viernes, 2 de diciembre de 2011

LOS BANCOS


Muchas veces cuando éramos jóvenes suspirábamos por haber sido banqueros, eran nuestros padres, cuando al pedirle algo que no tenían, solían decirnos: “Tú te crees que yo tengo los dineros de un banquero”. Luego cuando se abrieron las perspectivas de encontrar un trabajo, nuestros padres suspiraban porque nos colocaran en un banco, aunque fuera de botones. Para nosotros en aquellos años finales de los cincuenta, el banco más familiar y próximo era el Monte de Piedad y Caja de Ahorros del Sr. Medina, que realizaba sus exámenes de ingreso en los “altos” de un edificio conjunto a la Iglesia de la Compañía. Eran numerosos los opositores, que en la prueba “clásica” de mecanografía, solían llevar máquina propia, lo que suponía una preocupación manifiesta de los que apenas teníamos experiencia mecanográfica. Lo mismo que en la salud, allí las pulsaciones por minuto que tenias en la máquina eran muchas veces decisivas.

El colocarte en una entidad bancaria, era un salto cualitativo en nuestras vidas, simplemente con “estar en una ventanilla”, te salía infinitamente más rentable que cualquier oficio profesional o colocación. Simplemente a nivel de pagas extras, cobraban el doble o el triple que los demás trabajadores.

Todo el mundo que haya leído un poco conocerá las ventajas y privilegios que desde antaño tuvieron los empleados del Banco Nacional San Carlos, (1789), posteriormente el Banco Español de San Fernando, (1832) y ahora el actual Banco de España.

LA GESTIÓN DE LOS BANCOS

Antiguamente los bancos eran gestionados por personas altamente cualificadas y sólo los acontecimientos, guerras, peligros del mar, sublevaciones de las colonias, y las grandes obras que se acometieron (puertos, canales, despeñaperros, malas cosechas por la sequía, etc.), determinó que se originaran, grandes DESCONFIANZAS, que hacían poco menos que la liquidez desapareciera de los mercados y se colapsara toda la economía.

La desconfianza entre los mercados, es la principal causa de las crisis financieras. El poder endeudarse, ha sido siempre una actitud de poderío, de solvencia y era precisamente porque se endeudaban los que de forma natural tenían un patrimonio, bien por su asentada colocación, sus valores inmobiliarios, u otro tipo de bienes. Hoy en cambio se han endeudado tantas personas, con el único aval, del piso, el chalet u otra vivienda que pretendía comprar.

Pero es que esa desconfianza en la deuda y la solvencia, se ha extendido a los gobiernos y a sus propias instituciones, que han venido gastando bastante más de lo que realmente ingresaban. Lógicamente estas desconfianzas son ya de mayor calado, por lo que se ha liado todo el Caos en Europa, en donde todo el mundo recela del que está al lado y enfrente.

Aunque en esta situación se pueden buscar responsabilidades en los políticos, en las instituciones y en los ciudadanos que se han pasado en su forma de endeudarse, no cabe ninguna duda de que la banca en general ha sido LA PRINCIPAL CULPABLE, de que se haya llegado a esta situación.

Efectivamente, los bancos en su afán desmedido de ganar, ganar y ganar, han dado créditos a gobiernos, instituciones y ciudadanos de a pie que no tenían garantizada su solvencia, por ello cuando HA SURGIDO LA DESCONFIANZA, de unos contra otros, la liquidez se ha escondido y como consecuencia de ello la capacidad de acometer grandes inversiones, o simplemente pagos, se ha visto totalmente dificultada, con lo que tanto “ladrillo devuelto” ha sido poco menos que una ruina.

Esta culpa echándosela a la banca, es un acto totalmente justo, pues la banca en general está dirigida por gente que ocupa el sillón sin la preparación adecuada y en muchos casos no llega ni a la mínima. En el caso de algunas Cajas de Ahorro, la cosa es ya de juzgado de guardia, pues entre políticos, sindicales y recomendados de otras instituciones, han convertido los consejos de administración, en gente que no QUIEREN NADA MAS QUE DINERO PARA ELLOS, y por su falta de preparación y ética les trae sin cuidado la marcha global de la institución.

En plena crisis del sector de las Cajas de Ahorro, en donde hay muchas incluso que no han desaparecido porque el gobierno les ha inyectado dinero público, curiosamente a sus jubilados y prejubilados, les han asegurado en la práctica dos “jubilaciones” .Una la que le corresponde por el Estado y otra la que la propia Caja “arruinada” le paga a sus empleados. Es decir que un simple empleado de ventanilla, aún con la empresa arruinada, se prejubilaba con un sueldo prácticamente al doble que cualquier profesional de oficio, ya fuera, fresador, tornero, soldador o trabajador aventajado de la construcción. Eso sin contar las subidas de sueldos que muchos consejeros se han puesto aún estando en ruinas.

