jueves, 13 de octubre de 2011

HISTORIA DE PARAGUAS

El uso del paraguas y parasoles es antiquísimo en TARTARIA, en PERSIA, y en ITALIA: Se aprecian y se ven representaciones de estos elementos en los monumentos de PERSEPOLIS, en los vasos etruscos y también Ovidio y Marcial, hacen mención de ellos en sus famosos versos.

El uso del PARAGUAS en diseño convencional se introdujo en Francia en el año 1680 y más tarde llegó a España, en cuya época inicial eran excesivamente pesados y se les cubría de una tela encerada, para que resbalara el agua.

Durante todo el Siglo XIX, aparte de perfeccionar el mecanismo del paraguas, fueron desarrollándose nuevos tejidos para hacer frente a la creciente demanda. En 1829, se intensificó en París la producción de la seda, en 1848, apareció la tela de alpaca y en 1870, fue introducida una semi-seda llamada “gloria”. Todas estas modificaciones por etapas en el tipo de tela, el varillaje y los cierres, fueron configurando el paraguas actual que ya en 1860, se situó prácticamente en el diseño que en modo clásico conocemos en nuestros días.

En definitiva el paraguas es una prenda de invierno sencilla y útil donde las haya, y que fue popularizada en las novelas policíacas, escritas por autores de fama internacional, incluso se hicieron películas muy famosas, en las que el PARAGUAS, aparece como un protagonista más del cuadro de actores.

No solamente en las películas, el PARAGUAS ha tomado un protagonismo central, hay muchos avatares de nuestra vida, en donde nos hemos encontrado que el PARAGUAS, ha tomado un protagonismo importante.

EL PARAGUAS EN LA IGLESIA

En la Edad Media los Papas utilizaban ya como parasoles los famosos UMBRELLAS, que estaban hechos de telas nobles y elegantes, que iban desde el color púrpura al color rosado pasando por el rojo. Aunque el nombre viene del inglés, la raíz UMBRE, se derivaba del latín que significaba “Sombra”.

Más a nivel de Diócesis y en plan local, durante el siglo XIX, ya se empleaban en muchas iglesias, LA BIMBERLA, especie de parasol de color rojo, que acompañaba al Santísimo en su procesión anual de la Majestad en Público (Comunión de impedidos). Concretamente y desde antiguo existen en San Lorenzo, dos antiguas BIMBERLAS, que fueron donadas por una señora que vivía en las Costanillas (Huerto de Cobos).

Recientemente y en la visita del Papa a Madrid, se pudieron apreciar muchos paraguas improvisados a base de plásticos para protegerse de la lluvia, a estas fotos de unas monjas con sus plásticos negros en la cabeza, se le tituló: EL PARAGUAS DE LAS MONJAS.

CUANDO ERAMOS JOVENES

Por aquellos tiempos de nuestra niñez y posterior juventud (1950-1970), el paraguas fue siempre una PRENDA DESEADA. Para nosotros los jóvenes el sólo hecho de tener un paraguas entre nuestras manos, nos suponía conseguir algo importante en nuestra vida. Recuerdo que los llevábamos a reparar por encargo de nuestros padres, a la calle Escañuela, en una casa ya desaparecida en donde vivía la familia de los Canos, vivía el simpático “Pepe Líos”, Rafael “el Teleras”, Manolo “El Pijuan” y nuestro amigo Fidel. “El Porri”.

