sábado, 3 de marzo de 2012

LA PLAZA DE LA "MOSCA"


PEQUEÑA HISTORIA

Por las conversaciones que he mantenido con el investigador Patricio Hidalgo, puedo decir que la reforma de Azaña, en 1931, el Regimiento "Lanceros de Sagunto", 8º de Caballería, fue disuelto y quedó vació el cuartel del Marrubial. Únicamente quedó un destacamento de la Remonta que ocupaba la parte en que está ahora el Laboratorio de Farmacia, en Avenida de Rabanales. Sobre 1933 el Ministerio de la Guerra firmó un acuerdo con el Ayuntamiento de Córdoba por el que éste ocupó unos barracones que estaban donde ahora está la piscina municipal, y los utilizó como cuadras para los caballos de la Guardia Rural.

Habilitando como “Picadero” y desahogo para estos animales un solar de forma triangular que estaba cercado por una parilla de unos dos metros de altura a base de citaron de piedra. Al final de los años cincuenta, este solar se convirtió prácticamente en un muladar y la única utilidad era que todo el mundo iba allí a tirar lo que le “sobraba” y también a por “mantillo” para la siembra de sus macetas.

PARTE OSCURA

Allí en ese solar, o cerca de él, y durante la guerra se ejecutaba a gente por el procedimiento del “fusilamiento”. Entre los fusilados en el picadero del cuartel se puede citar al capitán jefe de la Guardia de Asalto Manuel Tarazona Anaya, que defendió el Gobierno Civil la tarde del 18 de julio; también el alférez de la Guardia Civil Emilio Monteagudo Gallego, jefe de la Línea de Archidona, con la particularidad de que tenía un hermano, también oficial de la Benemérita, entre los defensores del Santuario de Nuestra Señora la Virgen de la Cabeza; y el sargento Fabián Rodríguez de la Llave, comandante de puesto de Nueva Carteya.

SE CONVIERTE EN MERCADO

Pero recuerdos amargos aparte, de este “solar-picadero”, tenemos que decir que al final de los años cincuenta, fue derruido y quedó simplemente un suelo mal apisonado sobre el que se fueron instalando algunos puestos que llegaron del Mercado de San Agustín, que estaba en vías de desaparición. Unos de los primeros que se trasladaron a este proyecto de mercado, fue la saga de “los Chiveros” (Los Rodríguez Cruz), que estaban emparentados con la saga de la "Morena". Efectivamente Antonio Rodríguez “Papitu”, y Francisco Rodríguez “Pacorro”, con sus mujeres Dolores y Maruja, a la que se les unió su prima Angelita, fueron, podríamos decir los cimientos iniciales de este mercado. Una que vez que estuvo el Mercado consolidado, del mismo San Agustín se les se fueron uniendo Manolita “la de los aliños”, Mercedita “la larga charcutera" , Antonio Carmona, el yerno de la Nicasia, Juan Ramón, “el guitarrista carnicero", Rafael Obrero “El Platanero”, Paco Luque, “El seda por habichuelillas”, La mujer de Fernando Castro, “por huevos Castro”. etc. etc. Eso sin contar, que la gran mayoría de los pescaderos, también se trasladaron. Efectivamente, Santiago, Carlos, Pepe, Paco, Andrés, y Natalia, abrieron sus puestos de cara al público.
En 1959, en aquel llano y totalmente a la intemperie, empezaron a sufrir los “avatares” de las ventas, padeciendo lluvias, vientos, fangos y los calores que los cambios del clima les ofrecían. No obstante, poco a poco fueron llegando vendedores de otros sitios, que completaron un buen número de puestos en el llano.

EL NOMBRE “LA MOSCA“

En Córdoba, como en cualquier lugar a donde haya personas, el sacar motes y poner nombres de broma, es un deporte nacional. En su día al barrio de la Concepción en el Sector Sur, se le puso “El Barrio de la Güita”, y fue simplemente porque cuando a principios de los sesenta, la gente se mudaba a aquellas casas unifamiliares de dos plantas, tenían que emplear la “guita” con relativa frecuencia (dada la estrechez de las viviendas), para ver si le entraban la cama o el armario. Fueron tales los comentarios de guasa que trajo “el medir con la cuerda”, que incluso se llegó a decir que los municipales “multaban” sin oían ese comentario despectivo para el barrio.