Pero los bancos, en su dinámica de acaparar nunca pierden y hoy con el achaque de que ha sido “cosa del ordenador” te descuentan por todo. Un simple certificado que les pida de que no les debes nada por una anterior hipoteca saldada, te pueden cobrar hasta setenta euros por el documento. Y cuando vas a cancelar un préstamo te cobran derechos de cancelación de acuerdo con el criterio del empleado que te toque, y además después de gruñir lo suyo. Pides un extracto del movimiento de tu cuenta a dos meses pasados y ya te cobran un par de euros por la información. Cobran por todo, se reparten el dinero y luego tiene que llegar el gobierno de todos los españoles para inyectarles liquidez a unos intereses irrisorios.

EL GUIJO “El Cerrajero”

Era un hombre muy discreto y callado, pero era una figura en abrir cajas fuertes atascadas, simplemente “oyendo el tic tac”. Era un profesional solicitado por muchas empresas importantes incluso por muchos bancos. No solo atendía trabajos de Córdoba, sino de fuera de Córdoba.

Antonio Guijo, vivía en la calle Muñices, en la “casa de paso” con la calle Abejar. En un principio tuvo un pequeño taller, pero terminó por quitarlo y dedicarse nada más que atender las llamadas que a diario recibía. Tenía un precio tarifado para cada tipo de apertura y que lo podemos cifrar en el siguiente criterio:

Un precio normal, un precio especial y un precio extraordinario. Por los años 1978, cobraba MIL QUINIENTAS, TRES MIL QUINIENTAS, Y EL TERCERO ERA A VALORAR. Casi siempre lo resolvía con el primer criterio, que además del importe en metálico, incluía el que lo tenían que recoger y llevar a su casa en coche.

Antonio López González, el hijo de Concha la jeringuera, nos contó una tarde sentados en el portalón de San Lorenzo, que allá por el año 1948, en la Banca Pedro López, de la calle Carreteras, se planteó un problema de que la Caja, no se podía abrir y el cajero Adalberto López María, (su padre), acudió al Sr. González, jefe de oficina, (padre de Alfonso, el droguero), al que le apodaban en el banco como el “Salomón”, por lo competente que era y porque además era el hombre de confianza de los López de Alvear, dueños del banco.

El Sr. “Salomón”, era un hombre de “tirar de lápiz” y después de hacer muchas probaturas y cábalas, pues en este banco “se cuadraban hasta las comas”, autorizó que se llamara al Guijo, que por aquellos tiempos debía de tener unos 38 años. Como llevaban toda la mañana con la Caja cerrada, se planteó el “abrirla” como una cosa urgente.

En esta ocasión fue el propio cajero Adalberto López, el que se llegó a su casa, pues aún no tenía teléfono para llamarlo. (Esta fue la razón de que lo recogieran siempre de su casa). Llegaron al banco y lo primero que dijo fueron sus honorarios. Estas cifras les parecieron caras a uno de los dueños y desautorizó el trabajo. El Guijo se marchó solamente con 10 pesetas, que le dieron para compensarlo de alguna manera. Lógicamente la caja permaneció toda la mañana cerrada y después de probar con varios “aficionados”, que no lograron abrirla, por la tarde tuvieron que recurrir otra vez a Antonio Guijo. “El Guijo”.

Se presentó de nuevo en el banco de la calle Carreteras y lo primero que le dijo al entrar al López de Alvear, que había allí fue: “Abrir esta caja ahora va a costar DOSCIENTAS PESETAS”., muy a pesar suyo, los banqueros “claudicaron” ante la habilidad de este hombre, que una vez más abrió la caja en 30 segundos.

OTROS "BANQUEROS"

José Cabrera, era un personaje singular que vivía en la calle el Cristo nº 6, y que cuando inauguraron el Banco Hispano de la calle Sevilla, él estaba destinado en una ventanilla de las cinco o seis que había en aquel mostrador. Al jubilarse el conserje que vivía en la calle Manchado, él accedió a dicho cargo que le correspondió por antigüedad.

Pepe Cabrera, era un hombre que siempre iba perfectamente uniformado y en invierno nunca le faltaba su gabardina de etiqueta. El toreaba “en distintas plazas” (tabernas), pero a la que era más asiduo cliente era a la Paz de San Agustín, allí alternaba con Manolo Toro, el Tito “El fotógrafo”, Manolo Trujillo, “El Armillita”, etc. y cuando cerraron dicha taberna, se trasladaron a casa Manolo “El Quinielas”, como clientes casi habituales.