El que reparaba los paraguas era Antonio “El banqueta”. Tenía una especie de pequeño taller en el mismo portal de la casa, y recuerdo que era un hombre muy hábil cambiando varillas de un paraguas para otro, cobraba poca cosa por cada reparación, y siempre que ibas te comentaba algo relacionado con su afición a la pesca, de la que era un consumado practicante. Era tiempos en que solía sentarse a pescar en la misma “banqueta” de la Ribera (junto a las escalerillas), y de allí se traía el pescado para toda la semana. Más de una vez invitó a Antonio Blancart y a Laguna, a comer aquellos pedacitos de barbo, que con aquel adobo especial preparaba como nadie, La fritura la hacía en el estilo del “Mete y Saca”, y resultaba un bocado exquisito y crujiente. Al margen de pescar, también vendía “lombrices” para cebo de los pescadores. Dichas lombrices las solía coger del arroyo que discurría por aquellos tiempos por la Calle CINCO CABALLEROS (Edisol). Este arroyo, a raíz de que construyeron el Campo de Fútbol del cuartel de Lepanto, se desbordó muchas veces inundando el barrio de San Lorenzo. (1950).

Eran tiempos en que todo el mundo no podía tener acceso a un PARAGUAS, y por ello, el mercado de la reparación existía con mucha actualidad. Por las calles al igual que los “afiladores”, los “latoneros”, los “silleros”, los “hojaldres calientes”, se dejaban sentir también los “paragüeros”. La verdad es que aquellos PARAGUAS, eran de una calidad total, y merecía la pena repararlos. Por lo general eran negros de tela totalmente impermeable, y con unos puños de fantasía que les hacía presentarse como una prenda elegante y única en distinción. En la calle Cruz Conde, estaba Casa León, que era especializada en la venta de esta prenda. El “Chocolatero”, sacristán de Santa María de Gracia, tenía un paraguas con la tela llena de remiendos, que hablaba a las claras de que según todos era considerado como un tacaño.

EL PARAGUAS EN EL CINE

El paraguas tuvo una recreación muy bonita en películas de éxito internacional, como en “BAILANDO BAJO LA LLUVIA”, en ella el protagonista hace un alarde del baile y el manejo del paraguas, que ya quisieran muchos poder repetirlo. Ajenos a esta lluvia, surge un paraguas maravilloso en una película en que todo es agradable y lleno de ilusión. En MARI POPPINS, se ve la utilidad de un paraguas para volar al mundo siempre bonito de la fantasía. Contrasta su limpieza y sublimidad, con la negra realidad de los limpiadores de chimeneas, que aún siendo festivos y bailarines, tenían un aspecto sucio, producido por el trabajo y el sufrimiento. Y no digamos del contraste que establecía con la familia del banquero usurero que no tenía más norte, que “atesorar” una simple moneda que pertenecía a la inocencia de aquellos niños. El simple hecho de salir del bolso y volar, le confiere al PARAGUAS una categoría totalmente opuesta al mundo materialista que nos suele rodear.

También el simpático Colombo, resuelve muchos enigmas apoyándose, como no en un simple paraguas.

EL PARAGUAS Y EL ORGANISTA

A la caída de la tarde del día 15 de Agosto, se había celebrado una boda en San Lorenzo, y aquella tarde sonaron los acordes de la marcha nupcial de Mendelssohn, que se oyeron maravillosamente tecleados en el viejo órgano de la Iglesia, por Antonio González Cabello, el cultísimo invidente que ocupaba la plaza de organista desde los tiempos de D. José Serrano Aguilera, como párroco (1945). Fue nada más terminar la boda y cuando aún el portalón estaba lleno de gente que comentaba la ceremonia, se desencadenó una tormenta de verano, que provocó un diluvio en medio de un escenario de truenos y relámpagos impresionantes.