Se contaba por la Calle Montero, la anécdota que les pasó a los simpáticos pintores de brocha gorda, El Caparrin, El Chicaro y el Mecedora, iban los tres para pintarle la casa a Ángel “El bimbela”. Se trasladaban en el autobús, persuadidos por la “Piquito Plata” de que no podían nombrar al barrio de esa forma. Conforme iban llegando a la calle Jerez, a la parada que llamaban “El Palo”, la “Mecedora”, que llevaba la voz cantante, alzando la voz dijo: “COBRADOR TIRE DE LA GUITA QUE NOS BAJAMOS EN EL BARRIO”, de esta forma sutil, avisó de que se bajaban en el Barrio la Guita”.

De toda la gente que a diario pasaban cerca de aquel lugar Picadero-Muladar, (camino de Cañero), podían apreciar los malos olores y las moscas que había en el ambiente. Al llegar el verano, era imposible prácticamente pasar por allí sin que te diera una bofetada de olores, con su avalancha de moscas. Incluso cuando ibas en el autobús de la Línea –Cañero- Plaza José Antonio, por San Lorenzo, muchas veces, era el propio conductor Julián, el que advertía a los pasajeros para que cerraran las ventanillas. Y es que el picadero-muladar no era para menos, ya que entre otras cosas alli iban a parar todos los perros, los gatos, los gallos y gallinas, que morían de mala manera. Incluso la borra vieja de los colchones que se reponían en las casas. También era frecuente encontrar las cascaras de los caracoles, después de haberselos comido.
Por todo ello, cuando al final del año 1958, decidieron echar abajo el picadero y enrasar el suelo, la gente al ver los primeros puestos que allí se pusieron, les faltó razones para adjudicarle El nombre de la “MOSCA”. No importó que se hiciera un mercado a cubierto y bastante moderno para la época, el nombre de PLAZA DE LA "MOSCA", ya estaba asignado de por vida.

Mientras duraron las obras del edificio de planta triangular que encerraba el mercado, los veinte o treinta puestos que ya había en el llano, se situaron en los alrededores e incluso en la acera del cuartel de Lepanto. (Cuartel que fue rehabilitado después de la guerra). Fue modélica la forma en que cada puesto se reubicó ante las inevitables obras, pasando unos tres años de mucha provisionalidad e incomodidades. Finalmente en Agosto de 1963, el día 20, se cerraba para siempre el Mercado de San Agustín, en lo referente a “puestos en la calle” y se abría el 23, el nuevo Mercado, que en papeles del Ayuntamiento se llamaba “De El Marrubial”, pero que a nivel de la calle todo el mundo llamaba ya como “LA PLAZA DE LA MOSCA”.

TESTIGOS DE “LA MOSCA”

Hubo una serie de establecimientos que fueron testigos en primera línea de esta Plaza de la “Mosca”, tal es el caso de la FARMACIA CACHINERO.

Nada más inaugurarse la Plaza de “la Mosca”, abrió la FARMACIA DE CACHINERO, que al poco tiempo se convirtió en una de las farmacias de más ventas de Córdoba., gracias a la profesionalidad y simpatía de Alfonso, Ubicada en un vértice del edificio triangular que encerraba la “Plaza de la Mosca”, (frente al mosaico del San Rafael), que se encontraba en la esquina de la calle Francisco Arévalo, (Edificio de Materiales de construcción Medina Azahara). Dicha imagen del custodio de Córdoba, la cuidaba con mucho celo, Carmen Gómez “La garrota”. En la misma acera de la calle Poeta Francisco Arévalo, y en una entidad bancaria que abrieron posteriormente, estuvo depositado durante unos días el segundo premio de la loteria de navidad del año 1992, que tocó en los supermercados Deza.

Esta farmacia era propiedad del hijo de Felipe Fernández, que progresó económicamente en casa de su pariente Venancio, (de la calle Almonas). La farmacia además de ser un referente para la zona, era el centro local de análisis clínicos del barrio. También estuvo detrás como “socio capitalista” en bastantes casos dedicados a la construcción. Construyeron pisos con Manolo Requena y con Antonio Mármol por toda la Avenida de Barcelona.