Cabrera, era un enamorado de las cosas de Córdoba y amaba el fútbol y la lírica. Más de una vez y de dos, cuando en los fines de semana se tomaba cuatro o cinco medios, junto al mostrador, le gustaba hacer la ENTRADA DE LOS GAVILANES, y disfrutaba mucho con ello. Pero en las tabernas por aquellos años, (principios de los setenta), se estaba complicando lo de cantar, pues aparecían carteles que decían: SE PROHIBE CANTAR BIEN O MAL, en otras tabernas como en la clásica Casa Miguel de la Manzanara, este cartel decía: PROHIBIDO CANTAR, BAILAR O BLASFEMAR EN NINGUNA DE LAS FORMAS QUE PUDIERAN EXISTIR.

Era un sábado al mediodía y el mostrador de Casa Manolo, estaba bastante concurrido. Unos hablaban del partido que le tocaba al Córdoba jugar el domingo, otros hablaban de la “Gilda” que acababa de pasar para coger su autobús de todos los días y que le llevaba al Barrio de Cañero, en donde tenía su domicilio habitual. Otros como Manolo Vargas (el herrero), tocado con su gorra, cantaba apoyado en el hombro de su amigo “El Cojo Conde”. Ante este ambiente de mostrador y con un par de medios de más, Pepe Cabrera que se encontraba acompañado de Enrique de la Virgen (el electricista), intentaban un dúo lírico que sobresalía en voz y tono por encima de cualquier ruido. Pepe el tabernero, con la diplomacia que le caracterizaba, le dijo a los que cantaban que por favor bajaran el tono. Entonces Pepe Cabrera, que era muy ocurrente, le dijo al tabernero:

“Pepe, tenemos que arrancar con fuerza si queremos romper el cerrojo de la Real Sociedad, que nos visita mañana, esperemos que no tengamos que echar mano de nuestro amigo “El Guijo”, (cerrajero), para abrir dicho cerrojo.

Después de que los ánimos se centraron, y todos los cantaores se callaron, surgió la ocurrencia de Pepe Cabrera, contando una experiencia que pasó en su Banco, con el mencionado “El Guijo”.

“Debía de ser allá por el año 1954, cuando Alfonso Cruz Garrido, encargado de Construcciones San Martín, S.A, no había retirado aún todos los pertrechos de la obra, cuando se inauguró a toda prisa el Banco Hispano Americano. Quizás la precipitación, la excesiva prisa por abrir de cara al público, complicó la apertura de la caja, y éste problema le amargó la mañana a Santiago de Gabriel, que era el apoderado de Caja.

Intentaron por todos los medios abrir aquel “armatoste” e incluso acudió Rafael Calvo, que era mecánico y estaba en la cercana Hostería y ni por esas. Ante esa situación hubo alguien que se acordó de un cerrajero que había en la Calle Muñices, y que montaba su cuartel general en casa de Baltasar Parra.

Lógicamente fueron a por él y a la media hora o cosa así, llegó Antonio “El Guijo”, que portaba una simple cartera por todo maletín de herramientas. Todo el mundo desde que entró en el banco, le siguió atentamente con la mirada. Nada más estar frente a la dichosa Caja, fue como llegar y besar el santo, ya que en menos de unos treinta segundos, la Caja estaba abierta.

Al ver la Caja abierta, Santiago de Gabriel, empezó a sonreír y cogiendo DOSCIENTAS PESETAS, le dijo: “Tenga usted Sr. Cerrajero y muchas gracias”. A lo que el cerrajero retirando la mano de las doscientas pesetas, le dijo: “No Sr. Banquero, mi trabajo vale MIL PESETAS”. El Apoderado de Caja (Santiago de Gabriel), se puso de todos los colores y le dijo: “Pero hombre, si ha tardado usted menos de un minuto en abrirla”. Entonces “El Guijo”, cerrando la puerta de la Caja tal como estaba, le dijo: “Ahora si quiere usted que la abra ya son DOS MIL PESETAS”. Al final los banqueros le pagaron al cerrajero lo que él pedía por su trabajo.

Esta versión contada por el simpático Pepe Cabrera, era conocida ya por Pepe el tabernero, pues no hay que olvidar que el citado Santiago de Gabriel, era consuegro del “Niño Dios”, que era primo de Manuel Rodriguez "Manolete", llegando a ser incluso miembro de su cuadrilla. El "banquero" y el "banderillero" vivían en la Calle Roleas nº 3.



2 comentarios:

ben dijo...

Que buena entrada,ese señor cerraje
ro era desde luego para vigilarlo porque si podía abrir una caja de banco una vez,cobrando,lo podía hacer otra vez sin cobrar.
Saludos.

Manuel Estévez dijo...

Amigo Ben


Gracias por tu comentario, el bueno de Antonio Guijo, fue siempre un gran profesional.

Saludos.