Antonio, el ciego, acostumbraba a macharse a su casa acompañado por unos y otros, que lo “guiaban” por tramos de acera, sin necesidad de llevar lazarillo, pues al ser día festivo, este no le acompañaba. Por las razones que fuera, tenía prisa en llegar a su casa, pero la lluvia y la tormenta era una gran dificultad. Pronto Pepe Bojollo, abrió su taquilla de objetos “perdidos” y sacó un PARAGUAS que se había dejado olvidado días atrás el sargento Basildo, que vivía en la vecina calle Humosa y que se jactaba de haber hecho la mili nada menos que con “Manolete”. Con el PARAGUAS en las manos decidimos acompañar al bueno de Antonio, camino de su casa, pero era tanto lo que llovía, que no tuvimos más remedio que meternos en el portal de “Casa de Guillermo el guarnicionero”. Desde esa casa y por estar pegada a la sacristía de San Rafael, se podía oír el órgano de la Iglesia del Juramento, que sonaba según decía él, “como los mismos ángeles”. Antonio el organista, comentó que con toda seguridad lo estaba tocando un franciscano, que lo hacía muy bien. Amainó un poco la lluvia y la tormenta y empezamos a andar como pudimos debajo de aquel PARAGUAS. Entonces Antonio expresó con preocupación un claro presentimiento de lo que querían hacer con el órgano de San Lorenzo, y que el había tocado tantos años: “Es una auténtica locura lo que piensa hacer el cura con el órgano de la Iglesia, por no arreglarle el fuelle y unos cuantos pitos-flauta, se va a desmontar y vender posiblemente por chatarra, un órgano de principios del siglo XVIII. Tengo entendido que además quiere entre otras cosas, quitar el retablo del altar mayor, echar abajo el coro y acabar con el órgano”. Se refería a la restauración que se realizó entre 1965-1966, y que inevitablemente se llevó a cabo, como él lo había temido.

No hizo falta ir más lejos, pues llegando al Pozanco, ya venía Carmela, su mujer que había salido a su encuentro. A todos les había sorprendido la lluvia. Allí nos despedimos y cada uno se fue con su paraguas. Aquel paraguas fue testigo de lo que Antonio el Organista, el hombre que mejor que nadie conocía aquel Organo musical nos comentó.

Años más tarde coincidimos con D. Dionisio Ortiz Juárez, en la parroquia, a donde había acudido para hacer el inventario de la plata (1983) y al contemplar la falta del Órgano nos dijo: “Hace falta tener poco amor a la música para cometer la barbaridad que se ha hecho con un instrumento tan antiguo, es lamentable que se autoricen este tipo de barbaridades”.

EL PARAGUAS ATOMICO

La prensa internacional cuando coge una vereda informativa, no la suelta hasta que no le saca todo su jugo. Siempre se ha mencionado al Partido Republicano de los Estados Unidos, como el padre de todas las guerras, quizás sea verdad, pero es curioso que el presidente que lanzó la primera bomba atómica sobre el Japón, produciendo el primer Hongo Mortífero, como si fuera un PARAGUAS (bomba atómica), no fue otro que el presidente Truman, perteneciente al partido demócrata.

También quedó recientemente reflejado en la prensa mundial como el presidente OBAMA, cuando aún era presidente electo se comprometió con el gobierno de Israel, en ofrecerle poco menos que UN PARAGUAS NUCLEAR, de protección, ante un eventual ataque por parte de IRAN.

Hemos podido observar que el paraguas aquí ha adquirido una importancia mayúscula, no ya para defenderse de la lluvia, sino para defenderse de cualquier eventualidad atómica, por lo que se ve estos “PARAGUAS NUCLEARES” pierden el encanto que tuvieron en “Cantando bajo la Lluvia” o en “Mari Poppins”, ya que son paraguas, que en vez de varillas metálicas, tienen una estructura en Kilotones

EL PARAGUAS EN EL FUTBOL

En el año 1991, y en el Estadio del Arcángel de Córdoba, pudimos ver un partido que enfrentó a las selecciones de España y Francia en categoría sub-21, el partido despertó una gran expectación pues no todos los días se celebraban este tipo de partidos. La lluvia se sumó de forma intensa a este partido y los PARAGUAS adquirieron un gran protagonismo en la zona de preferencia, no obstante y aún con dificultades, pudimos ver las evoluciones de un ZIDANE por Francia y un GUARDIOLA, por parte de España. Después de aquel partido y cuando ya el PARAGUAS lo habíamos abandonado, estos dos jugadores por caminos distintos llegarían a la cúspide del Planeta Fútbol. El francés con su selección y con el Real Madrid, y Guardiola, con el Barcelona, haciendo poco menos que historia. Pero que conste que aquel día debajo de aquel PARAGUAS, entre aguacero y aguacero, ya se le veía a estos dos jugadores, un estilo y una clase fuera de lo común.