El padre del farmacéutico, murió al ser arrollado por un coche al cruzar por delante del cruce de Lepanto.
Otro testigo silencioso, fue el Colegio para niñas de Doña Antonia Moreno, que se encontraba en la esquina de las casitas de la “Solariega” que propició construir el obispo, D. Adolfo Pérez Muñoz, en el Marrubial. El colegio con sus enormes moredas, estaba enfrente de la entrada de la plaza que da a la “calle del pescado”. La cocinera de ese colegio, era la eficaz “Conchi”, que vivía en la calle San Acisclo, cerca del Horno de San Antonio. Por aquellos tiempo constituía todo un lujo que este colegio tuviera ya comedor.

También testigo atento de la Plaza de “la Mosca”, fue la “Bodeguita los Arbolitos”, propiedad de un Pulgarin, que al estar empleado en las Bodegas de Cruz Conde, (C/ la Bodega), puso aquí un despacho subsidiario de aquellas bodegas. Esta bodega estaba situada en la esquina de la Calle Alvaro Paulo, frente al Bar “Petit Versalles”.

El “Pulgarín”, excelente persona y amigo, se casó de mayor y daba alegría ver pasear a la feliz pareja, por las calles del barrio. Lamentablemente se murió él de repente, y a su feliz esposa, (no tuvieron hijos), dicen por el barrio, que en los juzgados, le quitaron, la bodeguita, la casa y casi todo.

Testigo excepcional de la “Mosca”, fue CASA MODESTA, esta tienda, también vino de San Agustín, en donde progresó de forma importante vendiendo productos del plástico, especialmente flores. En esta linea de comercio fueron pioneros en Córdoba, la familia Winer Maiz, que vivían en el Arroyo de San Rafael, en la misma casa que Alfonso Lupión, el mayorista de pescados que vino de Algeciras. Se instalaron en el local que pillaba toda la esquina del edificio que se levantó en el antiguo SOLAR DE JUANITO. Allí Inocencio Montes Solis y su esposa, (Modesta), supieron engrandecer el negocio.

El “SOLAR DE JUANITO” es como se le llamaba popularmente al solar que hacia esquina con la Avenida la Viñuela y la Avenida de Jesús Rescatado. Había sido adquirido por el dueño del Horno de Jesús Nazareno, que se lo había comprado a D. Antonio Cañero, (El rejoneador), como parte de la finca de la Viñuela, que como todo el mundo sabía era propiedad del torero a caballo. Según nos comentó Diego, el hijo del comprador, la operación de medición del solar, se realizó por el procedimiento de: “HASTA DONDE LLEGUE LA PIEDRA”. A parte de esta curiosa forma de medir, este “SOLAR DE JUANITO” se hizo famoso, porque estando cercado aún por citarones de carbonilla, se jugaba dentro al fútbol casi todos los días. La gente entraba por un orificio que se había realizado, como puerta de entrada.
Poco a poco las paredes se fueron desmoronando y ello permitía a todos los viandantes (que iban y venían para Cañero), poder “presenciar los partidos” que con gran disputa se desarrollaban en el solar todos los días. Por toda autoridad o árbitro, lo único que presidía el partido era un gran pozo ciego de unos veinte metros de profundidad y dos metros de diámetro, que había en todo el centro del solar. Aquello era jugar por afición, con el peligro evidente de poder caerte al pozo.

