica), tienen en común la congruencia, el amor a la verdad, a la libertad y la honestidad inquebrantable con la que siempre se desempeñaron en sus diferentes campos de actividad.
Mucho fue lo que aportaron a aquellos países que los acogieron. A ambos se les recuerda, más allá de sus aportaciones intelectuales ( que fueron de gran riqueza), como personas excepcionales en cuanto a sus valores humanos.
En lo personal me parece increíble, triste e inclusive vergonzoso que Don Antonio Jaén, no sea conocido (mucho menos, reconocido) por un alto porcentaje de cordobeses.
Maravilloso es que haya gente como tu, que como bien dice Ben, con respeto y cariño "retiras del olvido", por un momento a interesantes personajes trayéndolos al presente en tus escritos, para honrar su memoria.
Gracias Manuel!

Manuel Estévez dijo...

Amiga Gloria


Gracias por tu comentario. Lo que he publicado lo llevaba media vida en mi certidumbre y tenía que decirlo.

Me he limitado a "comunicar" de una forma sencilla lo que me dijo D. Manuel Jaén Lacalle, sobre la vuelta de su tio a Córdoba, en el año 1954.

Este hombre ya enfermo, tuvo la oportunidad de "encontrarse" en su Córdoba, con las personas que el previamente había sugerido al que mandaba en aquella época (1).

(1)
Gobernador Civil, que le pidió la relación de las personas a las que tenía sus preferencias por verlas.

En aquella lista ocupó un puesto de preferencia D. Alfonso López, "El Marqués del Cucharón".

Se completó aquella lista con 12 personas más.


Saludos

Anónimo dijo...

Buenas tardes, Manuel: interesantísimo lo que cuentas de Jaén Morente. Mencionas a su socio. Se llamaba Manuel Sánchez Gómez y fue fusilado el 8 de septiembre de 1936.
Saludos.
Patricio Hidalgo Luque.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Patricio


Gracias por tu aportación.

La libreía la "Iberica", al morir fusilado el socio quedó en poder
de su esposa que la vendió a un tal Archidona.

Este traspaso tuvo lugar en el mes de diciembre a principio de los años sesenta por un importe de UN MILLON DE PESETAS.


Saludos

JASA dijo...

A ver quién me puede aportar alguna luz.
En Úbeda (Jaén) vivió un señor que se llamaba Ignacio Pullana Sabater al que apodaban "Regaera". Después de guerra se fue a Córdoba y dicen que por allí -hasat su muerte- anduvo y tocando una especia de organillo como los de Madrid. Me han contado que incluso le hiceron una fotografía que la comercializaron como tarjeta postal.
Alguno sabéis algo de esto?
Si me podéis arrojar luz sobre elpersonaje y la postal que digo, este es mi correo: jasau@orangemail.es
GRACIAS ANTICIPADAS

Manuel Estévez dijo...

Estimado JASA


Las únicas noticias que tengo yo en Córdoba, de un tal "Regaera", era un personaje que existía allá en tiempos de la II Republica, y era director de una famosa "Murga de carnaval". Se le llamaba como la "LA MURGA REGAERA".

Actuaba en las nocturnas de la Plaza de toros, ya por los años treinta.

En cuanto a los personajes que han llevado el "pianillo", te prometo
un estudio detallado, para ver si alguno coincide con tu personaje.


Saludos

JASA dijo...

Muchas gracias por el interés. No sé si corresponda a la misma persona, aunque sí compartan el mismo apodo. De todas formas me agradaría que me enviase ese estudio de los "del organillo". Repito, gracias Manuel, y si le parece bien, me lo envía al correo: jasau@orangemail.es

Ah, mi nombre es Juan Antonio Soria Arias.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Jasa


En aquellos tiempos era muy habitual que a determinadas personas se le pusieran "apodos".

Pero en certidumbre solamente te
puedo decir que mi madre me hablaba de el tal "Regaera", en relación con la "murgas" que había en Córdoba.

Y que incluso está documentado de que actuara en la plaza de toros en el año 1931.

Saludos

Anónimo dijo...

Me ha encantado el artículo.
Soy la nieta mayor de Manuel Jaén Lacalle, estaba buscando en la red alguna información suya y del pasado de mi familia y ha sido un verdadero lujo leer las palabras de mi abuelo.
Muchas gracias.