Otro partido en el que el PARAGUAS fue protagonista, fue el homenaje que le hicieron a Navarro y Simonet, dos legendarios jugadores del Córdoba y que lo dieron todo por su Club.(mayo 1971) Hubo un lleno total, pues a pesar del interés general de homenajear a estos dos grandes jugadores del Córdoba, en el partido se contó con la participación de un combinado nacional y en el Córdoba, estuvo de portero nada más y nada menos que Miguel Reina Santos, portero paisano al que se adoraba en Córdoba., y que vino al partido, desde sus obligaciones en el Atlético de Madrid. El partido y el homenaje constituyó un éxito de público, pero también hizo su aparición el agua, y por tanto tuvimos necesidad de recurrir como hemos dicho al PARAGUAS., aquello fue toda una odisea, pues el campo estaba lleno a rebosar y los PARAGUAS inevitablemente ocupaban sus lugar, pero desde la preferencia de siempre nos apañamos como pudimos. Delante de nosotros estaban los hermanos González Cerezo, (Amalia y Manuel), éste último con su esposa la simpática Toñi Arenas. Aficionados al Córdoba de toda la vida, el paraguas que portaba la singular Amalia González, era de los primeros que se vieron en Córdoba de la propaganda KATY SAKS, que daban un colorido especial a la grada. Justo será recordar que Antonio González Cerezo, “El Cerezo” como familiarmente se le conocía en los Salesianos, era un superdotado en la resolución de problemas de Álgebra, además de un hombre de talento poco común. Llevado por su gran amor a Córdoba, fue el autor del primer guión radiado sobre la vida de Manolete, que se pudo escuchar en Radio Córdoba.

El 23 de enero de 1966, jugó el Córdoba, su partido con el Real Madrid, durante toda la semana había estado lloviendo y el campo estaba impracticable, pero a pesar de eso el Madrid, con supuesta ayudas del equipo arbitral nos ganó el partido 1-2. Fue el último partido que jugó Miguel Reina, en el Córdoba, pues ya pertenecía al Barcelona. Durante el partido hubo muchos incidentes como puede recordar José Casado, que fue expulsado de su asiento por tirarle el PARAGUAS, al linier ante una decisión que perjudicó claramente al Córdoba. Al final no pasó nada y al bueno de “Pepe el Loco”, se quedó en el campo junto a los vestuarios, después de que lo pasearan en dirección a la calle, e incluso le devolvieron sus paraguas presunto instrumento de la agresión. Todo esto ocurrió en la zona de Tribuna junto a los fosos de los entrenadores, en donde también el delegado del Córdoba, Paco Salamanca, tuvo que contener a la “Manola” que se quiso merendar al citado linier. Y todo fue por no señalar un claro fuera de juego, que dio lugar a la jugada del segundo gol del Madrid, marcado por Gento.

EL PARAGUAS DE SOMBRILLA

Acababan de entregar las casas del Campo de la Verdad (1954), y muchas parejas jóvenes se mudaron a aquel lado del río, pues tuvieron la suerte de que le dieran una casa de aquellas que: “con solo darle a un botón te podías duchar”. Atrás se quedaron los abuelos y los padres, en aquellas casas de vecinos que aún tenían “las pilas y los servicios comunes” y te tenías que duchar muchas veces echándote agua del pozo con una regadera.