De esto pueden dar fe mucha gente que jugó allí pero que por citar podemos hacerlo mencionando, a los Hermanos Vera, a José Padillo, a Francisco Trenas, a Francisco Salcedo “El Quirro”, Pepe Claus, Manuel Torres, “El zarra”, José González “El lechón”, Antonio Granados “El largo”, Manolo Estévez “El monasillo”, Francisco Medina “El cabezón”, Antonio Rodríguez “El picaillo”, Francisco Jiménez “El Guapo” Manuel Martínez “El gordito”, Miguel Blancart “El migui”, Enrique Sánchez “El guapo”, etc. etc. Cuando el balón caía al pozo, le tocaba al más pequeño bajar, con una maroma echa de cuerdas, correas, corbatas y todo lo que diera longitud. A mi en razón de mi edad, me tocó bajar al menos una vez. Si nuestra imaginación permitiera imaginarnos a aquel "solar de juanito" como un gran estadio de fútbol, los mejores aplausos serían para Francisco Jiménez Velasco, "El guapo", que demostró en todo momento, amor por el fútbol, y una ilusión por todo lo que se refería a este deporte, que era encomiable. Jugaba al fútbol, sin apenas tener facultades fisicas para ello. Tenía unas gafas con más esparatrapos liados que un accidentado, los cristales eran auténticos culos de vasos, pero a pesar de todo, el jugaba y luchaba, con aquellas alpargatas molineras, que casi siempre "tenían el cañamo parido". Al principio de entrar a jugar en el solar se cayó el balón al pozo, y como nadie quería bajar, él, que aunque no era de los más altos, si era de los mayores en edad, decidió bajar a por el balón, con la ilusión de seguir jugando. Francisco Jiménez Velasco "El Guapo", hubiera dado hasta la vida por jugar en un campo de hierba. Por ello los mejores aplausos para él.

LO QUE FUE DE SAN AGUSTIN

El otro día en la puerta del bar “EL BURRO SOPERO”, en mitad de la Plaza de San Agustín, me comentaba Miguel Escudero Melero, vecino de toda la vida de este barrio: “Al final de los años cincuenta, el Ayuntamiento, decidió quitar los puestos al aire libre, para evitar olores, moscas y otras incomodidades. Todo empezó cuando se llevaron a la Virgen de las Angustias de San Agustín, luego fueron todos los puestos callejeros los que desaparecieron de la plaza”.

“Desde entonces el barrio ya no es ni un asomo de lo que era, da la impresión de que se quitaron los puestos de la calle, para dejarle sitio a los coches que inundan todo el barrio. Con la Plaza, se fue la alegría y el bullicio que animaba al barrio. Ahora solamente coches aparcados, son testigos de mucho silencio. El barrio para no tener no tiene ni lágrimas.

5 comentarios:

Laurentino dijo...

Hace tiempo que intervengo poco en los blogs de nuestra ciudad, por falta de tiempo.

Pero tu interesante entrada me vuelve a suscitar un tema al que llevo años dándole vueltas, y no quiero desaprovechar la ocasión. Y es que en relación a la zona que señalas de la Plaza de la Mosca (más o menos) el plano de Dionisio Casañal refleja una especie de laguna aguas abajo del cruce de los dos arroyos que se cruzaban tras el cuartel (Hormiguita-Camello y Piedras). ¿Tendrá algo que ver esa zona pantanosa o alagunada con el muladar del que hablas? Porque mosquistos tendría que haber a mansalva...

Un saludo.

Manuel Estévez dijo...

Bienvenido Laurentino


Me alegra tu comentario, porque al menos nos aclara que posiblemente esa especie de "laguna" por el derrame de los citados arroyos, servía de ABREVADERO, para los ganados que bajaban por la vereda de la Alcaidía, (campo verde).

Lo de el abrevadero, me lo había confirmado un antiguo trabajador de los "pajeros", que tiene en la actualidad 88 años.

Me agradería Laurentino, que este comentario tuyo, lo leyera el investigador Patricio Hidalgo.


Saludos

Manuel Estévez dijo...

Amigo Lourentino


Perdona por la omisión.

No cabe duda de que al pasar por la zona los mencionados arroyos, e ir por parte de Avda. de Ronda del Marrubial (Avda. Jesús Rescatado), y enlanzar con la La Viñuela, no cabe duda de que estos arroyos, sobre todo en tiempos de sequía, producirían MOSCAS Y MOSQUITOS.

Saludos

Biblioteca Central Córdoba dijo...

Felicitaciones. Este magnífico blog y otros de su estilo son imprescindibles para hacer la historia viva de nuestra ciudad.
Sólo quería hacer un pequeño comentario: la calle junto a la "plaza de la mosca" no está dedicada al poeta Antonio Arévalo sino a su hermano, periodista y también poeta, Francisco Arévalo.
Antonio Arévalo sí que tiene una calle dedicada, pero está en Cañero Nuevo.
Salud y fuerza para continuar con el blog.

Manuel Estévez dijo...

Estimados Biblioteca:



Muchas gracias. Ya hemos corregido oportunamente el nombre del poeta Francisco Arévalo.


Saludos