Esta situación de mudanzas de familias para un lado y para otro del río, hizo que éste se tuviera que cruzar con frecuencia y sobre todo en verano era normal cruzar el río montados en la barca, protegidos del sol con un PARAGUAS. Otras en cambio optaban por cruzar el puente romano con todo el sol y el calor que hacía. El estoico San Rafael del puente, era testigo de que hasta sus velas votivas, desparramaban su cera por todo el suelo. Una que cruzó el puente bastantes veces, fue Rafaela Recio Martínez, a la que se le mudaron dos hijos al Campo de la Verdad; su hija mayor Pepita y su segundo hijo varón Rafael. Ella para cruzar el puente en el mes de agosto, utilizaba un paraguas reforzado que se había fraguado ella misma, con una tela de color amarillo pardo. Partía desde San Lorenzo, Magdalena, Alfonso XII, Siete Revueltas, Calle el Viento, hasta salir a la Ribera, y cobijándose en la fila de moredas que había muy cerca de los barandales, llegaba hasta el Puente Romano, al que encaraba hasta la Calahorra. Allí cuando llegaba se paraba en el surtidor de Casa Currito, y entraba en el bar en donde estaba la familia de José Cabello “El Chepa”, (que se conocían de toda la vida), y allí con agua fresca, reponía fuerzas debajo prácticamente del anuncio de NITRATO DE CHILE, que destacaba en se espléndido mosaico, levantado en aquella fachada. Seguidamente llegaba a la Calle Secunda Romana, que era en donde vivía su hija. Para el camino de vuelta, hacía el mismo recorrido, pero generalmente por la hora ya no necesitaba la sombrilla. Esta mujer fue un tanto la pionera en utilizar el PARAGUAS como sombrilla, no en balde ella era “camisera”, y tenía por clientes a la mayoría de los peloteros del San Álvaro, que a su vez eran compañeros de su hijo Pedro Navarro, (Pedrito) que fue también jugador de dicho equipo.

LAS JERINGERAS Y EL PARAGUAS

En aquellos años cincuenta, hablar de que había bastantes puestos de Jeringos diseminados por toda Córdoba, era palpar una realidad que representaba ver un puesto prácticamente en cada esquina. Posiblemente de las profesiones de autónomos que más han echado en falta el PARAGUAS, han sido estas mujeres en su mayoría cuarentonas cuando empezaron, que solían levantarse a las 5 de la mañana, o antes, para mientras se montaba el casetón, se encendía el hornillón y se preparaba la masa, diera tiempo para que a las siete y media de la mañana ya hubiera ruedas de jeringos para los primeros clientes.

Estas mujeres siempre llevaban en su equipaje cuando salían a trabajar su PARAGUAS, para lo que pudiera pasar. Muchas veces es verdad, no llegaron a utilizarlo, pero otras veces se les quedó corto, por la cantidad de agua que caía. Muchas tenían costumbre de tenerlo en la carbonera (donde tenían las bolas para la candela), por lo general era un PARAGUAS de circunstancias.

Por aquellos tiempos aún no se conocían LOS PACTOS DE LA MONCLOA, para proteger la política de precios, pero aquellas mujeres, no se como se las arreglaron para mantener por mucho tiempo el precio UNICO de a REAL POR RUEDA, aquello significó como un espaldarazo de la sabiduría natural de estas mujeres, sobre todo en aquellos tiempos, en que no tenían ninguna organización aparente que les representara. Ellas mejor que nadie conocían el mundo del “estraperlo”, pues muchas veces se recorrieron, todas las tiendas habidas y por haber, buscando el mejor precio para el aceite y la harina. Lógicamente por todos los barrios sería igual, pero las de aquí sabían que en las Costanillas una casa y otra también vivían del estraperlo. También por la Calle Aceituno y por Santa Marina. Quizás el ejemplo que más me impresionó, fue el que me tocó vivir en el año 1956. Con mi tía Concha la Jeringuera, (Portera de la Escuela Obrera), fuimos a la Calle Ocaña, a casa de un estraperlista llamado Sánchez. Se trataba de comprar el aceite lo más barato posible. Recuerdo que en aquella amplia sala de techos altos y vigas de madera, pude ver de todo lo imaginable. Aceite, legumbres, carne membrillo, moniatos, patatas, higos secos, orejones, chocolate, azúcar, tocino fresco, tocino añejo, y hasta embutidos colgados oportunamente en las vigas de madera, que estaban pintadas de un color azul. La sorpresa fue cuando a las pocas semanas de aquella visita, tuve que acompañar al cura de San Lorenzo (era monaguillo), que se encontró con la sorpresa de que el pobre estraperlista, se había colgado de una viga de aquellas que estaban pintadas de azul y su cuerpo alto y un tanto desgarbado, colgaba al lado de un PARAGUAS de color negro, con un puño de madera marrón, que al parecer no pudo parar la tempestad.

Siguiendo con las jeringueras, tenemos que decir que estas intrépidas mujeres se hacían cafeteras a la fuerza, pues a media mañana, y después de tanto rato de pie, era un café lo que más le pedía el cuerpo. Era muy común entre ellas, el hervir la leche con el café molido, para luego colarlo adecuadamente. Casi de forma sistemática con el café, solían tomarse siempre UN CALMANTE VITAMINADO, o algo similar. Al parecer esta costumbre, se trasladó de unas a otras, quizás por la necesidad. Esta terapia preventiva, explicaba muchas veces, como estas mujeres, por lo general “gorditas” no tenían muchos padecimientos de varices. No cabe duda de que la toma de esta aspirina o cosa parecida, constituyó en sus vidas como un PARAGUAS, para su salud. Así se lo confirmaba el médico a Concha González Ruiz, jeringuera de San Lorenzo, que murió con 94 años.

Era el mes de Marzo 1956 (Martes Santo), y durante varios días habíamos tenido vientos huracanados. No obstante esta inclemencia, estábamos en la plaza de San Rafael: Rafalin Gordillo, Antoñin López, Enrique de la Torre, y un tal Paco Acedo, al que llamábamos el “negro”, Jugábamos a la lima, y a él (al “negro”), le tocaba sacar el “sumillo” que estaba enterrado al pie de una de las tres espléndidas acacias que había junto a las casa de “La Relojera”.Desde nuestro lugar de juego, pudimos ver como al “Chocolatero”, el tacaño sacristán del Convento de Santa María de Gracia, se le volaba su “remendado” PARAGUAS, el cual se quedó hecho prácticamente una piltrafa. Nadie se atrevió a reírse, pues el mal talante del huraño sacristán, nos imponía respeto.

Eran aproximadamente las doce de la mañana y estaba en pleno auge los preparativos de una boda en la Iglesia del Juramento. Los hermanos Figuerola Vázquez, procedían a colocar los macetones y la estera que daban nivel y distinción a aquella ceremonia. Los macetones eran parecidos a los que se ponen hoy en día en los “Patios de Mayo”.Estos macetones eran propiedad de uno de los dos sacristanes que tenía la Iglesia, y que vivía en San Agustín, en una casucha que había en la esquina de la única calle sin salida que hay en toda la Plaza. Su casa era medio chatarrería, improvisado taller de reparación de PARAGUAS, y lugar de tertulia. Para subir a la segunda planta de la casa, se utilizaba una escalera metálica de caracol, que fue de las primeras que vimos por estos lugares.

Estábamos pendientes de lo que acontecía en torno a la boda, cuando vimos acercarse a Paquillo “El guarnicionero”, (Francisco Ruano), que venía poco menos que espantado de lo que según él, había pasado en el Pozanco. Fue Pepa “la Gorda”, la primera que le preguntó por lo que había pasado y el contestó: “Una racha de viento huracanado ha liado la “Marí Morena”, con el PARAGUAS de Socorro, la Jeringuera”.

Efectivamente acudimos al Pozanco y pudimos ver como el enorme PARAGUAS de la pobre Socorro, (que le servía de caseta), había levantado el vuelo y fue a caer entre la puerta de Casa Manolita y el Colegio de Doña Ernestina. Recuerdo que por allí vimos a varias muchachas del Colegio. Una era hija del dueño de Carbones Bollero, que vivía en la Calle Maria Auxiliadora, otra era la hija menor del tabernero Ramón, y que se llamaba Paquita, pero a la única que conocía bien era a Pili Clemente, que vivía en la casa en que hoy está la bodega el Gallo. El PARAGUAS era tan grande que al “levantar el vuelo por el aire”, según dijo Manolo Morilla, parecía un avión que fuera a estrellarse. Tuvo que ser el noble Antonio Montes Sánchez, que se ganaba la vida como porteador, en los puestos de San Agustín, el que con la ayuda del hermano de Manolita, (la de los aliños), el que lograra controlar dicho PARAGUAS.

Este enorme paraguas, de unos 2.20 metros de altura y unos 3 metros de diámetro, fue hecho según se comentó allí, por los hermanos Martínez, vecinos de Socorro en su casa de la Calle el Cristo y que tenían el taller de carpintería en la Ermita de la Montañas, de la cercana Calle Montero.

También se vio por allí cerca a Miguel Montes Sánchez, que ya por aquellas épocas imitaba al popular “Cantinflas”. Miguel Montes, fue otro que intentó ayudar a su hermano Antonio, para cerrar el dichoso PARAGUAS. Igualmente salieron a la calle D. Francisco y D. Manuel, los hermanos que tenían aquella singular y Prestigiosa Escuela Privada del Pozanco, en la Casa en donde vivía el entrañable Pepe Cámara; con ellos estaba Manuel Sainz de Baranda, gran colaborador en temas de oposiciones, y que preparó a mucha gente para el Monte de Piedad y Caja de Ahorros del Sr. Medina, que entonces tenía la sede sin contaminar en la Calle Ambrosio de Morales.

Menos mal que se voló el paraguas cuando ya estaba el puesto casi desmontado, y el fuego estaba apagado. A Socorro, tuvieron que sentarla en una silla, y fue atendida principalmente por su hermana “Pepa la de los altramuces”, que tenía el puesto en la esquina con la Calle Jesús Nazareno. También llegó por allí Félix el barbero, acompañado del “Pacorro” que era como “El Alcalde de San Agustín”. Este detalle se demostró pocos años después cuando lideró la protesta airada del barrio porque se llevaron a la Virgen de las Angustias, (1961) .

Allá en donde esté “Pacorro”, se habrá enterado de que gracias al tesón del barrio, y al acertado liderazgo de Soto, han conseguido que la Virgen, cuarenta años después vuelva a su barrio. “Pacorro”, “Carriles”, “La Morena”, “La Madre del Teleras”, Manolo Polonio, “La Nicasia”, Pepe Cámara, la “Chivera” “Rafalín Valle”, Paco Arenas, El amigo “Pinturas” y una larga relación de personas, estarán contentos con esta buena noticia.

EL PARAGUAS EN EL JUZGADO (1968)

Antes que se hicieran los llamados pisos de RUMASA, enfrente del hotel Córdoba Palace, haciendo esquina con la Calle Camino de los Sastres (Antes Barroso y Castillo), existía un solar muy grande que llegaba hasta los llanos de Vistalegre. Aquel solar al parecer era de la Diputación y se le facilitaba a la gente joven de las parroquias para que jugaran al fútbol durante el día. Pocos años antes, que desapareciera, ocurrió un trágico suceso del que se hicieron eco los periódicos de forma oportuna y en donde al parecer unos individuos, CON UN PARAGUAS, dieron muerte a un joven por detrás. Según parece le clavaron el paraguas en un costado. Aquel suceso, tuvo más silencios que aclaraciones porque según se pudo ver se trataba de un ajuste de cuentas. Lo cierto y verdad es que el muerto se quedó enterrado y nunca se conocieron realmente las causas y sus autores. Aquí el PARAGUAS una prenda de distinción y muchas veces pacifica, se convirtió en arma homicida y motivo de muchas sospechas y elucubraciones. Fueron detenidos personajes conocidos de aquella Córdoba que nos envolvía, pero al final todo quedó bajo una eterna sospecha.

EL PARAGUAS Y LOS CAMBIOS DE AIRES

De jóvenes todos nos conocíamos, y todos sabíamos las posibilidades que se tenían. Nos costaba trabajo juntar el dinero para la entrada del cine y no digamos para el fútbol. Todos andábamos igual más o menos. Todavía recordamos en la calle la Banda, aquel compañero espigado y quizás el más bromista de todos, (Paco), que disfrutaba continuamente inflando globos y llenándolos de agua, para luego hacer las oportunas gamberradas. Como de la noche a la mañana, le pudimos observar seriedad, bien vestir, buenos zapatos y como no, UN ELEGANTE PARAGUAS, paraguas, que llevaba siempre perfectamente recogido y como un signo de distinción. Se aisló del barrio y prácticamente perdió el contacto con todos nosotros, y el poco tiempo que continúo aún por aquí, era todo seriedad y bien vestir agarrado a su elegante PARAGUAS. Al poco tiempo se perdió del barrio. Aquí había sido vecino de los Almogueras, los Afán Montesinos, los Estremeras, los Caballero, los Tejero y los Mellados. El compartía esta casa con estos vecinos y vivía con una prima y su marido que era un extrovertido ferretero. Si las brujas volaban con la escoba, este VOLÓ Y BIEN ALTO, con su PARAGUAS. Al poco tiempo se marchó a Madrid, en donde posiblemente emprendió otra vida. Según noticias que tenemos del que otrora fuera llamado simpáticamente como “El pelón”, fue que nada más montarse en el elegante PARAGUAS y como por encanto, desaparecer del barrio. Al parecer hace unos años falleció en Madrid


6 comentarios:

ben dijo...

He pasado un rato bueno,leyendo tu
escrito y recordando.
Desde luego ha sido un éxito,por otra parte merecido,que las Angus
tias vuelva a San Agustín.El barrio
lo notará,porque además de la enorme devoción a esta Virgen,es la
bellísima talla,toda una obra de arte.
Saludos

Manuel Estévez dijo...

Amigo Ben


Te agradezco tu comentario, espero que la Virgen de las Angustias, sea un poco el revulsivo de este gran barrio.

Lo de "Pacorro" he querido citarlo porque me tocó vivirlo en primera persona.

A mi un policia llamado Camacho, me detuvo por interpretar que yo había estado alterando el orden con mi protesta. Fue "Pacorro" el que consiguió que me soltara.

Curiosamente el que cito como el "Pelón", también intervino en la protesta.


Saludos

Lucas dijo...

Como siempre, la tarde del domingo la dedico a leer en audio los post de mis blogs favoritos, pues de otro modo no comprendo lo que leo ni sigo una lectura coherente.

Pues bien, el post del paraguas me parece interesantes pues, aunque se trate de un paraguas, observo como antaño el ser humano le daba un valor distinto a las cosas. Ahora en cambio los paraguas son de usar y tirar, por un par de euros tienes uno, se rompe, lo tiras y adquieres otro. Esto en parte es por el círculo vicioso del consumismo en el que todos, repito todos, nos vemos inmersos. En cambio en la posguerra, y posterior desarrollismo de los años 60, elementos como bien menciona Manuel eran inalcanzables, codiciados pues no formaban parte de nuestra vida cotidiana.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Lucas


Siempre es de agradecer que alguien lea algo que tu pones con tu fe.

Pongo estas cosas, no para querer ejercer de nada. Simplemente, me siento feliz comunicando lo que siento porque me reencuento con el placer de encontrarme con mi niñez y mi juventud.

Saludos, amigo Lucas

Lucas dijo...

Pongo estas cosas, no para querer ejercer de nada. Simplemente, me siento feliz comunicando lo que siento porque me reencuento con el placer de encontrarme con mi niñez y mi juventud.

Justo es eso lo que consigues transmitir, recrear con tus escritos las vivencias de antaño, y justo para un Historiador como yo, enamorado de la Historia Social, es fantástico contar con tu testimonio.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Lucas


Gracias por tu comprensión


Saludos